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Por María José Navarro
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Donde esté un brócoli al punto...

    Tal vez, la manera que ha tenido el ministro Garzón de presentar su propuesta de debate sobre el consumo de carne y la necesidad de reducir dicha ingesta, así como el cambio de paradigma en la producción cárnica, no haya sido, ni en el tiempo ni en la forma, de lo más afortunado. Cuando lo vi, lo primero que pensé (a pesar de estar totalmente de acuerdo con lo que estaba diciendo) es que podría ser una estrategia de su grupo político para ponerlo a los pies de los caballos para desgastar y desprestigiar su imagen, que todo podría ser… porque me imaginaba lo que venía después, y, lamentablemente, no me equivoqué.

    Me declaro vegetariana y una persona concienciada y preocupada por la evolución de la destrucción de nuestro planeta, por lo que cuando escuché a Alberto Garzón me sentí emocionada por encontrar, por fin, un político valiente que se atrevía a plantear aquello con lo que me siento tan identificada.

    La repercusión que está teniendo su campaña, me parece increíble: cuando en la sexta la presentaron como poco menos que una imposición y una prohibición a comer carne, entré en colapso (y esto en una cadena “progre”, así que en las otras imagino que al pobre Garzón lo deben están quemando en la hoguera). Pero claro, estos periodistas del tres al cuarto, que lo único que buscan es la polémica a toda costa, no podían desperdiciar la oportunidad fácil que les brindaba el ministro de Consumo y la están aprovechando, vaya que sí.

    Sin embargo, y aún teniendo muy clara la catadura moral de los políticos que tenemos en este país, me quedé de pasta de boniato cuando ante la pregunta capciosa que le hizo un periodista al presidente del Gobierno, que andaba de visita en Lituania y que, desde luego, nada tenía que ver con lo que allí se cocía, éste respondió algo sobre un chuletón al punto, que fue la guinda que le faltaba a su ministro para que el resto de “socios de gobierno” se unieran a los despropósitos sobre el temita de la carne que consumimos y la industria que la produce.

    Pues miren, sí. Este tema, como otros muchos, va a ser preciso abordarlo de una manera seria, igual que se hizo con el tabaco, por ejemplo, y que ahora nadie duda de lo perjudicial que resulta su consumo, ni a nadie se le ocurre encenderse un cigarrillo en un lugar público, cuando hace tan solo 15 años las personas fumadoras (y hasta las no fumadoras) se echaban las manos a la cabeza pensando en la prohibición que se avecinaba.

    Lo de la carne va a tener que pasar por un proceso similar y explicar a la ciudadanía que podemos y debemos introducir otros alimentos no cárnicos en nuestra dieta, por nuestra salud y por la salud del planeta, consumiendo productos en los que no exista el maltrato animal, productos de proximidad, para evitar los desplazamientos innecesarios y la contaminación añadida que conlleva, productos que, en definitiva, sean medioambientalmente sostenibles y socialmente saludables.

    A mí no me parece tan descabellado, pero claro, es que donde esté un brócoli al punto… eso sí que es imbatible.

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