17 de noviembre de 2019 17/11/19
Por Eleuterio Fernández
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Un espacio de luz

    En 2008, el Templo de El Salvador, de Burriana, se va a transformar. Lo va a hacer con motivo de la celebración, entre sus santas paredes, de una gran exposición titulada “Espais de llum” a modo similar a como se han celebrado, en España, durante los últimos años (Edades del Hombre, por ejemplo, de gran éxito allá dónde se organiza) y, últimamente la titulada “Lux Mundi” que se lleva a cabo en Xàtiva desde el pasado més de abril y que está recibiendo, según lo dicho antes, una multitud de visitantes desde que abrió sus puertas.

    (Fachada El Salvador)

    Es por esto que el título de esta columna es el que es: “Un espacio de luz” porque, como he dicho, se va a convertir, el interior de esta Iglesia enseña del arte gótico (lo que queda de él) y Monumento Histórico-Artístico, en un puro museo, pero en una clase de museo muy especial: el de la Iglesia y el hombre, el de la relación entre la Esposa de Cristo y el tiempo que le tocó vivir y ahora, claro, le toca.

    También se dice que cuando se produce la apertura de exposiciones como ésta de la que hablamos ahora se mejora, claro, el aspecto económico: que las visitas que acuden a verla hacen un gasto no desdeñable en los establecimientos del pueblo que sea, que los hoteleros alegran su vida, etc. Sin embargo, a pesar de ser, éste, un aspecto importante, no se trata, aquí, de eso sino de acudir al ámbito más espiritual del asunto, meollo de todo esto pues, además, el Templo será restaurado y eso, se quiera o no, le dará más vida material, lo que no es descartable como importante.

    (Visita al templo de El Salvador)

    Pero lo que es, a mi modesto entender, poco discutible, por más que se quiera discutir e, incluso, obviar, es lo que supone para Burriana (además de para Vila-real y para Castellón, lugares donde, también, va a celebrarse esta magna exposición) que en uno de sus templos, el más, digamos, importante (aunque sea, sólo, por antigüedad y categoría humana) se vayan a poder ver y gozar piezas de carácter religioso que, seguramente, pocas veces podremos haber visto e, incluso, podremos volver a ver. Esto supone, como poco, una gran ocasión para agradecer, a quiénes puedan prestarlas (si no es la Iglesia misma) para contemplación ajena tal cosa.

    Pero, además, la importancia radica, sobre todo, en lo que supone para el revivir espiritual de Burriana y de las personas que venga a visitar tal magna obra. Supondrá, seguro, un encuentro con muchas obras que no se conocían, lo que traerá alguna que otra consecuencia buena para esas personas; supondrá, también, un reencuentro para aquellas personas que ya tienen conciencia de lo que son, espiritualmente hablando, y quieren, con esa afirmación, sentirse mejor consigo mismo.

    (Vista aérea de El Salvador)

    Una de las fotografías que podemos contemplar aquí es la que corresponde al techo de la Parroquia de El Salvador. Es, digamos, la parte que más en contacto está con el cielo y, aunque sabemos que, espiritualmente ese espacio no corresponde con nada que sea físico sino, eso, espiritual, pues es conocido que popularmente se suele identificar una cosa con la otra y, así y por eso, que se lleven a cabo obras que, al fin y cabo, restauren estas partes materiales del Templo no deja de significar, para los creyentes, la necesaria restauración del alma que a todos los corresponde.

    Aunque es comprensible que haya personas que no sepan, ni entiendan, ni quieran saber nada del aspecto religioso de este caso, lo cierto es que para una gran mayoría de vecinos de Burriana y alrededores, o más lejanos lugares, es importante, y mucho, poder contemplar exposiciones como ésta lo que, seguramente, afirmará su fe.

    Los demás, al menos, podrán criticar lo que se haga. También es una posibilidad que tienen, de igual rango, pero no mayor, que la de las personas que entraremos por las puertas de El Salvador para gozar del Arte en mayúsculas, porque mayúsculo es el Amor que lo sustenta.
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