23 de agosto de 2019 23/8/19
Por Eleuterio Fernández
Periòdica Columna - RSS

Tarancón y sus primeros cien años


“No se ha de renunciar a la razón
ni hay que cegar la inteligencia para creer”
(Las convicciones religiosas-Carta a un cristiano
Cardenal Tarancón)

 

“Vicente Enrique y Tarancón nació el 14 de mayo de 1907 en Burriana en el seno de una familia de tradición agraria”

Amables lectores. Cualquier biografía del Cardenal burrianense diría lo que dicen estas líneas de arriba. Ahora, precisamente hoy, se cumplen 100 años del nacimiento del ilustre hijo de este pueblo de la Plana que, no por el hecho de haber nacido en Burriana deja de tener, tuvo, influencia en vecindades tan cercanas como Vila-real o Les Alqueries, pues lo que dijo e hizo bien puede ser entendido por todos, propios y extraños.

Sobre el Cardenal se han dicho muchas cosas y, gracias a Dios, aún se siguen diciendo: unas para bien de su persona y trabajo, otras para mal de su persona y trabajo. Sin embargo, la verdad, lo verdaderamente cierto es que este representante de la Iglesia española, ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1922, no dejó de ser, precisamente, sino eso mismo, ministro de Dios en un mundo de hombres.

De él han dicho, por ejemplo, las siguientes cosas:

Agustín García Gasco, arzobispo de Valencia: “Su pasión era fomentar la concordia ente todos. Fue un pastor cercano, comprensivo, abierto al diálogo, buen consejero y amigo”

Antonio Montero, arzobispo de Mérida-Badajoz:”Aborrecía el politiqueo. Le importaban, y mucho, el bien de España, los derechos humanos y la libertad de la Iglesia”

Y, como no hay dos sin tres, quizá la opinión de Julián Marías diga mucho. Esta es que “ha prestado un servicio inmenso a la Iglesia, a la monarquía, a España. Era un hombre valiente, un calificativo decisivo”

En estas palabras y, seguramente, en muchas otras que yo no he leído ni oído, se habrán dicho cosas laudatorias del Cardenal, se habrá alabado su don de gentes, su amigabilidad, su confidencialidad. En fin, lo que es muestra, sobre todo, de un amor manifestado, como suele decirse, a manos llenas.

Yo también conocí, como muchas veces se dice para darse importancia, al Cardenal. Sin embargo fue algo muy esporádico. En una ocasión, además de haber leído la entrevista que Joan Garí le hizo para el Buris-Ana; digo, que, en una ocasión, acudió el Cardenal a una entrega de Premios de L’Agrupació Borrianenca de Cultura, de la que el que esto escribe era miembro, y allí lo conocí, en persona, digamos. Sin embargo, como las ciencias avanzan que es una barbaridad, existen medios para conocer lo que dijo y lo que escribió y, por tanto, y en tanto en cuanto no soy biógrafo suyo me basta, pienso yo, con lo que tengo entre las manos para emitir una opinión.

Muchas personas han utilizado, utilizan y utilizarán, las especiales circunstancias de la vida del Cardenal para decir que el mismo era persona “progresista” en el sentido de defensa de ideologías contrarias, muchas veces, al mismo sentido de la Iglesia. Y esto se dice para enfrentarlo, por ejemplo, con las actuales personas al frente de la Conferencia Episcopal Española, sin reconocer, precisamente, que cada cual es hijo de su tiempo y que, seguramente, todos, el Cardenal de entonces como los de ahora, defienden, en el fondo, un mismo amor, una misma manera de ser.

Sin embargo, esta columna no va a ser utilizada por el que esto escribe para hacer bandera a favor de nadie pues no se trata de eso sino de recordar estos primeros 100 años del Cardenal Tarancón, algunos de los cuales, más de 10, los ha pasado en el Reino eterno de Dios porque, al fin y al cabo, él siempre actuó en defensa de la fe.

La lectura pausada del escrito del que he tomado un párrafo para encabezar, bajo su foto, esta columna, titulado “Las convicciones religiosas. Carta a un cristiano” dice mucho sobre el pensamiento que el Cardenal tenía al respecto de la creencia en Dios y en el hombre. Eso debería dar algunas pistas sobre su verdadero pensamiento. Que este artículo haya sido recogido, en la versión que yo tengo, en una “Voz de Caritas” dice mucho, también, sobre del sentido intrínseco del mismo, pues bien podían haber hecho uso de otro texto de los muchos que tiene el burrianense. Sin embargo si ha sido así será por algo.

Que la fe fue el objetivo fundamental de la vida del Cardenal Tarancón, y no otra cosa, queda demostrado cuando dice que “la fe no es irracional, aunque sea supranacional” lo que viene a demostrar que el nacimiento, el origen, de ésta para el hombre le viene de una instancia superior a sí mismo, que le es dada, que le es revelada. Pero es que, además, “tiene unas consecuencias en todos los órdenes de la existencia, ya que ha de ordenar y orientar la vida y la actuación de la persona”. Con eso lo que nos quiere decir es que hay que aplicar ese principio conocido que se denomina “unidad de vida” sin el cual no existe correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace. Por eso, el cardenal pudo parecer algo extraño para algunas personas porque el actuar conforme el espíritu evangélico podía causar, causa, algunas sensaciones de no tratarse de un comportamiento, digamos, adecuado, correcto, de acuerdo a la moda.

Para apuntalar el sentido claro y diáfano de la fe, nos dice el Cardenal que “creer en Dios y en su enviado Jesucristo es lo más inteligente y lo más sabio que puede hacer una persona racional” y que, sobre todo, “la ignorancia no es el soporte de la fe”, que “el cristianismo no es alienante”. Además, por si esto fuera poco, y ahora que muchos opinan lo contrario (sobre todo aquellos que tanto dicen comprender al Cardenal en su sentido “progresista”, valga esto como ejemplo de su desconocimiento) nos dice que “la educación en la fe es la condición indispensable para que vivamos con autenticidad nuestro cristianismo”

Este texto, para una lectura completa, además de en “La Voz de Cáritas” que he citado, puede encontrarse en www.cardenaltarancon.org, en la sección de descargas, donde, además de este escrito se pueden leer otros del hermano Vicente Enrique y Tarancón. Allí es posible que muchos descubran al verdadero Cardenal, al Obispo, al sacerdote, al seminarista, al hijo de Dios.

El día 11 de este mes de mayo se ha celebrado, en Burriana, una jornada dedicada, exclusivamente, al Cardenal Tarancón, a su persona y figura dentro de la Iglesia católica. Sin embargo, el que esto escribe no ha querido dejarse influenciar por lo que personas más entendidas puedan haber dicho, sobre este tema tan, ahora, candente. No descarto leerlo, cosa que haré en cuanto sean colgadas las ponencias en la página supracitada y dedicada a su persona. El que esto escribe sólo ha querido recordar, a su manera, a esta persona que podríamos llamar íntegramente cristiana; que, totalmente, se entregó a sus hermanos, los hijos de Dios.

 

 

Las imágenes que ilustran esta columna han sido tomadas de www.cardenaltarancon.org

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