26 de agosto de 2019 26/8/19
Por Eleuterio Fernández
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Esa instrucción tan difícil

Amables lectores. Todas las personas que tenemos hijos en edad escolar nos preocupa eso que llamamos instrucción. Sabemos que ésta se diferencia de la educación en que se proporciona, aquella, en los centros escolares (públicos, privados, concertados, o en el régimen que sea) mientras que la educación se ha de procurar en el hogar, donde se empieza a vivir la vida en esa pequeña comunidad que se denomina familia tradicional y que muchos pretenden destruir acudiendo a intenciones políticamente correctas que sólo encubren la malignidad de su voluntad.

Pero, claro, como suele decirse, cada hogar es un mundo y no es cuestión, ni moralmente admisible, entrar en ese tema; más bien, al contrario, se trata de ver y conocerlo que es esa instrucción tan difícil por la que parece que no pasan los años de competencia de escasa comprensión y lo que determinados casos muestran del ejercicio público de este campo.


Pleno de las Cortes en Burriana (foto de elperiodic.com)

Cuando las Cortes Valencianas, los días 14 y 15 de febrero pasado, se reunieron en Burriana (concretamente, en el iglesia de El Salvador), además de distorsionar el ejercicio del poder legislativo valenciano con este tipo de extrañas salidas (¿se imaginan que cada mes se reuniera el Pleno del Ayuntamiento en un barrio determinado de Burriana? ¿tendría, esto, algún sentido?) y halagar el ego de los políticos locales, se produjo algo a lo que sólo se me ocurre llamar “el ejercicio exitoso de la protesta oportuna”.

Y me explico.


Imagen de la protesta (fotografía de elperiodic.com)

Parece ser que el denominado Colegio nº 5 (nombre, para empezar, falto de la más mínima imaginación y que con un pequeño esfuerzo, por parte de quien corresponda, podría solucionarse) tenía algunos problemas a los que no se daba el cauce correcto de arreglo; algunas demandas a las que, al parecer, se hacía oídos sordos. Y acudieron, ni cortos ni perezosos, representantes del citado centro público, a las puertas de las trasladadas Cortes Valencianas, para presentar sus protestas mediando pancarta, que es el medio más adecuado para hacerse entender cuando no se presta la debida atención a lo que se dice. Lo digo por lo vistoso que es.

Como por arte de birlibirloque, seguramente por querer quedar bien con el Presidente de la Generalitat Valenciana, que además se vio en la obligación de dar la cara ante aquellas personas, se le dio solución a las demandas del AMPA del citado Colegio nº 5 (para el que, desde aquí, pido un nombre más admisible) de forma inmediata. También, y correspondiendo a la lógica política, el día 21 de febrero pasado, es decir, al día siguiente de que todo se hubiera arreglado, el Sr. Alcalde de Burriana y el Sr. Concejal de la competencia educativa, visitaron la zona afectada (para bien) por la aparición repentina del poder efectivo.

Sin embargo, no todo parece que se arregló con tanta perfección.

A pesar de que el AMPA del Colegio José Iturbi también ha planteado otras quejas de forma similar, no parece que lo hicieran de forma correcta ni, sobre todo, en el momento oportuno. La intervención de algunos de sus miembros en el Pleno del Ayuntamiento, pancarta en mano, parece que no ha gustado en exceso. Incluso se dijo que estaban dando un lamentable espectáculo lo que, como ese obvio y humanamente entendible, produjo el correspondiente malestar en los miembros del AMPA citados pues lo lamentable es que no se hubiera solucionado la causa de lo que produjo aquella protesta (recordar, aquí, esa expresión jurídica que dice que causa causae est causa causati, es decir, que la causa de la causa es causa del mal causado, podría servir para el entendimiento de más de una persona)


Protestas del AMPA del colegio José Iturbi

En muchas ocasiones, se dice que este método, el de la pancarta, no es el apropiado. En este mismo periódico un colega de opinión, Michel, ha escrito que algunas actitudes, como estas de los miembros del AMPA del colegio nº5 a la salida de las Cortes Valencianas, podrían calificarse como “pancarteras” y que, además, daba la impresión de estar manipulas por la oposición (al menos, esto es lo que he entendido yo al leer su artículo publicado el día 7 de marzo de 2007 titulado La política educativa municipal y “los pancarteros” ) Y yo, esto, como es obvio, lo puedo trasladar al caso del Colegio José Iturbi, del que, además, se hace mención en el citado artículo, pues es un hecho similar. Y todo esto es una opinión que puede aceptarse como otras, como expresión de un pensar. Sin embargo, a pesar de la apariencia, lo que importa, en este caso, no es el método utilizado para protestar (muchos menos vistoso en el Ayuntamiento que frente a un Pleno “sui generis” de las Cortes Valencianas) sino la razón de esa protesta y, sobre todo, la causa de que no se atienda pues, como muchas otras veces, lo que parece no es lo que es. Por ejemplo, hacer una entrada el centro (hablo del Colegio José Iturbi) un tanto mayor para, en caso de incendio u otro suceso, sea factible, que un coche de bomberos o una ambulancia pueda hacer su trabajo dentro del centro público, así como tratar de evitar el embotellamiento de personal que se produce a la entrada de ambos colegios (de la parte de educación primaria del colegio número 5 y el mismo colegio José Iturbi).

En primer lugar, es de suponer que la preocupación de los padres, representados por la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del Colegio José Iturbi ha de ser, al menos, igual de importante que la del caso solucionado con prontitud y prestancia; es de suponer que tanto unos alumnos como otros tienen derecho a que la instrucción que reciben y que les imparte, tenga, al menos, una misma posibilidad de ejercicio y recepción; es de suponer que todos los padres y todas las madres, de ambos colegios públicos, deberían de sentirse acogidos cuando plantean lo que, entienden, son reivindicaciones justas. Sin embargo, ¿por qué no se hace frente a unas y sí a otras, al menos, en un principio?

Esto debe formar parte del misterio que toda acción política conlleva. Es cierto que actuar en un Pleno municipal pancarta en mano no parece que sea la forma más diligente de actuar. Sin embargo, también es cierto que, muchas veces, visto el éxito habido en otras ocasiones, no hay, ni queda, salida mejor que hacer patente la protesta de esta forma, digamos, tan particular pero, tristemente, tan necesaria hoy día.

A pesar de todo esto; a pesar del nerviosismo que suele abundar en los partidos gobernantes cuando unas elecciones se acercan; a pesar de la posibilidad de jalear al pueblo que se puede tener desde la oposición a los partidos gobernantes cuando la inmediatez de unas elecciones es patente; a pesar de las conveniencias de unos y de otros y de los aprovechamientos que se pueden hacer de las circunstancias, lo cierto es que el problema persiste; lo cierto es que lo que se debería atajar de forma radical pero no se hace por no se sabe qué extraño concepto del servicio público y de la oportunidad y forma de la protesta; lo cierto es que se debería coger el toro por los cuernos y dar solución, que seguramente no será de tan difícil como parece; lo cierto es que, por bien de todos pero, sobre todo, por el bien de los niños que, recordemos y como se dice siempre, son nuestro, vuestro, su, futuro, se debería de dar un paso hacia delante y, olvidando lo sucedido y las consecuencias políticas de ello, actuar, de forma radical, al servicio público para el que, se supone, trabajan, y ordenar, reglamentariamente, que la disfunción que, aún, persiste, sólo fuera un mal recuerdo en la memoria de muchos.

Al fin y al cabo, esto también ha de tener algún rédito político; el arreglo, digo.

Pues eso.

Hasta aquí lo que había escrito. Sin embargo…

Postdata: El pasado día 14 de marzo, hace bien poco, el candidato a la alcaldía del Partido Popular, Sr. Calpe y el Concejal de Educación, Sr. Ferrer, dieron un paso hacia delante y, olvidando, o no, lo pasado, pero cumpliendo su deber de servidores públicos que es lo que les corresponde, mantuvieron una reunión con el AMPA del Colegio Público José Iturbi en el que se plantearon los problemas citados, así como su posible solución. Las noticias que le han llegado a este columnista son del tenor que sigue: en breve tiempo se va a dar solución al problema de la puerta, no vaya a ser que tengamos que lamentar alguna desgracia y aquel se corrija a destiempo, como, muchas veces, pasa en España.

Repito lo de antes: al fin y al cabo, esto también ha de tener algún rédito político; el arreglo, digo.

Pues eso.
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