13 de diciembre de 2019 13/12/19
Por Eleuterio Fernández
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Ahora que falta un mes

    Amables lectores de Burriana, Vila-real y Les Alqueries (o al revés) Hoy mismo, en este día en que nos encontramos, falta menos de un mes para que seamos llamados a las urnas para que procedamos a la elección de nuestros representantes en los consistorios locales y en la sede autonómica de las viajeras Cortes valencianas. Por esta fecha, pero un mes después, ya estará todo el pescado vendido, como suele decirse y, salvo en alguna extraña excepción que suele darse siempre, ya habrán sido elegidas todas esas personas que, a partir de entonces, van a tener la responsabilidad de dirigir nuestros ayuntamientos y nuestra autonomía.

    Por eso mismo, ahora que falta un mes, como digo en el título de esta columna que vale por tres (no es que sean tan buena es que es la misma para las ediciones que elperiodic.com tiene en funcionamiento) voy a decir, en opinión mía, lo que pienso sobre este tema.

    Hace unas columnas dije que iba a escribir sobre los candidatos de Burriana, preferentemente el Sr. Calpe y el Sr. Monferrer, pues son las únicas personas que conozco de algo. Concretamente, el 5 de marzo pasado, en la columna titulada Elecciones 2007: unos principios. Y 3.- Sobre lo que esperamos que cerrara aquella reflexión que hice sobre las elecciones de este 2007, dije que iba a hacer eso. Sin embargo, dado que no sería ético hacer lo mismo con los otros candidatos de los pueblos vecinos, Vila-real y Les Alqueries, pues nos los conozco de nada, me parece más honrado decir algo, en general, y sin ánimo de ser exhaustivo, de lo que se me ocurre que ha de ser el tiempo que transcurra, desde ahora hasta esa semana (la del 21 al 27 de mayo) que será la última en la que los actuales y diversos gobernantes, tendrán, como se dice en el fútbol, la manija de la situación. Es decir, que me gustaría dejar planteado lo que, en su día, concretamente en la columna de la supracitada semana de mayo, vaya a decir sobre el sentido de mi voto, columna cuyo título ya tengo pero que, por razones obvias de copyright (o más bien, de inventiva), no voy a decir. Lo que sí es extensible es lo que dije, entonces, a los lectores de Les Alqueries por si no se dieron por aludidos ellos y sus políticos…

    Pues bien, amables lectores. Ahora que falta un mes sería conveniente que fuéramos pensando en sentido de nuestro voto. No resulta conveniente dejarlo para ese absurdo día llamado “de reflexión” pues no creo que, a la altura de la película en la que estamos, sea necesario que se nos “deje” un tiempo concreto, momentos antes de votar, como si fuéramos niños pequeños que han de pararse a pensar lo que van a hacer. Creo yo que debe de haber pocas personas que esperen a ese momento pues no tiene sentido alguno que con los medios de comunicación que hay, a lo que hay que añadir una, muy cara, campaña electoral, propiamente dicha, de unos quince días, en los que resulta casi imposible no saber lo que se va a hacer con muchos días de antelación. Además, es fácil pensar que el sentido de ese voto tan estimado por sus destinatarios, está más que decidido. Aquí cada cual piensa como piensa, ¡como quiera!, y eso es difícil que lo cambie ninguna campaña y menos aún un día, con sus escasas veinticuatro horas, para decidir eso.

    Ahora que falta un mes, con tiempo suficiente para ello, sería conveniente que fuéramos trayendo a nuestra memoria lo hecho por quienes gobiernan y lo propuesto por quienes no lo han hecho pero, que al fin y al cabo, con su actuación en la oposición, también han manifestado, por así decirlo, una forma de gobierno, aunque sea en la sombra. Así podremos ver qué es lo qué se esperaba de los primeros y qué es lo que se espera de los segundos; así sabremos a qué atenernos en cuanto a la posible continuidad o si es necesario que se produzca un cambio de rumbo en nuestros ayuntamientos y, más allá de nuestros pueblos, en la Generalitat Valenciana.

    Ahora que falta un mes, con tiempo suficiente para ello, sería conveniente que fuéramos, quizá, preguntándonos qué es lo que nos gustaría que hiciesen, tras las elecciones, las personas a las que hayamos votado pues, tanto los ganadores como los que no lo sean, tendrán un margen de actuación, en un sentido o en otro, para el cual tenemos algo que decir. Por eso, quizá, ponernos nosotros mismos en la situación en la que están ellos sería de todo punto ideal. ¿Quién no ha pensado, alguna vez, que haría esto o lo otro si gobernase? Así podríamos proponer, cuando fuera el momento oportuno, en plena campaña, los temas que entendamos son importantes para el desarrollo de nuestro pueblo. No podemos hacer como si la cosa no fuera con  nosotros y esperar que nos solucionen los problemas y, ante eso, sólo utilizar el derecho al pataleo. Se trata, más bien, de poder hacer efectivo ese gobierno, como se dice, “más cercano al pueblo”.

    Ahora que falta un mes, con tiempo suficiente para ello, sería conveniente que fuéramos, es casi seguro esto, dejando claro, al menos para nosotros mismos, que no seremos manipulados ni nos dejaremos “timar” con propuestas ilusorias ni con invitaciones al sueño o al olvido de la realidad. Lo digo esto porque, ya sabemos, que los partidos políticos que no esperan gobernar tienen la tendencia de fantasear con aquello que dicen van a hacer y, claro, la ilusión y la esperanza, que va por barrios, puede hacer ver cosas que no están, digamos, muy cercanas, luego, a la realidad. Por eso, perfilar nuestra opinión sobre lo que es verdad y sobre lo que no es, resulta, ahora mismo, con tiempo, de todo punto fundamental si no es que queremos dejar que nos roben la cartera (esto en sentido figurado, que nos tomen por bobos, vaya)

    En fin, amables lectores, que ahora que falta un mes, o casi un mes, con tiempo suficiente para ello, sería de desear, y casi de exigir, que hagamos efectivo, que lo hagan quienes tengan que votar en Burriana, Vila-real o en Les Alqueries, de ese derecho fundamental (y si no es debería serlo) que no es otro que el derecho a no ser engañados.

    Disfruten, amables lectores, de este corto espacio de tiempo en el que los políticos aún quieren aparentar lo que luego, quizá, no sean.

    ¡Tiempos felices, estos!

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