16 de julio de 2019 16/7/19
Por Eleuterio Fernández Guzmán
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Ya, aquí, un nuevo Adviento

Espiritualmente hablando, hay tiempos litúrgicos que son muy especiales. Y uno de ellos es, como es lógico, el que pronto va a dar comienzo (el próximo 2 de diciembre, domingo, con el primero de los cuatro que lo conforman): el Adviento.

Adviento supone que, de nuevo (gozosamente de nuevo) va a nacer el Hijo de Dios y que lo va a hacer en un lugar muy pobre, propio de un Rey que no es de este mundo sino que trae la Luz (Él lo es) del mundo en el que reina para siempre, siempre, siempre.

Adviento supone que todo lo que, de malo, estemos llevando a cabo, lo cambiemos por lo bueno. Y es que el Niño no puede querer que sus hermanos los hombres lo reciban con el corazón sucio, con el alma manchada.

Adviento supone, también, que hay una Madre que también espera. Y es que María, aquella joven que dijo sí al Ángel Gabriel con mucho miedo y más fe y confianza en Dios, también esperaba en aquel primer tiempo de Quien viene, del Adviento.

Adviento es, por decirlo así, un tiempo de preparación. Y es que, sabiendo que viene Dios a hacerse hombre y a procurar nuestra salvación (que, no olvidemos, ha de ser querida por cada uno de nosotros) nosotros debemos querer presentarnos, también, en aquel santísimo pesebre para ofrecerle al Niño-Dios lo mejor que tenemos y lo mejor que somos. Y eso requiere meditación y requiere, también, cambio.

El Adviento, claro está,

Es Luz que viene,
esperanza que se hace carne,
vida eterna que se nos abre.

Adviento es Camino
y Verdad; Adviento es Vida
que trae la criatura entonces nacida.

Adviento es paso a paso,
dado por sus hermanos nosotros,
queriendo llegar a Belén
a adorar al bien amado.

Adviento no es nada
que no sea bien, gozo, anhelo
o lo mejor que sepamos ser
para a Él ofrecerlo.

Adviento que nos da Dios
porque ama a su semejanza
y así debemos quererlo
y que venga sin tardanza.

Adviento es, en fin,
por decirlo y que sencillo sea,
oportunidad de cambiar
a como de nosotros Dios quiera.

Adviento, gracias le damos al Padre,
por un tiempo regalado
y por María, su Madre.

Adviento, ahora, que empieza,
es buena oportunidad
para sentar la cabeza
y dejarse de mundanos lugares
sin respuesta.

Adviento, gracias de nuevo te damos,
Cristo, Padre, Enviado, hermano,
por querer, con tu venida,
venir así a salvarnos.

Amén, porque es de nacidos bien
querer que nazca el Niño
otra santa y buena vez.