15 de noviembre de 2019 15/11/19
Por Eleuterio Fernández
Periòdica Columna - RSS

Arnau i Saera, una pequeña memoria

    Personalmente conocí a Joan Arnau i Saera (Dios tenga en su gloria) allá por el final de los años 80 o principios de los noventa del pasado siglo XX. Su figura, tan cercana en lo afectuoso como tangible en lo humano, se hacía querer, eso puedo decirlo, aún sin haber sido amigo suyo ni mucho más conocido que en aquellas ocasiones en las que, como miembro de l’Agrupació Borrianenca de Cultura, fue posible acudir a su casa sita en el mismo Grao de Burriana, desde donde el mar, ese mar tan nuestro, casi puede tocarse, por supuesto olerse, y desde donde el amanecer o el atardecer, en ese principio y fin de la vida tan necesario, tienen que ser regalos impagables para los sentidos. Allí entre libros que daba gusto ver (donde uno sentía un deseo irrefrenable de conocer lo antiguo y aquellos volúmenes que lo contenían), encontraba especial acomodo este homo cordialis, como muy bien  lo ha definido Roberto Roselló Gimeno en el número 198 del Buris-ana, conmemorativo del 50 aniversario de su primera edición (allá por mayo de 1956).

    Sin embargo, sí tengo un mayor conocimiento de su obra, quiero decir, de su labor de recuperación de obras literarias de siglos anteriores, ya que, gracias a Dios pude adquirir dos de las que, pienso yo, más íntimamente pueden leerse: los libros tercero y cuatro de la Crónica de la ínclita y coronada ciudad de Valencia (cuyas portadas interiores reproduzco aquí debajo), tratándose, éste segundo, de la revuelta de las germanías del siglo XVI y el primero de ellos (el libro “tercero”) de la historia de muchas villas, entre otras las de Burriana y Vila-real, con sus respectivos planos. Puedo decir que nunca antes pagué tan a gusto unos libros como los que, en su día, pude tener entre mis manos, y desde entonces ya gozo; unas manos sorprendidas por poder llevar a la vista a un preciosismo tal, como un regalarse la vista, y un tacto que sentía, tan de cerca (y aún puede sentir, claro está) esa forma de hacer que ya pasó, siglos atrás.

     

    Estas dos obras acercan, en la distancia, a Burriana y Valencia,  cosa me alegra, francamente tengo que decir. El tenerlos tiene, para mí, un valor grande y el espíritu se alegra, con esa materia tan sensible ya que, de una forma personal y, claro está, subjetiva, se establece como una línea que uniese estos espacios físicos que no dejan de ser, para el que esto escribe, más que el reflejo exacto del tiempo que pasa, imparable, y que deja la  sensación cierta de saber que el apoyo para el camino, el cayado que se puede utilizar como instrumento salvador ante la desazón y la tibieza tiene, muchas veces, una extraña forma apergaminada.

    La obra “reeditada”, podemos decir,  de Joan Arnau i Saera era diversa (por los temas, digo) pero toda ella rubricada de forma armónica y tan maravillosa que da gusto sólo el pensar en el hecho de tener entre las manos algún ejemplar de sus trabajosos trabajos (cual moderno Hércules literario).

    Desde sus “Ediciones Histórico Artísticas, S.A” este ilustre burrianero nos ofrece (pues lo bueno, en la vida, siempre ha de estar presente) la posibilidad de gozas, con fruición, de un placer poco común: leer, hoy, en forma antigua lo que otros dieron para la humanidad que fuese capaz de mostrar aprecio por tales obras que Dios encarga al hombre que haga, como buen ejemplo de trabajo bien hecho que, por eso mismo, por el hecho de ser trabajo, dignifica a quien lo hace, mucho más cuando ese trabajo está realizado con amor y pasión por la palabra. 

    Con estos pequeños ejemplos podemos ver, y apreciar, la entrega de este editor enamorado, fervientemente, de la letra, de la antigüedad más hermosa y de aquello que forma las sociedades que dirigen sus caminos hacia metas mejores. Con esto quiero decir que el trabajo sacrificado y, seguramente, con muy poca rentabilidad económica (muchas veces tenía que ser adelantado el dinero que costaba una edición por parte de los compradores para que pudiese llevarse a cabo el trabajo. De esto puedo dar fe yo mismo y el mencionado Roberto Roselló también aporta este dato en el artículo-necrológica antes citado)

    Muchos premios recogió Joan Arnau i Saera, como es sabido: el Premio Encuadernación Ministerio de Cultura de 1987, el Premio PYMEC 1987, la Mención Honorífica de la Cámara de Comercio y Navegación de Castellón, de 1987, el Premio a la mejor edición en conjunto de sus elementos del Ministerio de Cultura, de 1988, etc. Pero creo, francamente lo tengo que decir, que, y estoy seguro de ello, el premio del que mejor podía gustar Arnau era el del agradecimiento de aquellas personas que lo habían conocido y que habían llegado a tener conocimiento de su labor en este campo. Quiero decir que la mejor recompensa para este buen hombre (el mejor y noble sentido de la palabra) o mejor dicho, este hombre bueno, era, y seguirá siendo siempre, que en nuestro corazón siempre guardemos un lugar muy especial para estas letras tan antiguas, que pasaron siglos atrás, para ese bien hacer amable  y de trato de lo que se siente con amor, para que cuando queramos favorecer a nuestra alma y llenarla de gozo (de aquellos hontanares de la salvación que dice el profeta Isaías de donde sacamos ese agua que nos salva) sepamos que tan sólo con deshacer los nudos que cierra alguno de sus libros (con esa forma tan armoniosa de tratarlos que hasta en esto llega el detalle) ya habremos entrado en otra dimensión de nuestra vida, en ese refugio espiritual donde nacen los mejores momentos de la existencia.

    Esto, también esto, se lo debemos, en gran parte, a esta persona dotada, en mucho, con un gusto sensible por esa fragancia que nos llega desde el ayer,    fuera de lo común, por ese sentido que va más allá de los sentidos con los que vivimos el mundo pues aspira a superar la mundanidad para quedar suspendido en el espacio del corazón donde toda sensibilidad encuentra acomodo y seno, allí donde las obras verdaderas son luz para los que soporten esa luminosidad.

    Todo esto es para mí el trabajo y resultado del legado reconocible de Saera, Arnau, Joan.

    Gràcies, Joan, per tant com et devem.

    ocultar
    Arnau i Saera, una pequeña memoria
    Subir