19 de septiembre de 2019 19/9/19
Por Eleuterio Fernández
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Burriana, en este hoy. y 3- Visita auto-guiada

 Amables lectores, con esta columna acabo esta serie de tres en las que he tratado de decir lo que para mí es Burriana, hoy. Sirva, también, como homenaje. Esto lo digo a sabiendas de que al no vivir aquí, seguramente, este hecho, pueda distorsionar algo mis apreciaciones. Sin embargo, creo que con los medios de comunicación que hoy existen, como este en el que me dejan escribir desde este pasado mes de marzo, posibilitan una visión más cercana y muy distinta a como lo era hace, tan sólo 14 años, que es, justamente, el tiempo que llevo fuera de Burriana (sin vivir aquí, que no sin venir, claro). Entonces, era, casi, absolutamente necesario, habitar en determinado sitio para ser capaz de analizar, decir, sostener alguna tesis sobre las circunstancias mismas en las que se desenvolvía el vivir diario.

Sin embargo, si para escribir algunas columnas me he valido, unas veces, de la memoria y otras de lo que contienen las páginas digitales de este nuestro periódico, para estas tres sí puedo decir que lo que he dicho, y digo ahora, lo hago basándome en la experiencia directa. Si para la primera me valí de lo que el devenir de cualquiera, hoy día, tiene, de esa difícil convivencia (sobre la cual tuve una crítica de alguien que se hace llamar Séneca, en la sección Vox Populi, aunque tengo que decir que mi apellido, primero, no es Sánchez sino Fernández; esto, claro, no lo tengo en cuenta, pues es un evidente error y, por cierto, muy común, en cuanto a mí se refiere). Para la segunda, la de l’Arenal (en vigor, mientras transcribo esto), me vino dada sola, como tantas otras veces, por la visión directa de ese espacio físico (visitado el 30 de agosto pasado) y por la concurrencia, feliz, de la maqueta a la que hice referencia en la columna supracitada y publicada el día 23 del presente mes de octubre. En fin, que todo ha venido a acumularse en el presente para hacer un retrato, personal -eso sí-, de Burriana, de este tierra que me acogió como sólo lo puede hacer una madre acogedora: tierna, donadora, sutil como la brisa que acaricia nuestro rostro y nos devuelve, vivos, al mundo cuando sentimos la nostalgia justamente entendida (o sea, no triste sino amparadora y de futuro).

Pues bien, después de este necesario, creo, prólogo, a la columna de hoy (que estimo imprescindible, como desahogo comprensivo) tengo que tornar al presente, a este hoy, también lleno de ternura al recordar. Hago, aquí, una mezcolanza de recuerdos de las visitas que hice a Burriana los días 30 de agosto y el 12 de octubre pasado (siento, Joan, no haberte dicho nada y presento mis excusas, a Berta, Directora, por no haberle hecho una visita. Francamente lo siento. Y eso, tengo que decir, me pesa en el alma, dónde el peso es mayor que el físico porque se carga la conciencia de fallos y olvidos).

Pues bien, algunas veces he leído en las páginas de elperiodic.com que se organizan visitas guiadas para que quien no conozca, o quiera conocer mejor, nuestro pueblo, pueda hacerlo (que se me perdone si me equivoco, pues hablo de recuerdo). Yo también hice, he hecho, una de esas visitas pero, en este caso, auto-guiada. O sea, sin nadie que la organizara.

Muchas veces, hace años, caminé por las calles de Burriana solo (personalmente y entre gente) y muchas veces pude ver, y admirar, las estrechas calles del casco antiguo (creo recordar que se le llama el “huit”, por la forma que tiene, detrás del edificio del Ayuntamiento, cercana la Parroquia de El Salvador, todo historia y presente), las casas modernistas que hay y que son un lujo para hoy día, donde el arte dejó su impronta en el árido exterior de una casa para, en este caso, favorecer al mundo todo (recuerdo al calle S. Vicente, ahora en obras, cerca del Templete de la Música, ese subir desde el Pla para sorprenderme, casi haciendo esquina y muy cerca de los Carmelitas, esa fachada adornada con aires de otro siglo, en éste, ahora, para hacernos recordar que el hombre quiere permanecer, a pesar de esa biológica imposibilidad). Sin embargo, ahora, estas dos veces, ha sido entre el tumulto festivo de la Misericòrdia y l’Axiamo, donde centenares de personas, seguramente algunas venidas de fuera (porque reconocí a alguno de Vila-real) y eso, tengo que decir, me gusta. Muchas veces estar solo no es bueno, y sentirse solo, menos aún.

  

El 30 de agosto tomé esta foto, lo que aquí se ve, que se encuentra, el plano del término municipal de Burriana (eso creo yo), enfrente de la estatua de Jaime Chicharro. Al parecer se trata del casco urbano y de sus alrededores. Algo como para aproximar a quien visite nuestro pueblo, a tener un conocimiento inmediato del “aquí está usted”, tan típico de la planimetría urbana. Parece, por otra parte, como si se hubiera cogido el Plano de Viciana del siglo XVI y se hubiera ampliado, tal como ha sido el desarrollo de nuestro pueblo. Cierto desarrollo económico puedo apreciar en la publicidad que acompaña que no sólo habrá pagado el susodicho plano sino que muestra el avance integral de una ciudad.

Del ambiente que vi, ya pueden imaginar el que era: cadafals llenaban todo el recorrido del toro, ambiente bullicioso y la bandera de Burriana en lo más alto del campanario de El Salvador (donde recomiendo, vivamente, subir en cuanto se pueda, pues la vista que se disfruta es, verdaderamente, impagable). Después, de todo esto dio buena cuenta nuestro, éste, periódico (con videos incluidos, lo cual agradezco personalmente, pues, en la distancia, es cosa que acerca; gracias por esto) y creo que con lo dicho ya ha de ser suficiente como para entender el sentimiento que me acogía, y me acoge. Para lo demás ya está la hemeroteca, amplia, ya que a ella se puede acudir si se quiere traer al presente algunos momentos del pasado y, de paso, no dejarnos arrebatar por la actualidad que todo lo copa y llena.

La otra visita, de la cual, y por desgracia, no tengo fotografía alguna, ya he dicho que fue el día 12 de octubre, fiesta de la Virgen del Pilar, y día en el que se abre, especialmente, la Capilla de l’Axiamo donde, además de las paraetas que se extienden a lo largo de un muy extenso recorrido, puede visitarse este pequeño templo de la fe y depositar una vela a los pies de la imagen del Ecce Homo. Y entre tanta gente, y tantos años repetido esto (muchas veces he hecho lo mismo) una armonía racial, como para demostrar a aquellos que creen que existen muchas culturas sin saber, que sólo se trata de distintas formas de lo mismo, de establecer una relación con el mundo, cada cual, desde su mismidad y circunstancia (como diría aquel) pero que, al fin y al cabo, la especie hombre (pues así la llamó Dios en la creación: ish, varón-, de aquí que no se trate de una postura machista sino de no estar ciego ni hacerse el sordo ante la realidad tal cual fue) no tiene, ni le cuesta ningún problema convivir sino que son aquellos que malgobiernan las naciones (ésta, en concreto) los que malbaratan tal herencia vivencial para servir a sus oscuros intereses.

Yo ya tengo que acabar, pues tengo entendido (y la verdad es que no es lo que parece) que en la pantalla del ordenador se hace más pesado leer que cuando se trata de papel en lo que lo hacemos y, creo, ya me estoy alargando demasiado. Tan sólo, para terminar, quisiera decir que esta visita auto-guiada me ha traído buenos recuerdos y, aunque a veces sea, escribiendo, algo pesado y de frases en exceso extensas, he querido compartir con quienes leen esto (que pueden ser, y vivir, de y en Burriana) lo que para mí es hoy nuestro pueblo.

Espero que me perdonen si me he equivocado, pues todo lo que es subjetivo es susceptible de eso, de hacer lo de uno, de lo propio, algo que se extienda a los demás. Yo no he querido hacer eso pero sí he querido que estos sentimientos que me han traído a sus pantallas puedan ser compartidos, que no impuestos, entre ustedes y yo, pues ya dice el refrán que de bien nacidos es ser agradecidos. Y eso he, al menos, tratado de hacer.

Y como diría Cervantes, en su Quijote, al final de ese extraño viaje dentro de sí mismo, vale.

Por ahora.

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Burriana, en este hoy. y 3- Visita auto-guiada
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