23 de julio de 2019 23/7/19

Y tú... ¿de quién eres?

Hace unos años, durante una de mis colaboraciones con el programa de radio local Ya estamos todos, un oyente poco conforme con mis opiniones entró por teléfono con un seco y ese que habla... ¿quién es?

Se trata de una pregunta con una importante dosis de veneno, sacada del mismo pozo de bilis y mala leche que expresiones como usted no sabe con quién está hablando, y que, con gran concreción, otorga un poder especial a cada cual, no por sus razones, no por sus argumentos, sino simplemente por sus credenciales, generalmente relacionadas con su dinero, su influencia o algún apellido contundente.

Quizá esa pregunta tan directa, ese y tú... ¿de quién eres? que sirvió de inspiración a la conocida canción, tenga su razón de ser en la memoria colectiva de todos, precisamente por proceder de tan antiguo, de un tiempo en el que la familia, la casta y el nombre del padre aún decían más para los que nos rodeaban que nuestros méritos personales.

Así que, al final, cuando he tenido oportunidad de compartir mi opinión con desconocidos, he tomado la costumbre de presentarme pues, más allá de la simple cortesía, me animo a cumplir con el cuarto mandamiento, y honrar a mi padre y a mi madre lo mejor que puedo.

Me llamo José Vilaseca, y soy uno de los miembros de la gloriosa generación de Mazinguer Z, nacido en un momento en el que en España ya no se pasaba hambre, y nadie sufría aún por no tener un móvil de última generación. Me criaron en el convencimiento de que el honor y la palabra tenían un sentido importante en la vida, lo que ha significado llevarme muchas decepciones en mis taytantos años de existencia.

En una pared de mi casa hay un diploma que pone que soy maestro, aunque creo que más bien soy aprendiz de mucho... y maestro de nada. En breve, finalizaré mis estudios de Pedagogía, y colgaré un nuevo diploma junto al anterior... lo que no significará más que soy doblemente ignorante.

Puedo admitir, con cierto orgullo, que he cumplido la máxima para una vida plena: He plantado un árbol, he tenido un hijo (en realidad, dos), y he escrito un libro... uno, detrás de otro. Porque, entre ustedes y yo, lo que me apasiona es escribir. Y si consigo que alguien lo lea, pues ya es el acabose. Si alguien tiene unas monedas sueltas, y ganas de apostar a caballo desconocido, pueden buscar Padre Muerte o Sidi: Mi señor en su librería de confianza.

Pero, como no soy Don Francisco Umbral, en paz descanse, ni pretendo dar un puñetazo en la mesa y asegurar que aquí se habla de mi libro, o me voy, solo espero que, en confianza, podamos compartir algunas reflexiones juntos acerca de lo mucho que nos queda por vivir en este valle de lágrimas. Para todo lo demás, pónganme a los pies de sus señoras, y recuerdos a sus señores.

 3 comentarios
Manuel Guisande
Manuel Guisande
08/11/2013 08:11
Bienvenido

Pues como colega tuyo de columna de artículos, darte la bienvenida y que disfrutes escribiendo, Un saludo y ánimo