15 de noviembre de 2019 15/11/19
Por Eleuterio Fernández
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El Tour del adiós

    El día 26 de octubre leo que se publicó en el periodic.com una noticia curiosa, por el contenido pero muy clarificadora, por el resultado que se obtiene al entenderla.

    Al parecer, se presentó un denominado “Orange Tour” que consistirá, así lo entendí yo, en llevar de visita turística a aquellos que quieran conocer cómo se trajina con el producto cítrico de la tierra que tanta fama dio a Burriana en otros tiempos (visita a almacén de naranja, visita al Museo de la Naranja, y cosas así). Todo esto que es, idealmente, una labor encomiable por parte de quien se le haya ocurrido es, también, creo yo, un síntoma de lo que es, por eso mismo, la muestra del final de una época dorada (hablamos, aquí, del líquido naranja: oro naranja, pues).

    Muchos podrán pensar que puedo estar desvariando un poco. Sin embargo, el mismo hecho de esto que se presentó aquel día del mes pasado, casi tocando éste en el que estamos, nos refiere, de forma inexorable, que estamos a punto de dar un paso, casi definitivo y mortal, hacia otro tipo de sociedad en la que la agricultura, definitivamente, sólo será un recuerdo agradable, dulce, nuestro. Estamos, por eso, ante el Tour del adiós y, también, ante la entrada en otro espacio temporal donde el sector servicios va a jugar un papel fundamental en esta Burriana del siglo XXI que, ahora sí, verdaderamente, se mete, de lleno, en su pleno desarrollo. Le pese a quien le pese.
     

    Muchas veces, cuando en un museo de encuentran, y pueden visitarse, y admirarse obras, instrumentos y todo eso que se acostumbra a poner a buen recaudo se hace, además de para mostrar algo que es presente, para, también, mostrarnos lo que fue; como, a modo, de presencia perenne de lo que pasó. Pero de lo que pasó.

        

    La marca de naranja que acompaña a estas líneas es todo un exponente del pasado. Creo que sobran las palabras (porque si tuviera que decir mil palabras ante esta imagen esta columna me quedaría demasiado extensa; aquí, por falta de espacio, sí vale una imagen más que esas mil palabras que no voy a decir). Tanto en un transporte como en otro aquel producto de la tierra, al que tanto alabé en otra columna de hace ya meses (Un homenaje, justo, a la tierra, si titula y fue publicada en 28 de marzo pasado y que trataba sobre un tapiz que J. Dualde colgó de las paredes de la Parroquia de El Salvador para homenajear a la Verge de la Misericòrdia en las fiestas josefinas) quedan, han devenido, demasiado lejanos, y no sólo en el tiempo. Las nuevas actividades económicas que adornan, y adornarán a Burriana lo demuestran. Y esto por lo que sigue.
    Antes que nada mi recordatorio de ese homenaje y mi reiteración en el mismo.

    Pero vayamos, ahora, al porqué de ese adiós a ese mundo, el porqué ese título de “Orange Tour” es, quizá sin proponérselo, no sólo una idea original (que lo es) sino una esquela a tiempo presente.

    A aquella columna a la que he hecho referencia, relativa al cultivo del oro naranja, me respondió, o, al menos, yo lo entendí así, el profesor Tomás Sendra, que publicó una viñeta con un supuesto inglés que, en bicicleta se preguntaba dónde estaban todos los naranjos de los que había oído hablar en su tierra (por aquello de Burriana, Paris y Londres, supongo yo). Entonces me extrañé de esta dibujística respuesta (si se puede decir así), pero, a la vez, me alegré de que alguien a quien había tenido como profesor en el Instituto Jaime I hacía ya muchos años leyera, o alguien le refiriera, aquella opinión que yo había expresado.

    Sin embargo, pasado el tiempo y la realidad echada encima, veo que, para mi pesar, o no (quien sabe), la opinión manifestada por Sendra era cierta; al menos, el resultado de aquella viñeta era, ¡Ay!, lo cierto.

    Pero, como dice el refrán, a mal tiempo (a malos tiempos) buena cara. Por eso, ante esto que se avecina, a marchas forzadas, de la transformación de Burriana en una ciudad de servicios (sin que esto tenga nada de malo, pienso yo) tengo que decir que ese Tour del adiós, como he titulado esta columna, ha de ser, por fuerza o a la fuerza, el Tour de la bienvenida porque esto supone un cambio casi radical, o sin casi, una modificación de la estructura económica de nuestro pueblo a la que debemos prestar una buena atención.

    Yo no sé de economía más que pueda saber cualquier persona normal. Sin embargo, lo que sí es evidente es que el sector citrícola parece morir en los campos de Burriana. Tan sólo hay que echar una ojeada a los alrededores de este pueblo de La Plana para ver que un inexorable cambio se avecina (nunca mejor dicho) a lo que contribuye, así lo pienso, esa autovía que, ¡por fin!, te hace recorrer los escasos kilómetros que hay entre Burriana y Nules pensando que estás en otro mundo porque ahora, ahora sí, este acceso ha transformado su recorrido en un gozo, permítanme que diga esto, para el conducir.

    Antes he dicho que le pese a quien le pese Burriana parece entrar, de lleno, en el siglo XXI. Tengo que decir que, francamente, a mí también me pesa pues el recuerdo que yo tengo de nuestro pueblo es de una apacibilidad destacable, de una tranquilidad digna donde el transcurrir de los días era placer para los sentidos. Lo que quiero decir es que el desarrollo económico, lo que podemos denominar progreso es, para unas cosas, importante y necesario, pero, para otras, es atraso porque perdemos en esas cosas tan necesarias para que la vida sea agradable, dulce, recordable. Definirnos, cada uno de nosotros, cuáles son nuestras preferencias es, en este caso como en tantos otros, esencial para una mejor convivencia.

    De otra forma, creo yo, nuestro pesar por este adiós que se nos avecina puede devenir amargura y tristeza.

    Pero siempre, siempre, tendremos la memoria para refugiarnos en ella. Allí, allí, permaneceremos suspendidos, en ese espacio donde podemos escanciar alimento para nuestro espíritu, de donde sorbemos, poco a poco, el dulce manjar del ayer.

    Y si es posible, que no nos la quiten, porque esto sí es, esto, nuestra verdadera memoria histórica.






    Todas las imágenes han sido tomadas de www.museonaranja.com , a quien agradezco tal información.

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