21 de septiembre de 2019 21/9/19
Por Eleuterio Fernández
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Aún sin materia y sin título

Para toda aquella persona que ha de escribir de forma más o menos regular, dejar volar las palabras para que, a veces, le lleven, donde ni siquiera pensaba que iba a llegar, ver donde las ideas le mudan el sentido a una de ellas o, simplemente, desarrollar algún tema, candente o pasado, listo para triturar o, por otra parte, digo con tristeza, algo rancio pero que, por eso de lo que siempre vuelve, no deja paso a lo nuevo, digo que para toda aquella persona que hace esto siempre, pero siempre, se ve avocada a la misma situación que se repite con fruición, como venganza del pensamiento a quien cree que a cualquier cosa puede sacarle punta so pretexto de disminuir el entendimiento de otros y menguando, por eso, su propia capacidad de conversión ante el mundo que le rodea que no siempre, no siempre, es malo.

Pero yo podría escribir, en esta semana, de temas tan importantes, y que han causado alguna pequeña polémica en este periódico digital, como, por ejemplo, del homenaje que el Ayuntamiento de Burriana hizo, el pasado 5 de mayo, viernes, a las personas, de este pueblo, que murieron a manos viles, en ese campo de concentración de nombre impronunciable y que un columnista, presente porque lo visitó según él dijo, dio vuelo a su pluma encantado, y feliz, de que se rindiera justo recuerdo a la memoria de aquellos mártires (por testigos) que eran de su época. Podría, también, escribir de todo lo que pretende hacerse con el Arenal, ese inmenso espacio donde todo puede tener acomodo, desde lo público a lo privado ya que sin mermar el poderío que puede ostentar el pueblo, como ente abstracto pero formado por personas concretas, pienso yo que también se puede dar desarrollo a otras cosas y no cegar la imaginación y el trabajo de otros. También, podría escribir de la situación del equipo de fútbol, que no parece ser muy buena por lo que veo escrito en este mismo periódico digital, o, también, por último, de lo que unos y otros piensan sobre muchos temas de carácter municipal, donde toda posibilidad tiene asiento porque yo, desde la distancia en espacio que me separa de la Plana Baixa, también puedo ser capaz de entrever lo que pasa, aunque, por supuesto, no pueda ser capaz, esto es posible, de palpar con la cercanía necesaria, el mismo ámbito de lo local. Por algo estamos en esta sociedad de la información donde toda cercanía es posible, en esta separación.

Veo que también esta semana podría decir algo de muchas cosas, pero... tiempo muerto.

Muchas veces hay que pedir un tiempo muerto, un espacio, aunque sea pequeño, en el que ante el no tener nada que decir o, para ser más exacto, no tener tema, cuestión, cosa, argumento, etc, que sea concreto, que desarrollar, podemos hacer uso de eso tan sugestivo que es decir que la nada nos acoge, que el lenguaje no está muy fino con los dedos con los que escribimos en este teclado que sustituye a la pluma, cuando así lo hace. El caso es que este recurso, tan ingenuo pero tan efectivo, pues estando sin tema te da uno del que hablar: no saber qué decir, es, digo, el que voy a utilizar esta semana.

Como no he sido el primero en hacer mención de esto ya que otro compañero de Opinión entendido en biología y, por decirlo así, manejador de latinajos al por mayor (esta especie de personas ya sabrán lo que quiero decir), tengo que reconocer que en esto, tampoco, soy imaginativo ni innovador sino que esta semana, como él mismo en otra pasada, voy a hablar de no hablar, decir de no decir, comentar de no comentar, como si fuera un convencedor de convencidos, un enamorado del vacío, un bluf, un sinsentido.

Porque, por ejemplo, y por no ir más allá de lo cotidiano, temas como los de las cruces de mayo de este 2006, Escorredor enseñoreándose de sus obras, con ese reflejo de la fe que, en flor, dignifica el tema del que tratan, con ese amor sentido de creación para el recuerdo de María, madre de Dios y madre nuestra (ya pueden irse a otra columna los alejados, perplejos o ignorantes, por desconocedores absolutos, de lo religioso) y ante el cual sólo cabe decir: ¡gracias!, gracias por poner la imaginación al servicio de tal estruendo de sentimientos que, quizá, sólo puede ser expresado con la sencillez natural de una flor, imagen cierta del poder de Dios. Pero, también pueden surgir a la palestra, sin tener nada que decir, las diversas, y últimas exposiciones que en la La Mercé se están, o han, sucedido, con la diversidad de estilos que agradece la vista, ese sentido tan sufrido... o, también podría ser, la proximidad de las elecciones municipales, tan sólo queda un año para ellas, y de la contienda, cercana y nuestra, que entre los líderes (¡palabra usada muchas veces sin correspondencia al nombre propio a quien se acompaña!), con toda seguridad se producirá: si Ferrada ganará solo o en compañía de otros, si habrá tri, o bi, partito opositor que se alíe para vapulear al gobernante actual, si, en lo pequeño que, al fin y al cabo es lo local, tendrán repercusión casos conocidos a nivel nacional (¡he dicho nacional, espero que se me perdone!) y que, como muchas veces sucede, pasa, como sin querer, Zapatero visto desde Burriana tenga el mismo sinsentido que visto desde Valencia, desde donde escribo, que su apariencia, afectada y alicorta, devenga algún interés en esta comarca de la Provincia de Castellón, tan alejada pero tan cercana y para la cual no deseo tal mal.

En fin, que, a veces, cuando no se tiene nada que decir, cuando nada se nos ocurre, acuden a la memoria, como reclamando su sitio en la actualidad, algunos quehaceres que, a veces, también, quedan olvidados por mor de una realidad en la que nos movemos y que nos impele, aunque no queramos, a dictar al dictado de unos hechos que son, al menos para nosotros, para quienes tecleamos el resultado final de un pensamiento, el mismo mundo que pisamos, una forma de entender este suelo que, aunque sea distanciado, no es más que tierra de una misma tierra, verso sobre el que pasamos, si puede ser, sin hacer demasiado ruido y, si eso es posible, sin ansiar ningún premio más que el que nos pueda dar quien nos creó, al final de este camino.

¡Bendito sea el vacío de ideas, que tantas ideas contiene!, porque aún sigo sin materia y sin título y ya he acabado esta columna.

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