7 de julio de 2020 7/7/20
Por Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

Volver a la Iglesia, no dejar de creer

    No podemos negar que uno de los efectos de la pandemia que estamos sufriendo los creyentes es algo que bien podríamos denominar “daño colateral” aunque, en realidad, puede ser considerado un daño más que directo.

    Esto lo decimos porque cuando empezó todo esto, allá por el mes de marzo, la solución genérica y más que general fue el cerrar los templos católicos. Es decir, a excepción de algunos de ellos todos se cerraron a cal y canto es de suponer que para evitar males mayores cuando, en realidad, pudieron haberse mantenidos abiertos según el propio Decreto del Estado de Alarma.

    Sin embargo, ahora ya nada podemos hacer a tal respecto cuando, además, algunos de los que estaban abiertos y con celebraciones incluidas fueron cerrados por autoridades policiales a las que podemos imputar (siendo generosos y de corazón de carne) un gran desconocimiento real y efectivo del citado Decreto.

    De todas formas, como decimos arriba, ahora nada podemos hacer sobre eso. Sin embargo, no podemos negar que se ha producido un efecto, supongo, no querido por parte de nadie y, sobre todo, por parte de la jerarquía eclesiástica: el abandono de la Santa Misa.

    Esto que aquí escribimos no lo hacemos de oídas ni porque alguien nos haya dado datos en concreto sino porque lo hemos sufrido en el propio espíritu y hablamos con conocimiento de causa.

    Es cierto que, a lo mejor, no es culpa esto de nadie en concreto: ni de los obispos, ni de los sacerdotes ni de los propios fieles. Sin embargo, es posible que se haya producido un cierto alejamiento de la Santa Misa.

    Primero, esto se ha podido producir por la falta de comprensión hacia el cierre de templos desde un principio pudiéndose hacer otra cosa. Y esto, como decimos, puede ser una de las causas del abandono del precepto dominical al que parecían no darle demasiada importancia quienes, por obligación de cargo, deberían habérsela dado. Esto, de todas formas, como fieles, lo podemos perdonar e, incluso, entender, dadas las circunstancias...

    Pero es que, además, se ha podido extender la idea según la cual basta una transmisión televisiva para cumplir con el precepto dominical. Y eso ha podido hacer daño porque, ¿a qué acudir al templo pudiendo hacer eso?

    Sí, es cierto, que no es lo mismo ni puede ser lo mismo y que es mucho mejor estar, presencialmente, en los bancos de una Iglesia católica antes que verlo todo desde la comodidad de un sillón o de una silla casera donde toda distracción está al alcance de la mano…

    Esto lo decimos, es verdad, como cierto mea culpa porque aquí, como decimos arriba, hablamos por experiencia propia que, de todas formas, se va a remediar más que pronto.

    Nosotros, los hijos de Dios que militamos en la Esposa de Cristo, llamada también Iglesia católica, no podemos hacer más de lo que debemos hacer aunque, a veces, resulta más que difícil comulgar con ciertas ruedas de molino con las que nos quieren hacer comulgar.

    Sea, pues, todo perdonado y, por nuestra parte, hagamos borrón y cuenta nueva aunque el borrón haya sido de órdago.

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