12 de noviembre de 2019 12/11/19
Por Eleuterio Fernández
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La realidad tergiversada. Apéndice (sobre la ley y las leyes). ¡Qué memoria!

    Amables lectores, como les prometí la semana pasada, voy a tratar, en esta columna, que hace, a modo, de apéndice, es decir de cosa adjunta o añadida a otra, de la cual es como parte accesoria o dependiente, de la norma, ignominiosa, que hace unos meses se aprobó, con el número 24, de este 2006 y que se llama “sobre declaración del año 2006 como Año de la Memoria Histórica”. Casi nada al aparato.

    En primer lugar vengo a explicar eso de que esta es, para mí, una Ley ignominiosa. O sea, que es ocasión o causa de ignominia ya que pretende que sintamos vergüenza y deshonor aquellos que no comulguemos (y perdón por utilizar este vocablo religioso) con ella y, sobre todo, con los portadores de tamaña barbaridad.

    Como es sabido por todos, la Ley, así, en general, es un instrumento que el ser humano se da para que la vida en sociedad esté algo regulada y no estemos, perpetuamente, en la caverna y viviendo en un estado salvaje donde prime el poder del más fuerte. Esto lo digo porque en este caso concreto, esta norma tiene, precisamente, el sentido contrario, pues pretende sentar sobre unas bases presuntamente benéficas lo que no es sino un faltar a la verdad y, lo que es peor, una manipular, clara y arteramente, la realidad que, por el trabajo de muchos historiadores llamados “revisionistas” (en el mal sentido) está volviendo a ser como fue, realmente y no como nos la han presentado desde hace muchos años.

    Esta ley, como norma, es, preferentemente, sectaria, pues sólo quiere atender a aquellos que se “esforzaron por conseguir un régimen democrático”, a “quienes sufrieron las consecuencias del conflicto civil” y, por último, a “los que lucharon contra la dictadura en defensa de las libertadas y derechos fundamentales de los que hoy disfrutamos”. Como, evidentemente, el recuerdo no puede positivo para la misma guerra civil, porque la perdieron ni, claro, para los años de gobierno del General Franco, porque no mandaron, queda claro que tan sólo se pretende conmemorar la memoria de aquellos que fueron, digamos, de su bando (y este lenguaje es, en este caso, totalmente, adecuado). Por esta parte, no parece que esta norma tenga un carácter reconciliador sino, más bien, puramente vengativo y ganador, a destiempo. Algo bastante patético.

    Si seguimos, paso a paso, esta tergiversación de la realidad, para hacer honor al título genérico de esta serie de, ahora, 4 columnas, y continuamos con la lectura (oprobiosa) de los escasos 3 folios que ocupa esta extraña cogitación poco cogitosa (o sea, meditada, reflexionada) podemos apreciar, fácilmente, del pie de que cojean estas escasas líneas (pues, seguramente, la cosa no da para más sino para una ventilación rápida que se apoye en la mayoría parlamentaria que se tiene para llevar a cabo esto).

    Así, por decir algo rápido, habla del “legado histórico de la Segunda República Española” (¡eso sí, todo en mayúsculas, para que destaque!) pues parece que quieren que sea aquello que “se deja o transmite a los sucesores” (pura definición de esta palabra, legado). Sin embargo, no parece que haya sucesores de aquellos comportamientos nada lejanos con la barbarie si recordamos, por ejemplo, la persecución religiosa (y no sólo de la que se produjo en la guerra civil sino mucho antes también). O, a lo mejor, es posible que los haya y esto explique algunas formas de proceder con relación a la Iglesia a la que, ahora no puede perseguir hasta la muerte física pero si puede tratar de acallar de las más imaginativas formas (a la realidad me remito).

    Dice esta cosa que “el esfuerzo de todos ellos” (refiriéndose, claramente, a aquel período republicano) “culminó en la Constitución Española de 1978”. Esto es, así, pura falsedad, pues es evidente que no fueron los legatarios de la segunda república los que trajeron la democracia a España en el 78 sino, al contrario, las mismas Cortes de Franco. Esto el que no lo vea es que es ciego histórico y voluntario. Que fue el mismo Adolfo Suárez, vinculado totalmente con el régimen anterior, el que desarrolló, con su gobierno, las leyes que ampararon los derechos fundamentales (intimidad personal, etc) es algo obvio. Es decir que esto, también, acuerda poco con la realidad. Luego lo que se dice tiene un sentido eminentemente tergiversador.

    Pero no acaba ahí la cosa. Parece, y lo es, que estas letras juntas  (me niego a llamarla de otra forma más seria) están hechas, totalmente, absolutamente, radicalmente en recuerdo y memoria, en un remover de muertos (como también están haciendo, por otra parte) de aquellos que eran partidarios de la visión izquierdosa de la llamada “experiencia democrática” (en expresión propia de esto). Personalmente, yo, lo llamaría “experimento” pues de eso se trató y de no haber mediado, provocada, precisamente, la confrontación civil, seguramente, ese experimento hubiera devenido exactamente de resultado igual como lo sucedido en otros lugares malmandados y dominados por esa horda domada de mequetrefes que sentaron sus bases sobre paraísos proletarios. Y creo que ya saben a lo que me refiero.

    Y digo lo de antes porque en su artículo único (pero siendo múltiple la villanía, léanlo aquí http://www.boe.es/boe/dias/2006/07/08/pdfs/A25573-25573.pdf ) refiere, con insistencia porque se refiere a lo mismo, al mismo campo de personas, digamos, a los partidarios de aquella república, o sea, a los izquierdosos ya que acto seguido menciona a los que “fueron víctimas de la guerra civil o, posteriormente de la represión de la dictadura franquista. Es evidente que cuando se utiliza esa “o” es porque se pretende decir que tanto unas personas (las que fueron víctimas) como otras (las que fueron víctimas de la represión franquista) son las mismas, o sea, los de su bando (en un lenguaje, como dije antes, muy adecuado a este caso).

    Además, si se recuerda que se han tomado medidas para que personas como, por ejemplo, Lluis Companys sean homenajeadas y recordadas por su relevancia en aquella época, está claro, ahora más que nunca, que ésta, denominada, Ley 24/2006, de 7 de julio, sobre declaración del año 2006, como Año de la Memoria Histórica no es ni una cosa ni la otra, ni tiene verdadera memoria, porque la falsea por decir las cosas a medias, ni es verdaderamente histórica, pues es sesgada, por tendenciosa, y limitada a una parte de esa historia.

    Sin embargo, en algo sí que ha acertado esta norma. El que haya sido aprobada el día 7 de julio es un síntoma de su significado: es una buena cornada dada en el cuerpo de España. Lo digo esto por empezar, como todos sabemos, las fiestas de S. Fermín, que son conocidas en todo el mundo por los astados corredores.

    ¡Y vaya chupinazo con la norma! Corneados sí que hemos quedado.

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