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Por María José Navarro
Picos Pardos - RSS

Sordera, ceguera, falta de sensibilidad… el Covid y sus consecuencias

    No, no estoy hablando de los efectos secundarios del puto virus, que ya sabemos que a las personas afectadas las deja, en algunos casos con graves secuelas que deberán soportar el resto de sus vidas.

    Estoy hablando de cómo nos está afectando esta pandemia al resto de las mortales dejándonos con graves afecciones del sistema auditivo, visual y sensorial… Es cierto que los medios de comunicación solo emiten ruidos en diferentes frecuencias y es complicado escuchar lo que se esconde detrás, pero que sigue estando ahí: las noticias de personas. Personas que salen de sus países jugándose la vida y la de sus hijos e hijas, en barquichuelos enclenques, que acaban naufragando en nuestros mares y los equipos de rescate solo pueden recoger cadáveres infantiles, mientras las madres rotas por el dolor, gritan desesperadas; son esas mismos mares que bañan nuestras costas y que nos dan tanta paz cuando nosotras, las privilegiadas, las que aún tenemos un techo en el que refugiarnos, las que en nuestro país todavía existen servicios básicos que nos cuidan y protegen, las que tenemos todavía unas leyes que velan por mantener unos derechos esenciales para las personas, podemos gozar en verano, tostándonos al sol y dejándonos acariciar por ellas.

    Hablo de esos campos de refugiados donde las condiciones de habitabilidad son inhumanas, como los campos del Sáhara, en los que además de convivir con el covid sin los recursos mínimos, ahora se enfrentan a un posible estado de guerra (si la comunidad internacional no lo impide), tras romperse el acuerdo de alto el fuego firmado con Marruecos en 1991.

    Me refiero a como no nos estamos enterando de lo que está aconteciendo en la Unión Europea, al pasar de puntillas por algunas noticias alarmantes, como la iniciativa de Hungría de abordar una reforma constitucional, con la excusa de mejorar algunos aspectos de la misma para adecuarla a las necesidades de la pandemia, y la ciudadanía húngara se desayuna con un recorte de derechos de las personas LGTBI, vetando las adopciones a parejas del mismo sexo, pues según dice el nuevo texto “la madre es mujer y el padre es varón”, y en el que también se “garantiza el desarrollo del bebé de acuerdo a su género al nacer”… o cómo en Polonia se está cocinando una reforma legislativa que prácticamente prohíbe el aborto, además de estar utilizando un exceso de fuerza policial para reprimir las manifestaciones pacíficas de las mujeres, utilizando gas pimienta contra las manifestantes y contabilizando decenas de detenciones, simplemente por ejercer su derecho a la protesta.

    Estoy diciendo que en estos momentos, en los que la pandemia se ceba con las personas con mayor vulnerabilidad, esas que están cerca y aquellas que viven en la distancia, debemos prestar mucha atención y agudizar el oído, la vista, la sensibilidad, para que no nos pasen desapercibidas y podamos responder a su llamada… Es el momento de compartir, de apoyar, de denunciar los abusos, para que cuando salgamos de esta situación, podamos retomar nuestras vidas y no tengamos que lamentar, además de las pérdidas en vidas humanas y las crisis socioeconómicas que van a acompañarnos durante mucho tiempo aún, la tristeza de no haber hecho nada para defender los derechos y libertades propios y ajenos.

    “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
    guardé silencio, porque yo no era comunista.
    Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
    guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata
    Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
    no protesté, porque yo no era sindicalista,
    Cuando vinieron a buscar a los judíos,
    no pronuncié palabra, porque yo no era judío,
    Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí,
    no había nadie más que pudiera protestar.”

    Martin Niemöller (1892-1984)

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