18 de agosto de 2019 18/8/19
Por Eleuterio Fernández
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Camina, Burriana, con la Fe

Don Juan Diego Ingelmo Benavente ha resultado ganador de la edición, ya la tercera, del concurso de carteles para el anuncio de la Semana Santa de Burriana.

El cartel, sintomático de un sentimiento a ras de suelo y a entrañas de corazón, muestra a un penitente llevando el báculo.

Hasta ahí todo normal.

Sin embargo, si nos fijamos en la parte superior del báculo podemos apreciar, ciertamente bien dibujado, el escudo de Burriana. Y esto no ha de ser, solamente, porque el artista haya querido colocar ahí, por casualidad, lo que, en esencia, representa a nuestro pueblo. Ha de haber unas razones más profundas, aquello que hace que Burriana camine con la Fe.

Porque las que siguen pueden ser, es muy probable, unas razones de Fe que hacen que tal representación artística sea como ha sido y no de otra forma.

Lucas, evangelista y médico de Pablo de Tarso, cuenta, en los Hechos de los Apóstoles, que cuando éste llegó a Atenas comentó, a sus oyentes, que había visto una estatua dedicada al “Dios desconocido” y que él venía a predicar a ese Dios porque él lo había descubierto. Todos sabemos que eso, el descubrimiento y la conversión, se produjeron camino de Damasco, cuando perseguía a los seguidores de Jesucristo. Al caer del caballo cayó, también, su concepto, tan humano, de Dios y vino a ser otra persona. Cambió, por eso, su corazón y cumplió con ello lo que Jesús quería para el hombre: que el músculo que bombea sangre al cuerpo viniera a ser de carne y dejara de ser de piedra.

Dice Juan Pablo II Magno, en su Fides et Ratio que “en lo más profundo del corazón del hombre está el deseo y la nostalgia de Dios” (FR, 24). Y de ese corazón, de donde salen las obras, es de donde salen, dominando nuestro vivir, esos argumentos que demuestran nuestra fe en la razón de la existencia de Aquel que muchos desconocen pero al que, quizá, adoran en su desconocimiento. Aquel Dios desconocido para los atenienses lo sigue siendo, por desgracia, para muchos contemporáneos nuestros que, a fuerza de mundo se olvidan de Quien los ha creado y de Quien, al fin y al cabo, les entregó este valle para que con su esfuerzo de hombres hicieran de él una tierra habitable para el hermano y, sobre todo, para el que no se considera tal pero que también es querido por Dios y merece, por eso, respeto y ayuda cuando sea necesaria.

Porque es obvio que convivimos con muchos que se dicen ateos, aunque quizá no se den cuentan que su increencia también les es otorgada, si no ésta, sí la libertad para optar por ella, y les es dada por Dios, el mismo a quien tratan de no tener en sus vidas; con muchos que se llaman agnósticos porque a fuerza de no creer en el acceso a lo divino no aceptan nada como verdadero; con muchos que, incluso siendo, de bautismo, católicos, no tienen verdadera conciencia de lo que esto significa, del tesoro que Dios les ha dado y lo mantienen encerrado en su corazón, con cuatro candados preso, mostrando esa tibieza tan carente de verdadera fe.

Entonces… ¿Qué hacer? ¿Cómo comunicar, para que se nos entienda, lo que es creer en el Reino de Dios? ¿Cómo hacerles ver que con esta doctrina el mundo es mundo y Dios es Dios, que con la Palabra se puede gozar de las aguas de las que Isaías hablaba al nombrar esos hontanares de salvación (Isaías 12,3) por los que suspiramos? ¿Cómo ser esa luz que ilumina sus vidas para que, al menos, puedan verse reflejados en el espejo de Dios y sepan lo que se pierden y, sobre todo, que existen razones de fe que la sustentan? ¿Cómo hacer comprender el sentido que, para los creyentes, tiene la Semana Santa?

Existen, para eso, pruebas de que Dios, con sus huellas dejadas en nuestras vidas, nos muestra, con una lucidez que sólo puede venir de Él, esas razones: lo vemos en la naturaleza, en el silencio en el que oímos la brisa suave (como le sucedió a Elías en su huida) en la que sabemos está el Creador; en las mociones del Espíritu Santo que nos guía; en la sonrisa de un niño o en las lágrimas de un necesitado; en la caricia de un ser querido; en el amor sin condiciones de la inocencia infantil, esa que tanto quiere Jesús; en la dulzura de unas manos que se entregan al otro; en el acompañar, en la soledad, al triste; en ser cayado donde el atribulado sostenga la carga de su vida; en ser corazón que acoge, incluso, sobre todo, al que desconoce y maltrata nuestra fe; en, en, en…

Estas, quizá, sean, aún, pocas razones de fe para convencer al que no quiere dejarse convencer pero, también, son dones, ciertos carismas del amor que Dios nos dona para que, con ellos, podamos dar muestra de su ser en nosotros; son como esos talentos que, a veces, no dejamos producir; son como si acudiera a nosotros el Padre para ser mostrado al otro y ser, así, ejemplo en el que mirarse, luz que seguir, instrumento vital para nuestra existencia; es como si, queriendo serlo, demostráramos fehacientemente que la Verdad es la Verdad y que no hay más salida que aceptarla para que nuestra vida concuerde con el sueño de eternidad que tanto quiso el pueblo elegido por Dios y que tanto anhelamos nosotros, sus herederos, nuevo pueblo.

Y son eso, razones de fe; nuestras razones de fe.

Por eso, cuando, de nuevo vuelvan a sonar los tambores y las cornetas el bonus odor Christi (el perfume de Cristo) envolverá las calles llenando los sentidos, y más el corazón, de los manjares dulces que emanan del bienestar del alma; de nuevo los ramos se bendecirán para dar inicio a esta Semana; de nuevo la luz del universo paseará por los duros suelos de hoy revocando, con su sangre, el pecado último en el que hayamos caído.


De nuevo será Semana Santa y Burriana caminará, de nuevo, con la Fe y con el sentido más puramente popular de la misma virtud.

Y esto es así de simple y de profundo a la vez. Así.

 

La imagen que ilustra esta columna, y que es la que muestra el cartel ganador de éste año 2008, ha sido tomada de www.elperiodic.com.

 2 comentarios
Vicente García Planelles
Vicente García Planelles
01/02/2008 10:02
De acuerdo

He leido con interés "Camina, Burriana, con la Fe. Me alegro de compartir tu visión de la Fe. Te añadiría que a tantas pruebas de la existencia de Dios yo añadiría que este Dios de los cristianos se revela y se da a concocer a los hombres actuando en la historia de cada uno. Muchas gracias.

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Camina, Burriana, con la Fe
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