22 de julio de 2019 22/7/19
Por Eleuterio Fernández Guzmán
Piedras vivas - RSS

María, la que espera

En aquel tiempo primero,
Adviento de la humanidad que espera
una joven, casi niña,
dijo sí a Dios verdadero.

Gabriel, el enviado,
inquirió, había preguntado
si quería ser la Madre
del Dios bueno y esperado.

Había dicho sí,
esclava del Señor se proclama
y gracias a su corazón
toda la humanidad se salva.

María, la que espera la llegada
de su hijo, en aquel tiempo
de Adviento,
todo su embarazo tuvo que serlo
pues esperó, anhelante,
la venida del Primero.

María, Virgen e Inmaculada María,
dijiste sí quiero, sí espero, sí sueño.

María, aquella joven judía
que en su corazón guardara
cada palabra del Ángel,
cada verdad, cada te espero.

En aquel tiempo de Adviento,
primero de los que vinieron,
fue María una Madre, así,
en mayúscula hay que ponerlo
porque fue de Dios, queriendo,
su santo y divino seno.

María, gracias a tu espera
nosotros podemos verlo,
saber que al decir que sí
a Dios, tu Padre y el nuestro,
fuiste la llama de puro fuego
que limpia lo que hay de malo
en lo nuestro.

María, tú que esperabas al Hijo,
de Dios, al nuestro,
queremos que seas, también en el Cielo,
refugio, amparo, luz, camino, tiempo.

Esperaste, con el corazón abierto,
la venida del Salvador, del tuyo
y del nuestro, y quisiste que fuera su nombre
el que Dios le había puesto.

María, gracias decimos de nuevo
por ser especial el Adviento
que tuviste llevando al Cristo
en tu seno, que es su Templo.

Amén, decimos, siendo cierto.