19 de agosto de 2019 19/8/19
Por Eleuterio Fernández
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Burriana, Vila-real y Cavanilles - Lo que el hombre olvida

Según prometí hace unas semanas en la columna de la edición de Vila-real, en cuanto pudiera escribiría una para las ediciones de aquella y de Burriana sobre el libro de Cavanilles “Observaciones sobre la historia natural, Geografía, Agricultura, Población y frutos del Reyno de Valencia” (cuya portada puede verse aquí mismo) que es el título que lleva esta magnífica demostración de hasta dónde puede llegar el ánimo de un estudioso que, en aquel año de finales del siglo XVIII, se decidió a viajar, investigar e informar, de todo lo que sus ojos y entendimiento veían y aprendían.


(Portada del libro)

Pues bien, en este libro del citado botánico se recogen aspectos relacionados con nuestros, ambos, pueblos y de eso van a tratar estas líneas que ahora escribo. Aunque, francamente tengo que decir, no sé cómo acabará esta columna.

Para más abundancia, 200 años después, el ente bancario sucesor, entre otros, de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Castellón, o sea Bancaja (para los valencianoparlantes Bancaixa) editó un, a modo, de comparación entre la época en la que Cavanilles investigó y la de entonces (1994) Es evidente que las diferencias eran muchas, y lo son, porque ese tiempo (2 centurias) no pasan en vano. Desde este último entonces han pasado, además, 13 años más.

Decir, escribir, y leer, algunas realidades de antes, comparadas con ahora, resulta, como poco, interesante. Eso, al menos, creo yo. Y también puede resultar frustrante para según qué espíritus.

Entre aquellos lejanos años de finales del siglo XVIII, cuando Cavanilles realizó su trabajo y los entonces actuales de 1994, cuando se realizó éste de actualización de aquella obra, han transcurrido, o sucedido, muchas novedades técnicas que han corrido parejas, sin embargo, a una frialdad ante la cual el plano de Cavanilles (en blanco y negro) gana, en calidez, frente al otro tomado, desde aire, en pleno siglo XX.


(Más o menos se puede adivinar dónde se encuentran Burriana y Vila-real)


Esto quizá puede que no diga mucho a la hora de comparar unos datos con otros pero creo yo que sí que lo es para comprender la diferencia de unos tiempos en los que, a ras de suelo, se vivía y se sentía aquel sitio por donde se pasaba y los actuales en las que, a fuerza de técnica, se ha perdido la raíz misma de nuestra existencia, entregando nuestro vivir, y sometiéndolo, a un perfeccionamiento mecánico muchas veces muy poco humano.

Como no puedo evitarlo, y tampoco quiero, al leer el texto de Cavanilles, puedo ver que el fundamento religioso es básico: “Distinguió el Autor de la naturaleza a la Plana con un terreno fértil y abundante agua...”. Así, aquel viajero, atribuyó a Dios las características esenciales de estas tierras de La Plana donde Burriana y Vila-real se asentaron para quedarse, las características sin las cuales el resto no hubiera sido posible.

Como, por desgracia, era de esperar, el texto actual (de finales del siglo XX) hace desaparecer toda referencia a Dios pues, seguramente, no era políticamente correcto. El caso es que cuando se prescinde, para la actualización de un texto, de algo tan elemental como es lo que, previamente, al desarrollo de lo técnico o de lo agrícola hace, o hizo, que eso sea posible, pues el resultado de ese análisis queda bastante capitidisminuido, o sea, que le falta la cabeza, el origen, de donde viene.

El resto de datos, población, industria, agricultura, ganadería, índice de envejecimiento, superficie forestal, vehículos por habitantes, consumo de energía, construcción, servicios, turismo y demás ámbitos de la economía que resultan ser tan importantes para la instrucción de quien llegue a leer estos textos (4 gruesos volúmenes profusamente ilustrados, gran trabajo, reconozco, de los que hayan intervenido en él) carecen de la primacía que se le ha pretendido dar ahora. Dos siglos después, más de 10 años después de estos dos siglos pasados, o sea ahora mismo, en este año de Nuestro Señor de 2007 en el que nos encontramos, yo puedo observar, al igual que hiciera Cavanilles, y así titular en su gran obra, que muchas cosas han cambiado. Es más, si lo que se ha modificado ha sido el hecho mismo de negar (por obviar o preterir) al “Autor” que bien nombra Don Antonio Josef Cavanilles en esta parte dedicada a la ”Idea General de la Plana” pues el que esto escribe cree, creo, que no vale la pena seguir (y no lo digo por el trabajo inmenso de Cavanilles, claro) mientras que, por otra parte, agradezco al botánico su labor. Lo de ahora es mero postmodernismo, mera ilustración frustrada.

Para olvidar. Y miren, amables lectores, que lo siento en el alma.

Por eso duele más.

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