17 de julio de 2019 17/7/19
Por Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

La fe también cuenta para votar

Hay quien puede sostener que la fe, en cuanto a creencia personal de cada cual, no debe contar a la hora de poner el voto, o los votos, en la urna.

Debemos decir, desde ahora mismo, que quien piensa eso bien no tiene ni idea de lo que dice o bien quiere manipular a espíritus cómodos, tibios o ambas cosas a la vez.

Esto lo decimos porque, como es sabido por todos (¡Imposible no saberlo!) el próximo domingo, 28 de abril, los españoles, como suele decirse de forma rimbombante y exagerada, seremos llamados a las urnas porque hay que hacer lo propio para elegir a quien presidirá el Gobierno de nuestra patria los próximos cuatro años.

Y bien. ¿Y la fe, en esto, qué juega, qué tiene que decir?

Todo. La fe católica (que es la mayoritaria de los españoles) tiene mucho que decir a la hora de pensar a quien se le va a dar la confianza.

Digamos, para empezar, que aquí no hay voto útil que valga. Es decir, el voto útil es el que cada uno da a quien quiere. Y eso lo decimos porque hay quien, desde la supuesta derecha (digamos el Partido Popular) acude a tal expresión, “voto útil”, para atraer hacia sí a los españoles que quieran votar, por ejemplo, a VOX. Como si los primeros fueran útiles y los segundos… inútiles.

El caso es que, como decimos, el voto es tan útil como cada cual quiera que lo sea. Ahora bien, aquí tiene mucho que decir la fe que decimos tener o profesar.

Sí. Y es que temas como el aborto, la eutanasia, el imposible matrimonio homosexual o, en fin, la ideología de género y todas las demás perversiones del lenguaje, algo tendrán que decirnos a la hora de votar.

Esto lo decimos porque hay personas que, considerándose de derechas, al parecer no entienden que no se puede votar a partidos políticos que apoyen el aborto (toda la izquierda y, no lo olvidemos, el mismos Partido Popular que ha tenido oportunidades más que suficientes para derogar tan indigna, aberrante y sanguinaria ley) o que miren para otro lado cuando se aprueban normas perjudiciales para el ser humano y, en suma, contraria a la sana doctrina católica.

A este respecto, no es cierto ni verdad que haya que conformarse con lo que se apoya en una sociedad pagana como la actual. Es más, debemos manifestar nuestra grave contrariedad contra determinadas políticas contrarias a la familia (el aborto, por ejemplo) y no debemos apoyar, de ninguna de las maneras a quien no se manifieste radicalmente a favor de los llamados “principios innegociables”, de la libertad de las familias para escoger la educación de los hijos o, en fin, a favor de lo que supone creer en Dios Todopoderoso y en su divina Ley que está por encima de la humana y tiene, no olvidemos, unos principios que debemos seguir.

La fe, como vemos, tiene más importancia que la que quieren que tenga, que es ninguna. Y es ninguna porque de aplicar la doctrina católica habría muchos que deberían esconderse para no salir jamás a la calle… por vergüenza. Pero eso, como bien sabemos, no es lo que más abunda hoy día.

Sí, el próximo domingo, 28 de abril, debemos acudir a las urnas. Y sí, debemos acudir para que este mundo caído salga de la fosa de la que tanto habla el salmista y de rija por principios verdaderamente cristianos y, en concreto, católicos.

Y sí, habrá, a lo mejor quien, desde la jerarquía eclesiástica quiera guardar una equidistancia grande con la política. Lo que pasa es que eso es hacerse el sordo y el ciego porque la política no vive en un mundo y los católicos en otro. No. ¡Vivimos en el mismo mundo!

Vale la pena, en casos tan particulares como éste, saber a qué atenernos y saber, sobre todo, a quién, nunca, debemos apoyar… por cómplices de la izquierda malsana y maligna.