18 de agosto de 2019 18/8/19
Por Eleuterio Fernández
Periòdica Columna - RSS

De Castelló a Almassora passant pel Grau

Aunque ya hace más de 100 años que la popular Panderola empezó a circular por Burriana, ha sido ahora cuando la Corporación municipal de nuestro pueblo ha dado en pensar que, quizá, sería conveniente, revitalizar la zona donde se encuentra tal monumento al esfuerzo humano, en la denominada Plaça de l’Estacioneta (muy propio el mismo) aprovechando esa inercia que se produce, siempre, cuando algo cumple 100 años.

 

La Panderola, que podemos ver en estas imágenes ilustrativas de otra época, haría el recorrido de forma pausada, sin los accesos de prisas que determinan a sus sucesores y que, raudos, corren por parecidas vías. Los momentos, ya eternos, que quedan fijos en estos blancos y negros, muestran una quietud digna de ser llamada así. Y el billete que aquí se muestra, u otro parecido, daba acceso a aquel recorrido que sería, por así decirlo, como un camino donde el discurrir era suave sin las prisas de AVEs y cosas por el estilo.
Estos personajes anónimos que aquí aparecen son muestras exactas de un permanecer en el tiempo colgados de un instante, aquel en el que viven, y dejarnos, a muchas décadas de distancia, la seguridad de que, olvidados sus rostros, iluminan nuestro paso y nos encaminan hacia donde deberíamos ir: allí donde la tranquilidad y el dulce surgir del recuerdo nos lleven, aunque no conozcamos causa y origen del mismo.
Por eso, cuando, ensimismados con nuestro mundo, atragantados con la angustia de no poder abarcar nuestro sueño, queremos sobrevivir a las asechanzas más diversas que nos acosan, nada mejor que acudir, aunque sea someramente, por no quedar, en exceso colgados (en esto, también, ¡ay!, hay que ser comedidos), de él, del rastro dejado en nuestro corazón, por esas imágenes que suavizan nuestro camino, seguramente, reposando en ellas nuestra mirada podremos surgir, de nuevo, a la vida, a la que nos quitan.
Porque también, en cierto modo, permanecemos esperando, cuales viajeros que, a que llegue ese tren que, si es posible lentamente, nos lleve por los caminos de nuestra via a un destino que, seguramente, ignoramos y hacia una meta que, deseada, quizá no alcancemos. Pero ya se sabe que en el viajar lo que más se disfruta y se goza no es el viaje mismo sino su preparación que es, exactamente, lo mismo que sucede en la vida (y si no creen esto que digo prueben, la próxima vez que sepan que van a tener algo o a conseguir algo si no es mejor ese esperar imaginando lo que, luego, será, que el hecho mismo de hacerse con lo que sea, material o espiritualmente hablando).
 
Por eso, si desprendemos de nuestra vida las ataduras del presente, que ciertamente son muchas, y nos dirigimos a esas instancias del recuerdo donde aún quedan esperanzas, entonces deberíamos sucumbir al hechizo de ese rastro vivificante de luz que puede apreciarse al dejarse vencer por estos contrastes de luces y sombras, Panderola presente, que, con facilidad, hacen que alguna lágrima caiga y moje nuestro reseco suelo, deseoso de recibir vida aunque sea efímera y de ayer.
 
En fin, amables lectores, que el hecho mismo de dejarse ganar por la necesidad de vida, savia, nueva, queda, como casi siempre, al amparo de lo que ya pasó, por si es posible repetirlo o, al menos, es posible recordarlo.
 
Y esto es, sólo, para sobrevivir, aunque sea un poco, a la pérdida de cierto sentido de la vida, como un respirar aquel aire fresco que tanto anhelamos.
 
Por otra parte, no estaría mal que, por ejemplo, se pudiera recuperar a la Panderola como reclamo turístico construyendo unos tramos de vía que recorrieran, desde Burriana, pasando por el Grao y llegando, así, al puerto y, al menos, una réplica de la máquina hiciera las delicias de los viajeros.
 
Sería, por decirlo así, una forma de unir unos tiempos pasados con otros que, como los de hoy, a lo mejor no son mejores que aquellos.
 
De todas formas, amables lectores, quizá esta columna, refrito de otra  (por necesidad y actualidad) y añadida alguna que otra idea, es muy posible que haya sido algo filosófica.
 
Y es que, a veces, conviene hacer un alto en el camino como, seguramente (aunque fuera por otras necesidades) haría la Panderola. Y tanto en aquel tiempo como ahora, la quietud (en el sentido de reposo y sosiego) no se paga ni con todo el oro del mundo.
 





Las imágenes del billete de uso de La Panderola y de la estación del Grao de Burriana han sido tomadas de www.es.wikipedia.org y la de La Panderola estacionada de www.elperiodic.com .
 

 

 

 

ocultar
De Castelló a Almassora passant pel Grau
Subir