23 de septiembre de 2019 23/9/19
Por Eleuterio Fernández
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A modo de resumen

Esta columna abre un paréntesis entre el tiempo que va desde que empecé a escribir, el día 14 de marzo del presente año 2006, y el mes de septiembre, mes de retorno, de comenzar de nuevo, de volver a empezar, como dice la canción y la película de Garci. Lo que quiero decir es que me voy de vacaciones (¿?) en este mes tan para eso que es el mes de agosto. Otro se las ha tomado antes y, ciertamente, lo que va por delante, va por delante. Espero que le haya aprovechado ese descanso y que haya venido con las pilas cargadas, si eso es lo que le hacía falta, que supongo que sí, como a todos pues, el que más y el que menos, también necesita reposar el espíritu. Aunque no puedo negar que ese paréntesis será dedicado a pensar en nuevas cosas que decir y nuevas sensaciones que provocar en quien pueda leer esto.

Amables lectores, ahí va lo que, hasta ahora, ha sido. Lo pongo en sentido inverso pues, entiendo, que lo que es más lejano en el tiempo también lo es en lo escrito. Aunque, la verdad, y teniendo en cuenta que podría hacerlo al revés, también lo he hecho por la sencilla razón de que es como aparece en el apartado que, el periodic.com dedica a “más artículos”, todo sea dicho. Vamos, por comodidad. Yo he querido darle ese sentido de distancia que, creo, así, se obtiene.

24/07/2006 - Un Estatuto Impositivo (y 3). Como no hay dos sin tres…
17/07/2006 - El sueño de lo que no tiene fin
11/07/2006 - Un homenaje al cielo que nos rodea
03/07/2006 - Diners
26/06/2006 - Jo sí t’espere (y 2) (Alabanza, o sea, apología)
19/06/2006 - Un Estatuto Impositivo (2). Cuando la lengua es una excusa vana
12/06/2006 - Jo sí t’espere
05/06/2006 - Arnau i Saera, una pequeña memoria
30/05/2006 - Filarmónicos
22/05/2006 - Aún sin materia y sin título
16/05/2006 - P'a quatre que sou…
08/05/2006 - El Clot, de la Mare de Déu
02/05/2006 - Traver Calzada o una forma de ser
25/04/2006 - Un Estatuto impositivo
18/04/2006 - De cara al mar
14/04/2006 - Un recogimiento del alma
04/04/2006 - Ese pasado que es tan nuestro
28/03/2006 - Un homenaje, justo, a la tierra
21/03/2006 - Cierta forma de ver el mundo
14/03/2006 - Tanto tiempo después


Amables lectores, supra está la intervención que me han permitido hacer en este periódico digital.  Al principio, no sabía si sería capaz de llevar a cabo esta labor, semanal; si, yo, que no había tenido facilidad alguna para escribir con cierta continuidad en un medio de comunicación, podría tener alguna idea. Esto era, lo digo ahora, un reto no pequeño para mí. Otras personas que escriben en la sección de Opinión tienen, yo lo sé en dos de los casos (Joan Garí y Roberto Roselló) experiencia notable y destacable, siempre apreciable por quien, como yo, quiere hacer algo de esto.

Esto no es una despedida. Lo siento si alguno, que con su aliento ha alentado, a veces, el mío, le gustaría que así fuera. Pero un descanso, ahora que es verano entrado, creo que también merezco. Tampoco es cuestión de que no   tenga ideas para escribir en las próximas, pues tengo escritas, ya, dos columnas de la serie de tres que, sobre tema religioso prometí que escribiría. Pero, francamente, no quisiera que por el trasiego del verano y la dispersión hacia lugares de descanso, los posibles lectores, que alguno tengo por lo que se refleja en la sección Vox Populi, perdieran la oportunidad de, llevados por la semanal intervención, tener que retroceder a ellas para leer esto que es, para mí, tan importante. Esto, quizá, sólo puede parecer una excusa. Cada cual lo puede tomar como quiera. También tengo que decir que postergar estas columnas sobre lo religioso es, para mí, un sacrificio, pues, creo que tengo que decir lo que he dicho y lo que voy a decir.

Siempre me ha parecido un recurso, tan importante como el de escribir una columna diciendo que no tienes idea alguna, cosa que ya hice, por cierto, el hacer, digo, un, a modo, de resumen de lo dicho, para, primero, dejar atrás una etapa, ésta, y, por otra parte, dar paso a otra. Siempre lo he visto en esas series de la televisión americana que han invadido nuestra caja tonta en las que, de repente, construyen un episodio con una especie de refrito de episodios anteriores siempre, claro, con un nexo de unión. Al menos, de quien lo cuenta porque, para esa persona, es importante lo que sucedió en otro tiempo pasado.

Y eso es lo que voy a hacer. Espero que se me perdone si, entre lo que vaya a decir, se me escapa, algún dardo envenenado con el veneno de la reivindicación (o sea, de vindicar, reclamar, lo que es, o fue, mío) porque, incluso en este tipo de columnas, también cabe sembrar por si, como dice el texto evangélico, lo sembrado cae en tierra buena que, desde siempre, he creído que existe. Y si da, aunque sea, un 60% de lo que se espera, pues, para mí, eso ya es suficiente.

A la hora de escribir, el tema de lo relacionado con Burriana no siempre es fácil. La actualidad, tan rápida ella, sobre todo en el medio digital donde todo vuela y donde, la existencia de una sección de opinión semanal o quincenal le da esa prestancia que tienen las cosas que permanecen en el tiempo, aunque este tiempo sea corto, es, esa actualidad, digo, tan cambiante... Pero no todo ha de ser volandero y fungible; al menos, ha de quedar, en el subconsciente de cada uno, la sensación de que ciertas cosas, ciertos sentimientos, ciertos menesteres sensibles, han de fundamentar nuestro paso por este nuestro valle, sí, también de lágrimas, porque éstas no pueden evitarse (a pesar de que muchos quisieran que nuestro caminar sólo fuera dulce y por eso, esa clase de muerte con la que están de acuerdo muchas veces)

Muchos temas son los que he tenido que tocar en estos meses desde aquel mes de marzo. A algunos de ellos les he tenido que dedicar más de una columna pues, creía, y creo, que eso era necesario. Como no recordar el tema del Benedicto XVI, que tanta alegría me ha proporcionado y me sigue proporcionando y, también, el tema de la lengua, el valenciano, que tantos disgustos produce, aunque parezca lo contrario.

Como el tema de la pintura me interesa, como aficionado y como persona que mira esas obras de arte, también he tenido que dedicarle alguna columna, como a la exposición de Traver Calzada,  Vicente Guerola  y Fernando Nos a los que tanto tengo que agradecer, espiritualmente hablando. Reconozco que, a pesar de no conocer más allá de lo que uno pueda ver cuando mira un cuadro, sea de la técnica que sea, sí que es perceptible esa sensación que produce cuando es tocada el alma, ¡sí, el alma!, con ese toque suave que produce la armonía que el corazón ajeno produce en nosotros. Gracias a ellos, algunos conocidos por mí, personalmente, y otro, Fernando Nos, descubierto, ya para siempre, para mi gozo, puedo decir que es mucho lo que he recibido y, seguramente, poco lo que he dado a cambio.

También, en cuanto a obras de arte se refiere, cómo no recordar las postales que Juan José Dualde, el insigne ideador y fabricador del tapiz de la Virgen de la Misericordia durante tantos años, han traído a nuestra memoria el recuerdo de tiempos pasados que, no por eso, sino mejores, sí cabe traer a nuestro ahora para llegar a la conclusión de que somos, o quisiéramos ser, muy parecidos a aquellos otros nosotros.

Por otra parte, y gracias a esta plataforma digital, también he tenido la posibilidad de escribir para la edición que elperiodic.com tiene para el vecino pueblo de Vila-real. Esta edición, sin embargo, ha ido a remolque, muchas veces, de la de Burriana, ya que me ha servido, también, para dar a conocer, además de los temas relacionados estrictamente con la ciudad amarilla (lo digo por lo del submarino) unos que, yo creo, son de tal importancia, para mí, claro, que creí importante que determinados de aquellos aparecieran en las dos ediciones. Con esto rompí, y no siento decirlo, lo que quedé con la Directora de elperiodic.com en el sentido de que serían columnas distintas para las dos ediciones. Sin embargo, a veces la realidad es como es y no se puede hacer otra cosa (lo digo, especialmente, por las antes mencionadas columnas del Santo Padre y el farragoso y engorroso tema de la lengua) y, sobre todo, no se quiere hacer otra cosa.

En cuanto a temas, propiamente, culturales, recuerdo ahora, y vuelvo a reiterar mi admiración, a Joan Arnau i Saera, insigne ciudadano de Burriana que tanto bien hace (pues, para mí, sigue estando presente) al libro de nuestro pueblo. Y, también, a lo referido a la Banda de Burriana, en la columna titulada Filarmónicos; y, por último, a aquella aparición del Centro Municipal la Mercé (CMC) a los 15 años de su inauguración y aquella expresión “p’a cuatre que sou” que tanta gracia me hizo y que vimos reflejada en sus paredes hace ya, tanto tiempo...

De todas formas, como todo es, al fin y al cabo, parte de la Cultura (con mayúsculas) nada ha escapado a su ámbito de comprensión, nada ha dejado de tener relación con esa manifestación del alma del hombre que es la forma de relacionarse con su entorno, de decir, a los cuatro vientos, como entendemos el mundo o como hacer que nuestra propia visión sea abrazada (simbólicamente, digo) por aquellos que entiendan que es correcta, adecuada a su forma de pensar y de ver su derredor. Todo es, al final, parte de la concepción poética que nos conforma; todo es expresión de un espíritu libre, cuando lo es; todo es, por último, fruto de esa semilla que tenemos sembrada en nuestro corazón.

Y todo esto es para decir, ¡Ay! que me despido hasta septiembre, hasta cuando la Verge de la Misericòrdia, con su fiesta y su siempre amada expresión, vuelva a recordarnos, también esta vez, que no sólo es madre de nuestro hermano Jesús (tocayo mío en el  segundo nombre) sino que también es amparadora nuestra en estos momentos de tristeza contenida, cuando sabemos que el tiempo, ese que siempre pasa, socorrerá nuestra nostalgia con la pérdida de una hoja más del calendario, cuando deje atrás este que nace agosto, ahora, cuando aún quedan, más o menos, cuatro semanas para que este que escribe esto, a las 23:22 p.m. de este 29 de julio de 2006, caluroso mes donde los haya, vuelva a hacerse presente, en palabra digital, ante los ojos de aquellos que, no sin misericordia y paciencia, sean capaces de llegar al final de alguna de mis columnas, líneas que, reconozco, no siempre son tan lúcidas como yo quisiera.

Y, como diría Octavio Augusto, emperador, en el momento de morir, si lo he hecho mal, déjenme salir de escena y si lo he hecho bien, despídanme con un aplauso.

Hasta pronto, adiós. Sobre todo, adiós.

Vale.

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