22 de octubre de 2019 22/10/19
Por Eleuterio Fernández
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Tradiciones alejadas, mucho, de la política

    A raíz de un comentario a una noticia publicada el pasado 23 de febrero no he podido, por menos, que clarificar algunas cosas en relación a lo religioso y a la política porque, en verdad, hay muchas personas que confunden, con una facilidad preocupante, una cosa con la otra.

      

    Sobre la noticia publicada sobre la continuación de la tradición según la cual los burrianenses visitan la ermita del Ecce-Homo todos los viernes del año y, con predilección, los que son de la Cuaresma. Allí, don Antonio Losas, reverendo encargado de la misma (así como de la Iglesia del Puerto de Burriana) habilita lo necesario para que los creyentes visiten tan importante espacio espiritual de nuestro pueblo.

    Como muy cuenta Guillem Ríos en la noticia arriba citada, fue un trabajador del campo el que, en 1787, encontró una imagen del Ecce-Homo. Siete años después se bendijo la ermita que se construyó a raíz de tal descubrimiento.

    No se ve, hasta aquí, nada relacionado con la política sino, al contrario, muy relacionado con el pueblo. Lo que pasa en éste caso, y debido a la caza inmisericorde que se ha abierto en España contra todo lo que pueda sonar a religioso, en general, y a católico, en particular, da la impresión de que cualquier cosa que haga la Iglesia tiene alguna relación con la política. Y eso no es así, como bien sabe cualquiera que no esté viciado, de origen, con una visión ciertamente equivocada.

    También es conocido, más que de sobra, que fue Cristo el que dijo aquello de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

    Porque, hay que partir de la idea de que entre el Estado y la Iglesia tienen que establecerse relaciones de las que puedan recogerse los mejores frutos.

    Las tradiciones relacionadas con la práctica de la fe son resultado de la fructificación de aquella en el mundo.

    Pero, por otra parte, la Iglesia, surgida dentro de la sociedad de la época, en aquel siglo, se constituyó con personas que, de diversos ámbitos sociales, formaron aquel primer grupo de discípulos. Por eso ser social es, esencialmente, una forma de manifestarse sin la cual no podría entenderse el devenir que, desde aquellos años, ha traído la palabra de Dios hasta los nuestros y las consecuencias prácticas de orden, también, civil, que se han venido produciendo.

    Sin embargo, a pesar de lo que, muchas veces, pueda pensarse, a decir de don Richard John Neuhaus  (Presidente del Instituto de Religión y Vida pública de Estados Unidos, y editor jefe de la revista First Things) “La Iglesia no compite –ni resulta una amenaza– con los responsables del correcto ordenamiento de lo temporal. Muy al contrario, la Iglesia ayuda y colabora con los que corren a cargo de esa responsabilidad” (En conferencia pronunciada, en el Congreso Católicos y Vida Pública organizado por la Universidad San Pablo-CEU en Madrid el 20 de noviembre de 2005)

    Por tal razón, además de otras que, ahora, no vienen al caso, no es posible entender ni defender que “L'esglèsia, fincant-se en política, no és jústament un exemple de respecte”, que es el comentario que, en la noticia de aquel 23 de febrero ha causado éste artículo.

    Y es que, precisamente, se trata de la exposición de una realidad que es, no por casualidad, al contrario de lo que se dice, muy otra. El hecho de que la Iglesia (que es algo más que eso que se llama “la jerarquía” con ánimo ofensivo) pueda emitir algún tipo de mensaje sobre la situación política actual por la que pasa España no es una afirmación de tal o cual voto. Se trata de una obligación grave de parte de aquellas personas que, en el mundo, contemplan lo que pasa y han de manifestar su acuerdo o desacuerdo con la doctrina de Jesucristo y la Ley de Dios.

    No otra cosa es lo que se hace. Pensar de otra forma, aunque puede ser muy legítimo (tanto como el hecho de que la Iglesia diga lo que piensa) es, seguramente, fruto del momento electoral en el que nos encontramos.

    De todas formas, la Iglesia va a pervivir e, incluso, sobrevivir, a las apreciaciones oportunistas y alejadas de una realidad que, además, desconocen profundamente.

    La ermita del Ecce-Homo es, por eso, una tradición alejada, mucho, de la política.

    Lo otro es mera humanidad, relativismo de ocasión.

     

     


    Las imágenes que ilustran esta columna han sido tomadas de www.elperiodic.com

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