17 de noviembre de 2019 17/11/19
Por Vicent Aparici
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La firme moderación

    El concepto químico de equilibrio estable nos ha servido para explicar muchas de las situaciones que se producían en la composición de la materia y por que determinadas sustancias se comportaban de una forma distinta en función de en que medio se situaran y también que elementos podían ayudar a que ese proceso de reacción se iniciara (catalizadores) o a que se siguiera manteniendo el equilibrio (tampones).

    En el proceso político también ocurre algo parecido y siendo tremenda mente interesante el equilibrio político y el mantenimiento de las valores democráticos, existen elementos catalizadores de acciones contrarias a ese equilibrio cuyo objetivo es iniciar reacciones que tienden a radicalizar las posiciones pasando a una situación de desestabilizad.

    Hago esta similitud porque observo que “ la tendencia al equilibrio que ten todo proceso natural” se viene truncando de forma sucesiva en nuestra vida política y determinados “radicales” (como en química) aparecen desligados de la situación de equilibrio y ejercen una peligrosa influencia hacia la aparición de reacciones que pueden alterar gravemente el sistema.

    Y creo que es nuestra responsabilidad como personas comprometidas con el trabajo por la sociedad y los ciudadanos ser los catalizadores del equilibrio en la sociedad y de que los sistemas en funcionamiento, en nuestro caso el sistema democrático, que se basa en la separación de poderes y en la soberanía de los ciudadanos, no se vea trastocado por los grupos radicales que demandan una reacción (como también sucede en química algunas veces violenta).

    No creo que sea ese el camino ni es el momento para planteamientos de enfrentamiento permanente, de radicalizar posturas para que el choque sea inevitable, sino de “tamponar” el medio en el que estamos (sistema democrático)  y preservarlo de quienes intentar transformarlo en su propio interés y para sus propios fines sin importarle el interés general de todos y cada uno de los españoles.

    Pero me preocupa, mas todavía, que la aparición de “radicales” en el sentido químico y también en el político, se fomente por la acción de un gobierno que debiendo estar mas preocupado por los problemas que aquejan al medio (las personas) y resolverlos para que vuelva el equilibrio, se dedica a azuzarlos con planteamientos extemporáneos incluso interviniendo en la acción de los poderes que deben de preservarlo convirtiendo en realidad aquella famosa frase de “Montesquieu ha muerto”.

    Creo que es momento de reivindicar la “moderación política” y “el respeto institucional” como formula necesaria para actuar en la búsqueda de un equilibrio logrado en los momentos de la transición y que algunos vemos con desilusión que se ha ido perdiendo en los últimos años.

    Moderación política en mi criterio no significa ceder ante cualquier  bravuconada o idea que no compartamos. Significa firmeza en la defensa de las convicciones y dialogo político y debate institucional para conseguir los acuerdos institucionales y sociales que en este momento hacen falta para superar la situación de dificultad para muchas personas (ya mas de 4.5 millones) que se encuentran en situación de desempleo y superar la situación de deterioro de la realidad económica de una nación (España) y de nuestra provincia de Castellón.

    La firme moderación significa mirar a los ojos a las personas, entender sus dificultades y trabajar par no permitir que radicalismos sin sentido estén ocupando nuestro tiempo cuando lo importante es resolver el desequilibrio que se ha generado en estos años y devolver a los ciudadanos la ilusión y sobre todo un puesto de trabajo digno (al final se trata de eso).

    Los que ostentamos una representación que nos han dado los ciudadanos debemos hacer honor a ella y dedicarnos al trabajo diario para mejorar las condiciones de nuestra sociedad y las expectativas de quienes confiaron en nosotros para hacerlas posible y no dedicarnos a discutir sobre etapas y periodos que muchos de nosotros no conocimos y que nos apena que ocupen el centro del debate.

    La firme moderación significa tamponar los sectarismos estériles y trabajar para buscar posiciones comunes como se ha hecho estos días con el Pacto Territorial de empleo firmado en La Vall y en Castellón o la puesta en marcha de la Red de Regeneración Territorial que hicimos en el edificio de la FUE en la UJI y el que haremos con el nuevo Pacto Territorial que planteamos para toda la zona de la cerámica.

    La firme moderación significa trabajar por la defesa de los muchos valores que nos unen y proteger el sistema del intento permanente de quienes quieren destruirlo porque lo único que les interesa es su protagonismo y beneficio personal o partidario. La confrontación de ideas es buena, el debate y el dialogo deben de seguir funcionando, pero el limite esta en la transgresión de la norma de convivencia  y en faltar al respeto a las instituciones democráticas y las personas porque eso no es aceptable en ningún caso.

    La firme moderación es, en mi opinión, la formula (de nuevo una acepción química) adecuada para mantener el equilibrio del sistema y trabajar de verdad por aquello que interesa a las personas.  Seguramente cometeremos muchos errores pero también muchos aciertos porque eso forma parte del equilibrio final pero nunca nadie nos podrá acusar de haber dirigido nuestra acción a aquellas cuestiones irrelevantes dejando en el olvido lo que realmente era importante.

     4 comentarios
    J. Verdegal
    J. Verdegal
    28/04/2010 12:04
    Pues si

    Que Colomer es un fantoche....pues si. Que TVB es lo que es y saca lo que saca....pues tambien. Ahora...si alguien en este pais tiene q portar la bandera de la democracia y comportamientos democraticos, desde luego no van a ser ni Fabra ni Aparici. No voy a entrar en detalles, todos conocemos quien es Fabra, no lo van a nombrar demócrata del año.... Esta es precisamente nuestra desgracia. Podriamos tener buenos dirigentes y mala oposicion. Podriamos tener malos dirigentes pero buena oposicion. Nuestra gran desgracia reside precisamente en que no tenemos ni una cosa, ni otra.

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