17 de septiembre de 2019 17/9/19
Por Eleuterio Fernández
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Burriana, en este hoy. 2- L’Arenal

Estimados Lectores, tengo que decirles que esta segunda columna sobre lo que, para mí, es, o está, Burriana, hoy día, ahora, en este preciso y exacto momento de su dilatada historia, va a tratar sobre un tema que, muchas veces, ha sido polémico y que, también, dio, hace años, con la creación de un lema (qué necesidad hay de decir slogan si tenemos una palabra válida para eso…) que era, a la vez, interés particular de disfrute para cada uno y ganas de “apropiación” para todos: “l’Arenal per al poble” (creo que es escribe así). Es más, muy recientemente, al acercarse el momento de dar solución a tan gran cosa se ha removido, otra vez, la misma.

Tengo que decirles que hace tiempo, cuando pensé en escribir sobre esto para esta serie de columnas, tenía la intención de hacerlo en el sentido de que ese espacioso lugar, grande, grande, estaba, por decirlo así, “natural y muerto de risa”: lo primero porque la naturaleza, sin transformar, tal como es, campaba, casi, a sus anchas; lo segundo porque ese mismo espacio, tan natural, estaba anclado en una falta de uso, en ningún sentido, manifiestamente mejorable. Iba, por lo tanto, a quejarme de esa situación, a preguntar que qué es lo que, exactamente, significa eso de l’Arenal para el pueblo: ¿para el pobre, para el rico, para la clase media? En fin, que me gustaría que alguno, a ser posible de los defensores de este “tesoro” físico, sito entre las fincas antañas y el mar, me explicara si el pueblo, ese grupo tan anónimo del que se usa para tantos variados intereses, merecía, y merece, ese insulso estado. Miren, y vean, infra, lo que había, y hay, aún, en foto tomada el 30 de agosto pasado.

Pero, miren por donde, el día 12 de octubre pasado, casi ayer, a sólo una columna de distancia de ésta, se podía visitar (y otros días también, claro) la denominada VI Feria del Comercio y la Automoción y en ella, además de muchas otras cosas, se podía ver, y mirar, un apartado de una firma comercial (de la que no voy a decir el nombre porque, en primer lugar, no sería adecuado pero, sobre todo, y en segundo lugar, porque eso no es lo importante, ahora); firma comercial, digo, que presentaba un proyecto para llevar a cabo una remodelación superficial (o sea, cambiar lo que hay sobre el suelo) del Arenal.

Eso, sin duda, trajo a mi recuerdo que hace ya, seguramente, casi 20 años, se presentaron en el antiguo Llar Fallero (antiguo el sitio donde estaba ubicado, quiero decir), una serie de proyectos (con sus maquetas correspondientes, como ahora ésta) para hacer algo similar en la misma zona, y una serie de posibilidades de las cuales ninguna se llevó a buen término, durmiendo el sueño de los justos, o de los injustos, cada una de esas maquetaciones y dejando l’Arenal, ese intento, para mejor momento, oportunidad política o lo que sea.

Vean, infra, al igual que antes con el estado actual de la zona, la intención que de lo que se pretende (en vista, a modo, de aérea) hacer.

Por otra parte, hace poco la playa de l’Arenal, ha obtenido la Q de Calidad Turística, que viene a ser, digo, como un premio al seguimiento, y cumplimiento, de determinados parámetros de calidad, limpieza, atención al bañista y todo eso.

Pues bien, si atendemos a estos criterios de excelencia, podría, yo, preguntar, qué es lo que sería equiparable para el resto de la zona de l’Arenal. Podemos pensar, por ejemplo, en el ideal ecologista y ver morir, poco a poro, ese espacio en la indigencia más absoluta lo que, estoy seguro, no agradecería ese “pueblo” al que tanto se alude. Por otra parte, y no tan al contrario de lo que se piensa, la posibilidad de desarrollo de toda la zona, siempre que se haga de una forma armónica y de acuerdo al entorno en que se encuentra ubicado l’Arenal. Ambas son formas de encarar la enquistada situación pues eso es, ahora, esa zona: un cuerpo aislado del medio en el cual está situado.

Muchos dirán que proyectos como el presentado, u otros que, seguramente, se sumarán, sólo tienen interés comercial y que una corriente especuladora se apoderaría de los m2 que conforman esa riqueza natural inculta (o sea, no cultivada, en ningún sentido). Es posible que así sea, pero como lo puede ser cualquier cosa en la cual tenga algo que ver el dinero. Verlo de otra forma es, además de infantil (por falto de experiencia), pretender “bambinizar” (valga la expresión) un espacio natural dejándolo pudrirse para que el progreso, el que modifica unos patrones de comportamiento anclados en el estado salvaje el que muchos querrían volver siguiendo a ese retorno a la naturaleza que los adalides del ecologismo, ciegos voluntarios ante lo que les rodea, gustarían implantar a cambio de no apearse del burro del pasado que ellos creen perfecto porque tiene, de la nostalgia, ese sentido que da la tristeza cuando se piensa que algo fue mejor, no se lleve a cabo; el progreso, digo.

Pero, amables lectores, personalmente no tengo ningún interés económico en la “explotación” comercial de l’Arenal, como será fácil entender, pues es suelo público (creo), porque más allá de vivir, o no, en la zona, también, por poder ser visitante, más o menos habitual, quiero opinar sobre algo tan controvertido, y tan muerto, como parece ser el tema de l’Arenal, tan “parado”, hasta ahora. Casi da la impresión de que pasan los años y todo sigue igual para que nada cambie. Pero yo, porque creo en el desarrollo del ser humano, y en la inversión de trabajo y de imaginación, espero que esta vez no quede la cosa en nada, que no se vuelva a correr un tupido velo sobre las intenciones de cambiar esa situación, que se enriquezca la zona, económica y naturalmente (pues ahora creo que no hay mucha vegetación y, bien sabemos que todos estos proyectos vienen acompañados de mucha arboleda adjunta y quisiera que, eso sí, fuera propia de la zona, que no fuera alóctona) y que aquellos que tanto se pueden llegar a quejar sobre esto, lo que sea, se lleve a cabo, en l’Arenal, un día, mirando el cercano mar sentados en algún banco que este “monstruo” haya traído, puedan llegar a pensar que tanto tiempo invertido en la defensa de l’Arenal ha tenido su justa recompensa, aunque sea otra.

Es que, la verdad, yo soy muy optimista, quizá demasiado.

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Burriana, en este hoy. 2- L’Arenal
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