12 de noviembre de 2019 12/11/19
Por Eleuterio Fernández
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Diners

    La verdad sea dicha, y con franqueza lo digo, el tema de esta columna, un tanto especial por lo que trata, no lo tenía pensado. Me lo han dado hecho ya que, con insistencia se trata la cuestión del dinero, de la pasta, con relación a la Iglesia, y no sólo de la asignación tributaria que recibe de la voluntad de los particulares, manifestada así, en sus declaraciones del IRPF (¡que no del Estado!)

    El caso es que, repito, dada la insistencia con que se dirigen, muchos, a las instancias, muchas veces mediadoras, de los medios de comunicación, para hacer ver que en la visita del Santo Padre Benedicto XVI a Valencia los días 8 y 9 de julio del presente 2006, hay un dispendio económico tal y un despilfarro que no se explica ni de dónde viene ni quién lo paga ni, creo yo, quién se beneficia de esa inversión de dinero.

    En primer lugar, el dinero que se pueda gastar una televisión pública en este tema, como en otros, ni sé cual es ni me importa lo más mínimo. Personalmente creo que mucho del dinero que se emplea en este medio de comunicación, éste y otros por el estilo, podría ser aprovechado mejor en otras cosas, pero entiendo que el hacer uso de los euros que hayan sido tiene una evidente función pública, como muchas otras campañas que se hacen en muchos sentidos que todos conocerán. Esta función pública es, evidentemente, necesaria, aunque pueda pensarse que esa cantidad de euros se gastaría en otra cosa con mejor provecho. Es posible, no seré yo quien diga que no. Seguramente si se preguntara a Benedicto XVI si eso sería lo que se debería haber hecho, diría que sí, que ese dinero, mejor para otra cosa. Sin embargo, la difusión de unos actos tan importantes, tan importantes, tan importantes (lo repito, no me he equivocado) como los que se van a producir, han de ser difundidos como corresponde. Otra cosa sería dar la espalda a la realidad.

    El otro dinero público, el que se gaste en estos acontecimientos (de parte del Ayuntamiento de Valencia y de la Generalitat Valenciana) y en los que sean colaterales a los mismos, seguramente tendrán una compensación, también para todos, ya que, la difusión del Encuentro Mundial de las Familias atraerá a mucha gente de todo el mundo que dejará algunos beneficios económicos, conocerán una tierra que, a lo mejor, nunca podrían haber conocido, lo comunicarán a sus amigos y vecinos. Es decir, que esto tiene un evidente efecto expansivo y que, por eso, ese dinero nunca es mal empleado ni tirado a la basura ya que el que la Comunidad Valenciana, en este caso Valencia capital pero, en extensión, todo lo demás, sea conocida por el mayor número de personas depende, entre otras cosas, de cosas como de las que estamos escribiendo y hablando ahora, de esto que, al parecer, no parece ser lo suficientemente importante para algunas personas, que, aunque sean muchas, eso no desdice de que lo gastado esté bien gastado y lo hecho, quizá podría haber sido mejor hecho, pero lo hecho, digo, está bien hecho, y el trabajo bien trabajado.

    Yo preguntaría cuál es la razón para que el Presidente del Gobierno, Sr. Rodríguez Zapatero, tenga tanto interés en salir en la foto con el Santo Padre, cuál es la razón si el dispendio es tan grande por parte de muchos servicios públicos que son, eso, públicos, y, por eso, han de servir al público. ¡Son cosas que pasan! Apuntarse un tanto por parte de quienes no han jugado el partido es muy típico de arribistas y personas aprovechonas. Pero, en fin, son cosas que pasan, digo, y, seguramente, no se podía esperar algo distinto: una cosa es predicar y otra dar trigo y, en este caso particular, una cosa es asediar y acosar todo lo que sea o parezca católico y otra permitirse el lujo de perder una ocasión tan importante para darse importancia. ¡Qué pena, si así lo cree! Seremos indulgentes, como no puede ser de otra forma. Eso sí, es una indulgencia a título particular, pero pensada, meditada.

    Por otra parte, y esto es lo que más me interesa, pues lo otro trátase de unas economías ante las cuales poco podemos hacer, el dinero gastado por lo que es la organización, y que muchas veces se echa en cara a la Iglesia esa clase de gastos, es, este tema, precisamente, el que más fácil resulta de defender.

    Muchas veces se dice que se podría utilizar el dinero de otra forma. Sin duda esto es cierto ya que siempre se puede utilizar el dinero de otra forma. Pero, al parecer, no suele repararse en una cosa muy importante, en un detalle relevante, radicalmente básico, elemental. Esto lo he aprendido, porque muchas veces no se cae en ello, de mi párroco, de uno de los dos, del más mayor. El dinero gastado, al igual que cuando se gasta en, por ejemplo, la construcción de una Iglesia, tiene un destinatario que no es otro que las personas que hacen determinados trabajos. Lo que quiero decir es esto tan sencillo: cuando alguna parte de la Iglesia se gasta un dinero en la construcción, preparación, realización o producción de cualquier acto o cosa siempre hay unas personas que, casi siempre, no pertenecen a la misma Iglesia, que tienen que llevar a cabo las labores de construcción, preparación, realización o producción de esos actos o cosas. El caso es que, miren por donde, esto da lugar a lo que se llaman externalidades, es decir, a realidades que se producen fuera de aquello que origina determinada cosa, que son consecuencia de lo producido y que, a primera vista, no parecen tener importancia. Es algo en lo que, muchas veces, repito, no caemos.

    Esto lo que quiere decir es que para, por ejemplo, montar el altar donde se van a celebrar los actos del día 8 y 9 de julio, para montar todo aquello necesario para que se desarrolle con éxito, es necesario que alguna empresa lo instale, y esa empresa cobra dinero, y ese dinero engrosará los bolsillos de los trabajadores, que cobrarán, a lo mejor, por hacer horas extras; que cuando una empresa ha de montar miles de mochilas que hemos pagado, CON NUESTRO DINERO, aquellos que hemos podido, y querido, y que contienen algunos elementos necesarios para participar mejor en todos los actos, esa empresa, digo, habrá ganado dinero y, por eso mismo, sus trabajadores, a lo mejor, abocados a un período de tiempo sin trabajo, o con un trabajo menor, han podido llevar a sus casas un dinero que no se esperaban; que cuando alguna empresa ha tenido que preparar miles de metros de bandera del Vaticano porque era reclamada por los PAGADORES DE ESAS BANDERAS, esa empresa ha tenido un trabajo que, a lo mejor no se esperaba y, eso, a lo mejor, digo, ha venido bien a sus trabajadores; que, cuando unas empresas han tenido que llevar a cabo unos trabajos especiales para colocar muchas carpas que darán de beber al sediento, esas empresas habrán engrosado sus cuentas económicas con ese dinero que parece que sale de la Iglesia pero que, también, parece que no se sabe dónde va.

    Así podría estar hasta pasado mañana escribiendo todo aquello relacionado con el dinero, con els diners, que también se diría, pero, el caso es que ayer mismo, escribo esto el 28 de junio de 2006, llegaron las mochilas a mi parroquia y estoy deseoso de recogerla para ver el fruto de MI INVERSIÓN ECONÓMICA, para ver que con mi dinero, y el de muchos MILES de personas, alguien ha podido trabajar algunas jornadas con algo que no se esperaban.

    Esto es por lo que, en lo referente al dinero empleado en estos actos, nada es lo que parece, como casi siempre, y las apariencias engañan, como también muchas otras veces. Y cada cual coge de lo que le interesa un poco.

    ¡Ah!, para acabar. Mi hijo también tuvo que ir a barracones durante una larga temporada en su Centro Público, pero eso, por supuesto, daría para otra columna en la que, creo, todos estaríamos de acuerdo. Lo digo esto para que quien crea que equiparar una cosa con la otra, el dinero que se utiliza para una y el que no se utiliza para otra, no va a ser criticado por mí, va listo. Mi sometimiento a alguien, por ideología, equivale a esto: a CERO.

    Y otra vez amén. O sea, así sea.

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