21 de noviembre de 2019 21/11/19
Por Eleuterio Fernández
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La realidad tergiversada. 2.-Un mundo ideal… y falso

    Amables lectores, cuando escribí la serie de columnas referidas a la lengua dejé dicho que no volvería a decir nada sobre esto a no ser que fuera totalmente necesario. Y creo que lo es, tristemente lo digo. Es, además, más de lo mismo, más de esa tergiversación con la que he titulado estas columnas de la que, ésta, es la segunda.

    Vayamos, pues, con lo que toca.

    Yo sólo dedico unos escasos ratos de mi tiempo a perderlo viendo la televisión. Digo escasos con relación a la media que, parece, se da hoy día. Teniendo en cuenta que de las cadenas de este medio de comunicación están casi todas vendidas al poder establecido, de una forma o de otra (unas por ser parte del propio poder y otras por querer imitarlos por ver si pillan algo y hacerle el caldo gordo a ese poder que tan omnímodo pretende ser) pues la verdad es que, entre el asco que me dan unas y la pena que me dan las otras lo cierto es que lo que diría de ellas no podría ser, por ahora, escrito ni, entonces, leído. Algún día llegará ese momento, de eso estoy seguro. A todo esto tengo que decir que hay excepciones, o excepción, a este panorama de desierto intelectual por el que pasamos.

    Sin embargo, volviendo al tema de la lengua, sí que tengo que referirme a una programa que, aparte de haber empeorado esta temporada con relación a la anterior (al tomar el camino del negocio todo se ha venido abajo) creo que es el exponente de lo que se quiere hacer con esta sociedad tan lanar y tranquila.

    Antes que nada, tengo que decir que siento, de antemano, que lo que voy a escribir es muy probable que no guste a mucha gente y esto no es de mi agrado especialmente. Sin embargo, al igual que hice con la lengua, un tema agrio por lo manipulable, también con esto, por ser lo mismo, me creo en la obligación de decir lo que pienso. Por lo menos que alguien ladre, aunque eso suponga que otros cabalgan.

    A mí también me gustaba este programa pues supone el llevar a cabo una serie de situaciones en las cuales el humor juega un papel decisivo (se trata de eso y de hacer reír). Pero la forma en que lo hacen tiene poco de gracioso, poco de risible, poco de alentador, pues constituye una clara manipulación de la realidad, un grave acento que se pone en algo que no es lo que sucede pero es lo que quieren imponer pues eso se trata de un tema de lengua, eso que es tan elástico y que tanto daño puede hacer. Y que hace.

    A mí, todo este quiero y no puedo me parece bastante patético. Pero de eso es lo que viven ese minoritario sector económico-intelectual asentado en las sílabas valencianas que manipulan en beneficio propio, a sabiendas de que su mundo ideal es falso. Y si no lo saben tienen un problema (aparte de la ceguera voluntaria ante la realidad, que deberían solucionar con algún profesional del ramo –de la simulación, me refiero) bastante grave.

    Pero vayamos con la idealidad que este programa (del que no pienso decir el nombre para que cada cual lo busque y encuentre) trata de hacer reflejar y que, como he dicho antes (y en el título de esta columna) es, gracias a Dios, falso.

    Falso es que en todas las situaciones de la vida se use exclusivamente el valenciano (cualquiera lo ve, esto) como si el castellano no existiese y, cuando se hace uso de la lengua de Cervantes, se hace de forma anecdótica, como si no fuera, precisamente, al revés; falso es que los giros lingüísticos utilizados sean los utilizados en la Comunidad Valenciana pues de los que se hacen uso son, claramente, catalanizados cuando no directamente catalanes. Yo lo sé y muchos también lo saben, sobre todo aquellos que aprueban la grabación de esto y, luego, su muestra al público; falso es que este mundo sea el que hay a la vista ya que, además, la inmigración lo hace, también, absurdo y anacrónico.

    Por lo tanto, si todo es falso, y es evidente que lo es porque cualquiera puede verlo sólo con mirar; si todo esto no responde a la realidad; si todo esto no se sostiene… entonces ¿ante qué estamos?

    A mi me gustaría que respondiesen aquellos que autorizan y dan su visto bueno a que este tipo de programas sean vistos por muchas personas que, si bien agradecen el humor, se están bebiendo, a ojos llenos, algo que no existe, algo que tan sólo se encuentra en la imaginación calenturienta de los que en su vida ven que las cosas no son como quisieran.

    Y yo, que quieren que les diga, me gusta esto de que las cosas no sean como estas personas quieren. La pluralidad, al menos en esto, será posible.

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