12 de diciembre de 2019 12/12/19
Por Jesús Montesinos
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La sociedad perpleja

    El sociólogo Zygmunt Baumar acuñó el concepto de sociedad líquida (modernidad líquida) para definir el estado de la inseguridad que genera una sociedad excesivamente fluida, volátil, incapaz de asegurar sus valores.  Pero la sociedad española y en concreto la valenciana además de líquida está perpleja. No entiende lo que le está pasando y por qué nadie hace algo por resolverlo.

    Y lo peor es que esa perplejidad es cada vez mayor. Al principio de la crisis el miedo se adueñó de todos, luego la desconfianza y ahora la perplejidad. ¿Cómo asumir que hace tres años nadábamos en el dólar y los inmigrantes venían hasta en patera y ahora los jóvenes tienen que emigrar de España porque aquí no encuentran ni encontrarán trabajo? ¿Cómo entender las rencillas políticas de campanario mientras empresas y familias se desangran?

    En el caso de la Comunidad Valenciana la perplejidad es sobresaliente. Con un PIB en caída libre y un respiro en el paro aquí la alternativa al derrumbe es zurrarse la badana con Brugal, Gürtel, la casa de Angel Luna, el eterno Caso Fabra, fundaciones, Pobla de Farnals o la insoportable levedad del pasado. Temas todos ellos importantes, que deberán instruirse y resolverse como corresponda, pero resulta excesivo  que la agenda de las decisiones trascendentes esté ocupada por Enrique Ortiz, Roque Moreno, las veleidades de Navarro en Benidorm o Ricardo Costa, en lugar de por los 500.000 parados que acumulamos. Es normal que estemos más perplejos que la media española.

    El último índice de confianza de los empresarios de la Comunidad Valenciana en la situación económica refleja una caída de 2 puntos respecto a junio (22,5) y de 5 sobre la confianza que tienen los empresarios del resto de España. El 73 por ciento piensan que en 2011 no contratarán a nadie y el 51 por ciento que aún les va a caer más la cifra de negocio. La sensación es que aún está por venir lo peor porque las administraciones caerán al barranco este año, cuando les caigan a su vez los ingresos del Impuesto de Sociedades que en 2009 y 2010 están por los suelos o en la economía sumergida. Por eso Gerardo Camps se ha puesto a vender patrimonio, como cualquier familia o empresa endeudada.

    Y mientras tanto la estrategia política se fuga en otra dirección, bien sea desde el gobierno o desde la oposición. Teniendo que mirar todos los días cuál es el sapo  preparado por este o aquel otro grupo editorial resulta imposible atender la gobernanza. El propietario de una tienda de zapatos para niños en Valencia comentaba que había encontrado la solución a su problema económico adaptando su horario de venta a los clientes pero que nadie le daba respuesta a su innovación. Concejales, directores generales y la bancada opositora están para rebuscar en las cloacas pero no para echarle una mano al comerciante.

    La sociedad valenciana está perpleja porque no entiende que sus dirigentes políticos o sociales estén a la bronca y no a la solución de sus problemas. El ABC insiste permanentemente en la necesidad de una regeneración total del sistema, pero para eso los jefes del sistema deben asumir la realidad. Y más bien están en su ficción. El AVE aparece como zanahoria milagrosa y lo único sensato que he oído estos últimos días fue cuando Francesc Camps asumió el riesgo de decir que en 2011 (año electoral) solo se crearán 5.400 empleos netos porque las cosas están como están. Alarte habla de crear 250.000 empleos su gana las elecciones autonómicas. Estoy perplejo.

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