21 de noviembre de 2019 21/11/19
Por Eleuterio Fernández
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Otro aniversario

    “E quan vim nostra senyera sus en la torre, descavalcam del
    cavall e endreçam-nos vers orient, e ploram dels nostres ulls,
    e besam la terra, per la gran mercè que Déus nos havia feita”
    Jaume I

    “Y cuando vimos nuestra bandera en la torre, descabalgamos
    del caballo y poniéndonos mirando hacia oriente,
    lloramos y besamos la tierra,
    por la gracia que nos había hecho Dios”
    Jaume I
    (traducción propia, perdonen los puristas)

     

    A grandes rasgos, hoy celebramos, los valencianos, la entrada de Jaume I en la ciudad de Valencia. Día de fiesta, pues. Y esto por dos cosas, alguna de las cuales no gustará a los adalides de lo políticamente correcto. Es más, la segunda cosa es consecuencia de la primera, de la más importante.

    En muchas ocasiones, llevados por nuestros pareceres políticos, a los que otorgamos un valor casi siempre excesivo, solemos, digo, llevados por ellos, fijar un pensamiento sobre algo que no cambia por mucho que puedan demostrarnos que las cosas no son como, con nuestros prejuicios desconocedores de muchas cosas, nos informan y manipulan. Por eso, encarar la realidad con una visión un poco colateral, nos facilitará, quizá, las cosas.

    Rey Don Jaime

    Creo que esto es por lo que sigue.

    En aquel lejano siglo XIII el moro se había hecho dueño, mucho antes, claro, de gran parte de España y, aunque había, ya, perdido una porción importante, aún permanece en lo que después se llamaría Reino de Valencia, nombre que se le otorgaría a raíz de aquella, digámoslo así, y a grandes rasgos, fecha.

    Cuando Jaume I consigue desalojar el poder moro de Valencia, capital, lo hace incorporándola a la cristiandad, pues no otra cosa era aquel Rey venido de Aragón sino cristiano y su lucha no lo era, sólo, por conquistar tierras sino, sobre todo, para retornarlas a las manos y al corazón de donde nunca debían de haber salido, a las manos y al corazón cristiano que ya representó el reino visigodo, bien lo dice el Rey en la cita que encabeza esta columna (la referencia a Dios, quiero decir)

    Por lo tanto, en primer lugar, el arrebatar al moro la ciudad-capital de lo que sería el mencionado Reino de Valencia, tan denostado por tantos pegados a su sueño territorial y que sólo la conveniencia política pudo privar de ese nombre a lo que ahora se denomina Comunidad Valenciana (nombre tan genérico como vacío, tan poca cosa sentimentalmente hablando, tan nada), fue, ese arrebato, digo, la primera de las cosas que resultó fundamental en aquella lejana, pero cercana, fecha, en aquel primer 9 de octubre. La consecuencia de ello, lo que resulta tan insoportable para tantas personas es que esa conquista, eso que se hizo y que, digamos, había tenido un importante momento en la conquista de Burriana en 1233 (creo recordar que el 16 de julio) de la que surgiría el término de Vila-real, lo que hizo, lo llevó a cabo obligado por su condición de cristiano, como ya he dicho antes, y por esto trabajó y luchó, y por eso, pese a quien pese, ese trozo de España que gana lo es para la España inmortal (ya sé que esto suena a casposo, pero las cosas son como son) Y a quien no le guste que cambie la historia, o que la manipule, vaya.

    Hace ya un mes dije que este iba a ser un año eminentemente político. Pues eso, hay que atenerse a las consecuencias de lo que esto supone, sacar a la luz lo que está escondido, lengua incluida, y dar a cada uno según lo suyo (como dice una muy antigua definición de lo que es el derecho) A cada uno lo suyo o que cada palo aguante su vela, que es lo que mejor toca en este momento.

    Pero, por aquello dicho antes, en la fecha del 9 de octubre, éste de 2006, celebramos otro aniversario de lo sucedido entonces. Como somos muy dados al recuerdo, y este es muy necesario para nuestra vida de hombres (de seres humanos, perdón) hagamos un, a modo, de resumen, de lo que ha supuesto, de lo que supone, aquello, pues algo ha tenido que significar.

    De forma indefectible, la incorporación a los reinos que, entonces, constituían lo que se denominaba España, se produjo con esta conquista. A pesar de lo que muchos piensen, ahí estamos, también gracias a la actuación de los Reyes Católicos (¡vaya, con ese nombre!) que también hicieron lo suyo para que esto se perpetuara. Y ahí estamos también a pesar de muchos (quiero decir de algunos, más bien pocos) que han visto en la proximidad del poder (recordemos a Esquerra Republicana) establecido la posibilidad de hacer posible su quiero y no puedo. Y no puedo, sobre todo no puedo, y este es su problema: que nunca tan pocos quisieron hacer tanto y, claro, no pueden. Es que no pueden, ¿lo entienden? (y esto lo digo no sólo por este partido sino por todos los que, llamados “progresistas” -¿qué progreso?- piensan lo mismo, ahora que la República está de tan forzada moda, por tantas viles cabezas puesta)

    Porque este va a ser un año político, muy político.

    En cuanto a lo otro, al aspecto religioso, indudable, de la cuestión y de la celebración del día de hoy, tan sólo tienen que buscar, en libros de historia, lo que hacía Jaume I cuando conquistaba una ciudad, qué hacía, ¿quizá mandaba construir una Iglesia?. ¡Vamos!, que ustedes son capaces de hacerlo. Y si no quieren hacer esto, al menos, si viven en Burriana, pueden darse un paseo por ese edificio que hay casi pared con pared con el Ayuntamiento; o sea, con la Iglesia Parroquial de El Salvador. Creo que el Rey Conqueridor tuvo algo que ver en que ahora esté ahí (si me equivoco, que me perdonen los historiadores) Tan sólo con esto ya tendría que ser suficiente para que de sus ansias de acallar lo religioso –pues todo está ligado, como ven, por el mismo hilo- (esas ansias de recordar la Guerra Civil les delata tanto...) comprendiesen que nada van a poder cumplir.

    Por lo tanto, ¡qué día tan bueno para unos y tan malo para otros!, a pesar del disimulo y del disfrute del festivo.

    Como verán, amables lectores, no he usado ningún dato de tipo histórico (me refiero a documentos y cosas así) por temor a equivocarme porque no soy historiador. Sólo he hecho uso de cosas, ideas generales, al alcance de cualquiera. Lo malo para muchos es que se trata de las generales de la ley, y aquí está el problema, para ellos, quiero decir. Y el que quiera entender, que entienda.

    9 d’octubre, 9 de octubre. ¡Bendito Jaume I”.
    Amén; o sea, así sea.

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