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Por María José Navarro
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Con los menores no se juega

    ¿Quién no ha jugado nunca a un bingo? ¿O ha echado su quiniela semanal? ¿O se ha apostado algo con los amigos o amigas? Son prácticas habituales a las que les concedemos poca importancia, pues nos parecen muy poco peligrosas, y, además, las tenemos asimiladas como fórmulas de socialización. Algo parecido a lo que nos pasa con el alcohol, ya que en nuestras mesas suele haber vino o cerveza para acompañar nuestros aperitivos o comidas, aunque nos echamos las manos a la cabeza cuando nos enteramos de algún adolescente que ha acabado en las urgencias de un hospital con un coma etílico…

    Son esas cosas de esta sociedad en la que vivimos, en la que se normalizan algunas cuestiones, como el juego o el alcohol, o incluso el tabaco, sin pensar en las repercusiones que un consumo excesivo puede producir, sobre todo cuando una parte de los consumidores son jóvenes con muy pocos años, que pueden acceder con gran facilidad a estos productos, a pesar de estar prohibida su venta a menores de edad.

    Solo un ejemplo: desde que en 2011 se legalizó el juego on line, el gasto en las apuestas se ha multiplicado por cinco, pasando de 1.380 a 7.538 millones de euros los que se dejan los usuarios de estos juegos, que en muchos casos son chicos y chicas menores de 18 años. En una encuesta realizada a 807 estudiantes por la Facultad de Psicología de la Universidad de València, el 62% de los jóvenes con menos de 18 años, reconoció haber jugado apostando dinero en los últimos meses, y al 37’7% el juego le causa problemas. Cifras excesivamente altas y preocupantes que nos indican que las administraciones públicas deben hacer algo para evitar esta creciente ludopatía, que se extiende como una mancha de aceite y que afecta ya a demasiados jóvenes en nuestro país, con los efectos negativos que ello acarrea de dependencia psicológica, pérdida de control y los deterioros en las relaciones sociales a causa del juego.

    ¿Cómo? Pues, desde luego, regulando el acceso a estos portales de Internet para que los menores de edad lo tengan más complicado, evitando que las casas de apuestas estén en las inmediaciones de centros escolares y penalizando a las que permitan la entrada a niños, niñas o adolescentes, pero también es imprescindible que se acabe con la publicidad de las apuestas en los medios de comunicación, en cualquier horario y por personajes afines a los jóvenes, lo que les incita a probar esto que su futbolista admirado les está proponiendo y que, además, les puede reportar un beneficio económico… Ante esto, ¿quién se puede negar? El problema es que después tendrán la necesidad de volverlo a hacer, y comenzarán las mentiras, los pequeños hurtos de calderilla, el absentismo escolar, y más mentiras, y más necesidad de dinero... sin darse ni cuenta, pero sin ser capaces de salir de la espiral…

    Existen buenas iniciativas como la del Ayuntamiento de València que, en colaboración con la Facultad de Psicología, acaba de poner en marcha un proyecto llamado “Ludens”, que se dedicará a sensibilizar a los y las jóvenes para prevenir las adicciones a los juegos de azar, pero está claro que esto ha de venir reforzado por otras medidas que castiguen a quienes consientan o provoquen la ludopatía en jóvenes, porque con los menores no se juega.

     

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    comentario 1 comentario
    Marietika
    Marietika
    06/02/2019 08:02
    Ludens

    Me parece excelente la iniciativa del Ayto de Valencia, pero no debemos olvidar que ser madres y padres supone una responsabilidad que va más allá del sustento y la afectividad. Cada vez le dedicamos menos tiempo a nuestros hijos e hijas, y el poco tiempo que les dedicamos es, en general, para inculcarles valores de orden, comportamiento y obligaciones (hacer la cama o los deberes, recoger su cuarto o la mesa...) Tenemos poco tiempo sea conversaciones tan importantes como el consumo de alcohol o drogas, leo peligro de los juegos de azar, o las relaciones afectivo sexuales y las sexuales (que no son lo mismo) Creemos que son cosas que pueden esperar a mejor ocasión y se nos van quedando en tareas pendientes. Creo que deberíamos reorganizar nuestras prioridades como madres y padres y no dejar para mañana las cosas que pueden poner en peligro a nuestras hijas e hijos hoy.

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