20 de agosto de 2019 20/8/19
Por Eleuterio Fernández
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Cosas de las que es mejor no hablar

El día 30 del pasado mes de abril, este periódico, en su edición de Burriana, daba la noticia según la cual la Concejalía de Cultura iba, va, a crear un fondo documental con imágenes del bombardeo que sufrió nuestro pueblo en los fatídicos años de la Guerra Civil (1936-1939), concretamente los días 22 de diciembre de 1937 y 16 de enero de 1938. Hasta aquí todo está muy bien. Sin embargo, si bien miramos esto, esta idea, podemos preguntarnos cuál es la razón de que se pretenda, una y otra vez, remover lo que nunca tiene que removerse pues ya se sabe que, por ejemplo, el agua sucia cuando se mueve, se enturbia y queda peor que como estaba antes.



Esta columna está ilustrada con dos fotografías (tomadas de este periòdic.com) que se presentaron ese día y que recogió la noticia de la que he hablado antes. Está ilustrada, esta columna, con instantáneas terribles, pues muestran, a vista de pájaro, de mal agüero, lo que, desde el aire, aquellas personas que dejaron caer su carga mortífera, podían ver, seguramente regocijándose de lo hecho: una de ellas, la primera, tiene, o se ve, una panorámica general del pueblo en aquel entonces y la segunda se acerca más a tierra, llegándose a ver el impacto de las bombas o, para ser más exactos, a las bombas impactar. Todo la mar de ilustrativo.

Independiente de la puntería de los pilotos, francamente mejorable para los objetivos pretendidos (el puerto, la estación de ferrocarril y los puentes sobre el Mijares), lo que me gustaría destacar, volviendo al tema de estas líneas, es el por qué se tiene que volver a recordar aquello. Bien se puede decir que, en el marco de la concejalía que promueve este trabajo, y siendo el director del Museo Arqueológico, D. José Manuel Melchor, quien, en fin, ha llevado a cabo la investigación, pues no deja de tener su lógica. Pero creo yo que es una lógica fuera de tiempo, alejada de la realidad moral y espiritual que vive, hoy día, Burriana.

Y me explico.

Se suele pensar que el estudio de la historia, de aquello que ha pasado, no deja de ser un ámbito más de la realidad que nos, les, ha tocado, tocó vivir, a aquellos otros nosotros, a aquellos que anduvieron por los caminos de este mundo en otro tiempo aunque fuera en el mismo lugar; se suele decir, e incluso escribir, que cuando se hace historia, cuando se piensa y medita sobre ella tan sólo se hace para comprender mejor lo que sucedió y, si es posible, para que no se repita si es malo aquello que pasó; se suele decir, también, que oponerse a esto es mostrar una actitud algo atrasada y escondedora (si es que se puede decir así o si no es así la intención creo que se entiende) de algo que no nos gusta mostrar. En fin, que suelen decirse tantas cosas como intenciones se tenga de traer a la actualidad cosas que no son, como sabemos, sólo y exclusivamente temas históricos sino, al contrario, temas muy presentes porque otras personas, quizá no ataviadas con el manto del estudio, hacen lo mismo con aviesas intenciones.

Esto lo digo porque sabemos todos, o al menos algunos, que cuando se trae a colación el tema de la confrontación fraticida que todos conocemos se unen, para estallar, otros que desde hace algún tiempo (quizá algo más de tres años) tratan de hacer revivir, como si no hubiéramos tenido bastante, los que la pasaron y nosotros, con aquellos tres años de muerte y desazón, como si no hubiera sido bastante ya, como si quisieran, si es eso posible, obtener algún beneficio de aquello, tantos años después. Creo que entienden, amables lectores, lo que quiero decir: desenterramientos (sólo de una parte de los contendientes), leyes para reconocer la memoria que llaman “histórica” pero de una historia a la que, después de tantos años manipular, aún quieren sacar algo de provecho, como ordeñando a una vaca ya entrada en muchos años y con las ubres secas y exhaustas, tratos con el pasado pero jugando tramposamente pues olvidan lo que les interesa…



Yo decía, en el mismo título de esta columna, que hay cosas de las que es mejor no hablar y ésta, claramente, es una de ellas. Y yo digo esto a pesar de que sé que no es políticamente correcto. Pues a mí esto me parece de lo más incorrecto, o sea correcto. Considero que no es ser muy progresista el que continuamente vuelve su mirada hacia atrás, buscando en el pasado, algún recuerdo que le sirva de catarsis y remedie, de su corazón, la congoja que le agobia, desde hace tanto tiempo, por lo perdido. Sin embargo, y a pesar de todo, y de todos, el caso es que, al que esto escribe, si bien alguno, o algunos, pueden pensar que soy de los que ganaron la guerra (esto no es posible saber pues cada cual tiene una vida particular y una evolución ideológica que no vienen al caso) y que a esto no debería darle importancia y que me debería dar igual lo que se traiga al recuerdo de aquel entonces, pues yo digo que, a pesar de todo esto, sobre algunas cosas no vale la pena decir más (¡quizá sí para otros!) porque es mejor no mover lo que ya estaba quieto.

Sin embargo la noticia que ha dado lugar a esta columna nos dice que, también, las fotografías “permiten conocer cómo era Burriana en aquellos años, la formación de l’Arenal…, el entramado urbano de los poblados marítimos”, etc. Es una pena que no se haya hecho hincapié en estas cosas que, por estar más pegadas a lo común de la vida ordinaria, quizá darían lugar a que se mostrara un interés por esas fotografías que el Sr. José Manuel Melchor encontró cuando hacía su tesis doctoral. Lo que importa es el aspecto que se destaque y creo que hacer un fondo documental sobre un bombardeo estará muy bien para una política de las denominadas “progresistas” (que muy sabemos lo que quieren decir y lo que son) pero para el porvenir de un pueblo pues no son lo más adecuado.

Aunque quizá se trate de un tema de oportunidad política. Quien sabe.

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Cosas de las que es mejor no hablar
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