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Por María José Navarro
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A vueltas con los ODS

    La Declaración de Derechos Humanos fue creada por la ONU (Organización de las Naciones Unidas) en 1948, para intentar paliar las grandes desigualdades sociales que surgen tras la Segunda Guerra Mundial. Esta Declaración solo supone un compromiso para los Estados por lo que poco después se constata que no hay un índice de cumplimento satisfactorio. También la UNESCO (Organización De las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) plantea que debe garantizarse una educación de calidad que ayude a superar la brecha social  existente, aunque no es hasta 1990, en que se reúnen los países pertenecientes a la UNESCO en Jomtiem (Tailandia) y aprueban la Agenda de Educación Para Todos (EPT) en la que se propone 6 objetivos concretos sobre educación.

    Años más tarde, es el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) quien, tras un minucioso estudio de las diferentes realidades de  América Latina, Asia, África, Europa del Este, América del Norte y Europa, propone en la reunión de Dakar del 2000, la Agenda de los ODM (Objetivos de Desarrollo del Milenio). Esta Agenda contiene 8 objetivos que buscan erradicar las diferentes situaciones de pobreza y desigualdad que se manifiestan en las regiones citadas anteriormente.

    Así llegamos al año 2015, en que los ODM son revisados y se vuelve a fijar la nueva agenda de cara a 2030 denominada ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), ya que sus metas y objetivos no se han alcanzado y las problemáticas existentes, en muchos casos, han empeorado y cambiado su forma debido a las desigualdades socioeconómicas emergentes. Esta nueva Agenda consta de 17 objetivos y 169 metas, en cada una de ellas se incide en cuanto a la igualdad de género, la equidad y la sostenibilidad.

    ¿Y por qué os cuento esto? Pues porque el fin de semana pasado celebramos en la CAVECOVA un encuentro para hablar de la Agenda 2030, y me quedé con la amarga sensación, que, a pesar de los años transcurridos desde aquella Declaración de los Derechos Humanos,  seguimos a vueltas con ellos y las diferentes Agendas en las que se fijan objetivos necesarios para evitar las desigualdades planetarias que se siguen produciendo, pero que siguen sin ser efectivas, por varios motivos, pero uno principal: para poder llegar a la equidad, hacen falta cambios drásticos en el modelo económico y social.

    No se puede pretender que unas cuantas personas poderosas acumulen casi la totalidad de la riqueza de todo el planeta, mientras otras mueren de inanición. No es posible que en el siglo XXI sigamos viendo, impasibles, como se nos mueren los niños y niñas de países desfavorecidos por no tener vacunas contra enfermedades que, en el primer mundo tan solo son un lejano recuerdo. No es de recibo que sigamos alzando muros espinados para luchar contra las migraciones de personas, cuando huyen de situaciones que se han creado, precisamente, por la necedad de los países con mayores recursos.

    Es cierto que a nivel estatal, se puede decir que el gobierno de coalición va aplicando políticas cuyo objetivo es proteger a las personas con situaciones de mayor vulnerabilidad, pero siguen siendo pinceladas tímidas, aunque para los partidos de derecha sean poco menos que acciones demoníacas que van a acabar con la estabilidad del país, (no sé la estabilidad de quién es la que ven peligrar… o sí…) También se han implementado medidas a nivel autonómico y se han incrementado algunas partidas presupuestarias para luchar contra las desigualdades sociales… desigualdades, que con esta pandemia que nos azota van a crecer drásticamente, por lo que va a ser preciso ampliar esas ayudas, los ERTE, el IMV, las ayudas a autónomos… y empezar a pensar en la creación de empleo sostenible.

    Pero a mí me parece que si no conseguimos que la población conozca y entienda qué son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (al igual que ya se entienden y se reclaman los Derechos Humanos), los asuma como propios y los defienda y exija su cumplimiento a nivel tanto local como global, no vamos a conseguir alcanzar esos objetivos utópicos, y, dentro de una década, volveremos a renombrarlos y hablaremos de la Agenda 2050 o la Agenda del centenario, vaya usted a saber…

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