22 de octubre de 2019 22/10/19
Por Eleuterio Fernández
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Otra oportunidad para respetar a los muertos

    Allá por el mes de octubre del año pasado, saltó la noticia según la cual los nichos que se habían instalado en el cementerio de Burriana no eran del gusto de muchas de las personas que allí acuden a honrar a sus muertos y a recordar lo que, en otro tiempo, fue.

    Yo mismo escribí una columna titulada Quizá algo de respeto se merecen los muertos (concretamente, el 29 de octubre) en el que manifestaba mi desacuerdo con lo que se había colocado en una zona del campo santo porque, en verdad, no parecía que fuese mínimamente aceptable.

     

    Y ahora, algunos meses después, el Ayuntamiento vuelve a tener la oportunidad de hacer algo parecido a aquello que hizo meses atrás.

     

    Según cuenta Guillem Ríos, y debido al número de defunciones que se producen, el Consistorio municipal va a tener que acometer una ampliación del lugar donde dejamos reposar a nuestros familiares. Es, por tanto, una ocasión para hacer las cosas, digamos, un poco mejor que cuando se acometió la instalación de la que, popularmente y con sabiduría exacta, se ha dado en llamar “la nevera” (dado el aspecto que tiene tal cosa).

    Cuando a alguien se le da una segunda oportunidad para hacer algo en lo que antes, como poco, no se había conseguido un fin mínimamente adecuado, es de esperar que se trate de hacer lo posible para que el resultado conseguido sea algo mejor o, al menos, no desentone tanto del entorno para el que van destinadas las actuaciones a llevar a cabo

     

    Aquellas personas que tenemos, en el cementerio de Burriana, a algún familiar, amigo o, simplemente, conocido, no podemos entender que no se hagan las cosas como deberían hacerse. Y aquí no hay que entender que se trata de una crítica política a un partido político que no sea el que, de ordinario, yo voto. No.

    Muy al contrario de esto que digo, lo que se quiere, lo que yo, como persona, quiero, es que se lleven a cabo las obras que se tengan que hacer (porque el morirse no va a parar, eso seguro) pero que se hagan con el decoro que corresponde a quienes allí están y no sirviéndose de alguna moderna teoría constructora.

     

    Por otra parte, me gustaría, lo reconozco, equivocarme y que el concejal de turno, quien corresponda, dijera que se hace, siempre, lo mejor que se puede y que, al fin y al cabo, también se ve afectado él y su propia familia. Que no valga, aquí, ningún tipo de interés político ni nada por el estilo sería lo conveniente para bien de todos pero, sobre todo, para bien de aquellas personas que no pueden protestar porque se ven abocadas a soportar el sitio dónde se las deja.

    Y esto que digo quizá pueda parecer alejado del pensamiento de muchas personas pero, como se vio en los comentarios a la noticia de entonces (muchos y subidos algo de tono crítico) no son pocas las que ni estaban de acuerdo con “la nevera” ni estarán de acuerdo con cosas por el estilo porque el respeto a los muertos es algo muy extendido entre nosotros. ¡Qué le vamos a hacer!

     

    En el artículo citado arriba dije “en fin, que, en este caso, quien corresponda se ha lucido y ha dejado pasar una buena oportunidad para estarse quieto y dejar, a personas que entiendan, de verdad, de tradiciones y de costumbres, que hagan su trabajo y no dejarse vencer por modas y cosas cambiables”.

    Ya me gustaría no tener que decir, cuando corresponda, lo mismo.

    Y lo digo de verdad, con franqueza.

    Por otra parte, don Francisco Isach, concejal delegado, ha comunicado que se convocará un concurso para elegir el proyecto más adecuado.

    Pues eso, que sea el “más adecuado”.

     

     

     

     


    Las fotografías que ilustran esta columna han sido tomadas de www.elperiodic.com

     

     



     

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