10 de diciembre de 2019 10/12/19
Por Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

María, la que espera

    En aquel tiempo primero,
    Adviento de la humanidad que espera
    una joven, casi niña,
    dijo sí a Dios verdadero.

    Gabriel, el enviado,
    inquirió, había preguntado
    si quería ser la Madre
    del Dios bueno y esperado.

    Había dicho sí,
    esclava del Señor se proclama
    y gracias a su corazón
    toda la humanidad se salva.

    María, la que espera la llegada
    de su hijo, en aquel tiempo
    de Adviento,
    todo su embarazo tuvo que serlo
    pues esperó, anhelante,
    la venida del Primero.

    María, Virgen e Inmaculada María,
    dijiste sí quiero, sí espero, sí sueño.

    María, aquella joven judía
    que en su corazón guardara
    cada palabra del Ángel,
    cada verdad, cada te espero.

    En aquel tiempo de Adviento,
    primero de los que vinieron,
    fue María una Madre, así,
    en mayúscula hay que ponerlo
    porque fue de Dios, queriendo,
    su santo y divino seno.

    María, gracias a tu espera
    nosotros podemos verlo,
    saber que al decir que sí
    a Dios, tu Padre y el nuestro,
    fuiste la llama de puro fuego
    que limpia lo que hay de malo
    en lo nuestro.

    María, tú que esperabas al Hijo,
    de Dios, al nuestro,
    queremos que seas, también en el Cielo,
    refugio, amparo, luz, camino, tiempo.

    Esperaste, con el corazón abierto,
    la venida del Salvador, del tuyo
    y del nuestro, y quisiste que fuera su nombre
    el que Dios le había puesto.

    María, gracias decimos de nuevo
    por ser especial el Adviento
    que tuviste llevando al Cristo
    en tu seno, que es su Templo.

    Amén, decimos, siendo cierto.

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    María, la que espera
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