21 de noviembre de 2019 21/11/19
Por Eleuterio Fernández
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Filarmónicos

    En memoria de Jorge Vicente Rodríguez la Agrupación Filarmónica Burrianense (AFB desde ahora) grabó un disco compacto hace ahora algo más de siete años, en el que desplegan (hago presente el verbo porque es fácil sentirlo así) su poderío musical. Destaca, en el repertorio preparado para la ocasión, “El Fantasma de la ópera”, musicalizado y cantado, lo cual le otorga un agradable sentir a la par que se descubre, humildemente lo digo, lo grande que puede llegar a ser este tipo de música.


    (Portada del disco compacto)

    Pero, sobre todo, puede ser “degustada” la pieza titulada “Burriana” que emociona a los que, como el que esto escribe, pueden deleitarse con las expresiones musicales de estos algo más de tres minutos de duración, en esta cercana lejanía, donde toda ayuda para el recuerdo agradable y sentido siempre es poca y bien recibida. Junto a estas piezas, también alegran el oído otras como las tituladas “Myriam López”, “Diego de Acevedo” y “Divertimento” (de Bernstein)


    (Repertorio)

    Muchos han sido los componentes de este grupo de músicos desde que en 1867, en los correspondientes actos oficiales y procesiones, comenzaran a recorrer las calles de aquella lejana Burriana del siglo XIX, donde el comercio de la naranja ya había tomado buen asiento y la bien ganada fama de su producto corría por muchas partes de Europa. Pero, desde entonces, y es fácil suponerlo, muchos habrán sido los avatares que habrá conocido la Banda, muchas las horas de ensayo, muchas las participaciones en conciertos, como por ejemplo en  la muy reciente participación el día 30 de abril pasado en el XXIX Certamen Provincial de Bandas de Música y del que reproduzco  una instantánea de algunos de sus miembros (tomada de elperiodic.com)



    (Algunos “culpables” del deleite de nuestros oídos)

    Y muchas habrán sido las veces que habrán participado en actos locales acompañando en las alegrías (como en las fallas o en la fiestas de la Virgen de la Misericordia), en la contención (como en la Semana Santa) y, porqué no decirlo, en la tristeza de verse “obligados” (agradecimiento obliga, en este caso) a acompañar a algún miembro de su seno que ha ido al seno del Padre, tras su féretro, camino de encontrarse con el rostro, también musical, de Dios (¿pues, qué es la música sino la expresión y forma que el hombre tiene de armonizar sus sentimientos con la alegría gozosa de llegar a los oídos y corazón del Creador?).

    Como experiencia personal del trabajo y entrega de los miembros que, a lo largo de los años, han colaborado en hacer grande a la AFB, tengo a muchos conocidos; la familia Giménez Monsonis, pegados al clarinete, Luis Torres Torres, Juan Torres Pliego…y más recientemente, a mi propio sobrino Jesús David Fernández, percusionista diverso y colaborador con el estruendo que la burrianense Reyes Martí formó en la mascletà del día 8 de marzo pasado en la Plaza del Ayuntamiento de  Valencia y en la que se adivinaba, yo mismo fui capaz de darme cuenta de esto sin saber nada, que un ritmo latino hacía vibrar el cielo de Valencia.

    Son tantas las personas y las veces que, personalmente, he visto y acompañado en su peregrinaje por pueblos y ciudades, ofreciendo conciertos que alegraban el corazón de los oyentes, tantas las veces que he visto el esfuerzo en aprender, en mejorar, en perfeccionar tal o cual nota que, por eso, rindo este humilde homenaje de quien ya sólo puede deleitarse el oído con el sonar de su música grabada.

    Este recuerdo, digo, grabado a fuego de sonidos, en la memoria y en aquel lugar del alma donde tiene asiento lo más dulce de la condición humana, quisiera que fuera una melodía filarmónica, como amante de la música, como llevado de la luz que puede mostrar un compás o un acorde, rememorando aquellos instantes en que no era, ni es, fácil, contener el torrente de lágrimas que puede ocasionar, ocasión es para ello, el dejarse acoger en el suave seno de la música de esta Banda de Burriana.

    Sobre todo yo admiro el espíritu sinfónico (es decir, el sonido acorde de instrumentos y, cuando es necesario, de voces, como sucede en este “Fantasma de la ópera” que he citado antes) que tienen estas más de cien personas que constituyen la insignia, el buque insignia podríamos decir, representativo de Burriana allá donde el hilo sutil que une espacios alejados viene recorrido por alguna obra que trae, al instante, la presencia de sus calles, a nuestra memoria y a cuya batuta se encuentra J. Luis Tur Gómez. Tal es el poder de esa música.

    Y más que sobre todo, más allá de esa admiración de quien no sabe de este Arte (con mayúscula lo escribo para que se vea la importancia que tiene para mí mismo) que es la música más que el placer que le produce el oírlo, el sentirlo, sobre todo, digo, lo que más admiro es esa perseverancia, esa no dejación en el intento de que su trabajo permanezca presente en la vida de cada quien que lo recibe, esa virtud esencial, por básica, de trasmitir su don a todos los que quieran enriquecer su vida con este todo armónico, a todos los que, de una manera u otra, se ven sorprendidos por unas notas que oyen, inesperadas, paseando, y, de repente, comprenden que ahí también está el amor, que esa recepción de lo bello del mundo, que ahí también pueden encontrar consuelo a la agonía por la que puedan estar pasando y que, también, ahí pueden encontrar refugio, cauce, camino en su estar en esta tierra por la que pasamos.

    Agrupación de amantes de la música de Burriana, Agrupación Filarmónica Burrianense, tan sólo esto, ¡cuánto puede caber en unas siglas, AFB, en un sentido que da sentido a todo!


    Desde este mi aquí, gracias por vuestro espíritu, y que perdure siempre, que siempre podamos decir, como estoy seguro de ello, que en la estela que queda tras sonar unas notas, se encuentra la exacta expresión del corazón, donde tiene asiento todo bien para nuestro ser.


    Y sólo eso.

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