13 de diciembre de 2019 13/12/19
Por Eleuterio Fernández
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Una vacaciones verdaderamente cristianas

    Amables lectores de Burriana, Vila-real y Les Alqueries, valga esto como idea, como suposición, como propuesta. Que cada cual aprovecha lo que pueda, sepa o entienda.

    En pocos días, quizá para algunos en unas semanas, o ya, vamos a disfrutar de unas vacaciones que serán, según cada cual, más o menos merecidas y que, desde luego, pueden ser aprovechadas tanto para olvidar lo que somos o, al contrario, para fomentar, en nosotros, la parte que, en verdad, tenemos de hijos de Dios. Hacer de éstas unas vacaciones por las que pasar estando liberados del mundo que nos llama, seguramente, las más de las veces, a olvidar nuestra fe.

    En estos casos, quizá sea conveniente acudir a una serie de posibilidades para que nuestro verano sea, verdaderamente, cristiano y que aunque parezca que también podemos dejar, un poco, de lado, nuestra realidad de hijos de Dios, podamos darnos cuenta de en cuántas cosas está nuestro Padre y nuestro Creador.

    Así, por ejemplo, estos son un, a modo, de posibles consejos a seguir para practicar, en nuestras vacaciones (e incluso quien no pueda tenerlas en el lugar donde viva) el hecho de sentirnos cristianos:

    1.-Podemos considerar las vacaciones como un don que Dios nos da y, por eso, hemos de hacer rendir los talentos que tenemos; no dejarlos dormir porque, precisamente, en ese tiempo tenemos, digamos, más “tiempo” (valga la redundancia) para aprovechar eso que Dios nos regala con su misericordia.

    2.-Podemos aprovechar nuestro tiempo para llevar a cabo algún tipo de labor humanitaria: ayudar a quien lo necesita ahora mismo, ahora que ya no tenemos excusa para no hacerlo.

    3.-Podemos hacer de este tiempo vacacional un tiempo de oración. Ahora podemos aprovechar para incrementar esta especial relación con Dios y llevar a la práctica aquello que durante el resto del año, por los quehaceres que nos ocupan, no podemos cumplir (oración contemplativa, oración de petición, Santo Rosario, etc)

    4.-Podemos, en la medida de nuestras reales posibilidades, aprovechar el silencio que nos puede proporcionar el lugar donde estemos para meditar el Evangelio, tratar de conocer, mejor, lo que nos dice Dios a través de Su Palabra, huir del mundanal ruido (nunca mejor dicho) para adentrarnos, como si fuéramos un personaje más, en la narración por la que tantas veces pasamos muy por encima.

    5.-Podemos y, aquí, debemos, hacer de este periodo vacacional, un tiempo de reencuentro familiar. Es conocido por todos que los ajetreados días del resto del año no hacen posible, muchas veces, una relación fluida con algunos miembros de nuestra familia. Ahora podemos, por ejemplo, practicar deportes con nuestros hijos, acompañarlos en sus juegos, pasear con ellos y con nuestra esposa (o esposo), etc. Todo ello ha de fomentar, en nosotros, una mayor cercanía real con nuestra familia.

    6.-Podemos vivir nuestra condición de cristianos como corresponde, es decir, no avergonzándonos de serlo ante el mundo que, quizá, se manifieste, en vacación, de una forma, digamos, más desenvuelta y eso no debería hacernos seguir la corriente sino, como ha de pasar casi siempre con un discípulo de Cristo, saber que estamos en este mundo pero no somos de él y no nos dejamos llevar por él.

    Y siendo el número 7 un número bíblico que determina la perfección, acabemos, esta relación, con lo que, sobre todo lo dicho, puede ser mejor:

    7.-Debemos recordar, más que nada, que este tiempo lo es de Gracia de Dios y, por eso, desaprovecharlo, en el actuar contrario a lo dicho antes, es hacer de menos esa voluntad amorosa del Padre.
    Quizá sería importante, por aplicar todo lo dicho aquí, que acabáramos con una oración que nos ha de ayudar, en todo lo que pueda, a pasar unas vacaciones verdaderamente cristianas.

    Señor Jesús, tú dijiste a tus discípulos
    "venid conmigo a un lugar apartado y descansad un poco",
    te pedimos por nuestras vacaciones.
    El afán de cada día multiplica nuestra vida
    de quehaceres, urgencias, agobios, prisas e impaciencias.
    Necesitamos el reposo y sosiego.
    Necesitamos la paz y el diálogo.
    Necesitamos el encuentro y la ternura.
    Necesitamos la oxigenación del cuerpo y del alma.
    Necesitamos descansar. Necesitamos las vacaciones.
    Bendice, Señor, nuestras vacaciones.
    Haz que sean tiempo fecundo para la vida de familia,
    para el encuentro con nosotros mismos y con los demás,
    para la brisa suave de la amistad y del diálogo,
    para el ejercicio físico que siempre rejuvenece,
    para la lectura que siempre enriquece
    para las visitas culturales que siempre abren horizontes,
    para la fiesta auténtica que llena el corazón del hombre.
    Haz que nuestras vacaciones de verano sean tiempo santo
    para nuestra búsqueda constante de Ti,
    para el reencuentro con nuestras raíces cristianas,
    para los espacios de oración y reflexión,
    para compartir la fe y el testimonio,
    para la práctica de tu Ley y la de tu Iglesia,
    para la escucha de tu Palabra,
    para participar en la mesa de tu eucaristía.
    Tú vienes siempre a nosotros.
    Tú siempre te haces el encontradizo.
    Tus caminos buscan siempre los nuestros.
    Haz que en las vacaciones de verano,
    sepamos remar mar adentro y te encontremos a Ti,
    el Pescador, el Pastor, el Salvador, el Hermano, el Amigo,
    y encontremos a nuestros hermanos.
    Juntos realizaremos la gran travesía de nuestras vidas.
    En tu nombre, Señor,
    también en vacaciones,
    quiero estar dispuesto a remar mar adentro.
    Ayúdame. Te necesito, también en vacaciones.
    AMÉN.
    Ésta ha sido extraída de la página web de la Conferencia Episcopal Española (www.conferenciaepiscopal.es) y con toda seguridad es un acierto, una cierta Gracia, un cierto don de Dios.
    Felices las vacaciones que, en Dios, siempre lo son.

     

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