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Por María José Navarro
Picos Pardos - RSS

Como hemos cambiado, qué lejos ha quedado aquella amistad...

    No me pregunten por qué, pero me he levantado canturreando aquella canción de Presuntos Implicados “Cómo hemos cambiado” y no hay manera de sacarla de mi cabeza, así que he pensado que sería buena idea analizarla y hacer una valoración de los cambios que sobre nosotras y nuestra forma de vivir ha producido la pandemia, con los miedos, las restricciones y las precauciones que nos obliga a tomar…  

    En los primeros días durísimos de marzo y el confinamiento absoluto, recuerdo que los grupos de WhatsApp echaban humo y todo era incertidumbre y tristeza por las cifras de contagios y muertes. Chascarrillos, noticias falsas, chistes, videos de gente echándole imaginación al aburrimiento y muchos arcoíris de ánimo. Personalmente, como no soy de reenvíos ni cadenas, decidí utilizar el perfil temporal para comunicarme con el exterior, muy a menudo con viñetas de esa filósofa y visionaria que es Mafalda, que me ayudan a saludar al mundo, y hasta a reconciliarme con él cada día.

    Pero con el paso de los larguísimos meses pandémicos, los grupos de amistades, que antaño servían para quedar a tomar un café, ir al teatro o de manifestación, proyectar salidas y viajes, han ido perdiendo actividad, y los míos están tan aletargados que algunas veces me asomo para preguntar al resto de personas si están bien, si ha habido algún cambio en sus vidas…

    Pregunta absurda, porque evidentemente, nuestras vidas han cambiado, y mucho… Todas estamos sumidas en nuestras propias realidades, diferentes, complejas; pedaleando con fuerza, algunas; otras, simplemente manteniendo el equilibrio para no caer… No tenemos tiempo o energía para hablarnos, más que de vez en cuando un “Cómo seguís” “Espero que estéis bien”, pero sabiendo que estamos, que seguimos teniéndonos, sin compartir los buenos ratos de antes, ni risas, ni abrazos… Pero seguimos…

    Aunque fruto de esta situación también han surgido nuevas amistades virtuales y algunas personas cercanas han acabado enganchándose a las redes sociales para mantener contacto, aunque sea en la distancia.

    Desde luego, la pandemia ha cambiado nuestras vidas, aunque no parece que vaya a acabar con la gilipollez humana (de la que cada día tenemos testimonios), tal vez sí que nos ayude a replantearnos algunas cosas y luego seamos capaces de disfrutar más de aquel abrazo, de ese atardecer en la playa, de esa larga tarde con una cerveza compartida con las amistades añoradas…

    Esas amistades que no están descuidadas, ni abandonadas, como dice la canción, sino que están a la espera que el destino (o las vacunas, si las farmacéuticas lo permiten) nos vuelva a reunir.

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