22 de julio de 2019 22/7/19
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Destino turístico inteligente y otras cuestiones pendientes de resolver

Fue ayer un día importante para el sector turístico de la ciudad de Benidorm. Negar ese dato o intentar desvirtuarlo sólo equipara a los necios. Es una gran satisfacción ver como este imperio del turismo es capaz de ir subiéndose, de vez en cuando, al carro de los avances en esta materia, un sector que nos da de comer a casi todos en esta bendita ciudad. Así lo reconocieron tanto el propio alcalde Toni Pérez, como la Ministra del ramo, Reyes Maroto. La importancia del galardón lo pone de manifiesto el hecho de que, con celeridad y prontitud, fue entregado en el propio Ministerio de Industria, Comercio y… Turismo.

Una delegación nos desplazamos hasta Madrid para que, en un acto corto, escueto, sin preparar y sin elegancia alguna, nos atendieran, como se atiende a cualquiera de los que por allí pasa, nos entregaran dos bonitos cuadros con un papel dentro bien enmarcado, nos dirigieran unas palabritas, una palmadita en la espalda y poco más. Si te he visto no me acuerdo, es lo que creo yo vino a decir la propia Ministra, que despareció del evento con la misma rapidez que el efecto Teresa May con el Brexit en su parlamento británico. Y es que ayer estaban todos más preocupados de las noticias que llegaban desde fuera que de cuidar el patrimonio de dentro.

Porque Benidorm es eso y no un DTI. Es el símbolo turístico por excelencia de este país, la ciudad que mejor ha soportado el paso del blanco y negro al color. El imperio del sol naciente español, la ciudad que proporciona satisfacción a millones de personas que cada año, esperan con ansiado anhelo, que lleguen esos preciados días para acercarse hasta nuestras inigualables playas, insuperable clima e inimaginable combinación entre ocio, descanso y disfrute.

Nada me cuesta felicitar el gran trabajo realizado por numerosos técnicos que han conseguido, tras varios años de arduo trabajo, hacer que Benidorm sea el primer destino turístico inteligente del país, con lo que eso conlleva, pues desde ya vamos a ser capaces de conocer, de manera mucho más certera, cuales son los gustos de aquellos que nos visitan. De esa forma, nuestra inmediatas promociones van a estar mucho mejor orientadas y dirigidas. Vamos a saber, en definitiva, que quieren nuestros potenciales clientes y por lo tanto vamos a saber también dónde y cómo tenemos que ir a ofrecérselo.

Pero si sólo nos quedamos en el aplauso estaríamos cometiendo un grave error. Es bueno y obligatorio recordar las muchas cuestiones que todavía atenazan nuestro producto, el diamante que a todos nos garantiza bienestar a lo largo del año. Y es que de la misma manera que es una falta de respeto que siga sin existir un Ministerio dedicado en exclusiva al Turismo, única industria española que mantuvo el tipo durante los largos y penosos años de crisis, es también una desconsideración hacia el sector que nuestro alcalde, además de las numerosas responsabilidades que ya conlleva ese cargo, comparta la responsabilidad de dirigir el turismo en Benidorm con el área de educación. No, el turismo merece un Ministerio, una Consellería y un concejal en absoluta exclusiva. Lo dije, lo digo y lo diré siempre. No hacerlo supone, simple y llanamente, seguir faltándole el respeto a esta fuente de riqueza.

¿Y por qué no se ha hecho nunca entonces? sencillo, porque el Turismo es algo que funciona prácticamente solo, sin intervención política. Y quizás, animando yo a que esto cambie, estoy perjudicándolo sin darme cuenta. Quizás sea por eso, por la falta de intervención política en el sector por lo que siempre ha funcionado de manera extraordinaria.

Pero es que además en Benidorm sigue existiendo una guerra entre los alquileres turísticos y el sector hotelero. Y aquí es donde se hace bueno lo dicho hace un momento. Hasta ahora, lo que siempre había funcionado a la perfección, es una bomba de relojería desde hace un par de años. Justo desde que unos hoteleros, que representan 40.000 camas en la ciudad, pero tienen mucho poder, han decidido que el sector les pertenece a ellos solos y están complicando la vida a los empresarios del otro lado, los que representan 200.000, pero están mucho peor organizados. ¿Dónde está aquí la autoridad local para poner orden?, ¿por qué no estaban ayer en Madrid los representantes de este gremio?

Tampoco se habla del desagravio que supone tener desatendidas las necesidades de un colectivo como el de las llamadas Kellys, esas miles de camareras de piso sin las cuales el hotel tendría que cerrar, pero a las que se machaca a diario a cambio de mucho menos de lo que les corresponde. Por no hablar del famoso y nunca resuelto dislate de seguir diciendo que Benidorm no es Municipio Turístico reconocido por la Ley de Haciendas Locales. Y es que aunque les pueda parecer una broma, es una penosa realidad que ahí sigue a día de hoy. Mientras el DTI nos proporciona datos e información, esa Ley nos podría estar aportando una media de dos millones de euros anuales. Y al llevar 15 de inexplicable retraso, son treinta millones los que han dejado de entrar en las arcas municipales, dinero más que suficiente para haber resuelto la totalidad de la deuda que generaron estos mismos gobiernos que ahora nos venden su alegría por estar resolviéndola, o casi el triple de lo que se ha decidido invertir para modificar la avenida del Mediterráneo, una de las principales arterias de nuestro espacio urbanístico.

No quiero extenderme más, pues al final parece más un artículo de queja que de felicitación, pero es obvio que ante el maremágnum que se aproxima con el Brexit y la afectación que eso puede suponer sobre nuestro principal mercado turístico, en Benidorm se está haciendo exactamente lo mismo que en corregir la inseguridad en la denominada zona guiri o en mejorar la penosa e histórica imagen que nuestra exigua y desastrosa limpieza viaria proporciona a los que nos visitan.

Vaya por delante mi felicitación a todos los que han trabajado en conseguir que Benidorm sea Destino Turístico Inteligente, pero póngase las pilas los demás en corregir toda una relación de situaciones que siguen amenazando nuestro futuro más cercano.