17 de noviembre de 2019 17/11/19
Por Jesús Montesinos
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No quiero pagar a Serrat ni a la Pantoja

    Hace años la gente de mi pueblo (Vila-marxant) sabía que el alcalde (el tio Paco) apenas tenía presupuesto para un aguacil, asfaltar dos calles al año y blanquear el edificio del ayuntamiento que se caía de puro viejo. Los vecinos vivíamos ajenos a la existencia institucional. Ahora al actual alcalde, Vicente Betoret, le piden más policía local (debe haber unos veinte), un metro hasta la entrada del pueblo y ampliar el pabellón multiusos porque se ha quedado pequeño apenas inaugurado. ¿Está justificada esta hipertrofia institucional? ¿Hacen falta Bruselas, gobierno central, Consell, diputaciones y los ayuntamientos para gestionar la vida de los ciudadanos?

    En los últimos años las cinco administraciones han gastado e invertido millones y millones de euros en el efecto placebo ciudadano. La eficacia política se mide por las carreteras, el capítulo 1 (personal) y las llamadas políticas sociales. Y para llegar a esta oferta multimillonaria todas las administraciones se han endeudado hasta las cejas y han tenido que aprender desde restaurar iglesias, montar corridas de todos o manejar el Facebook. Un dineral para contentar al personal.

    Pero han llegado las vacas flacas aquí y en Hamburgo. La crisis conlleva una caída en picado de los ingresos por impuestos, tasas y otras recaudaciones y, por lo tanto, una reducción de otro tanto en las transferencias de capital hacia las administraciones. Y las previsiones son peores. El ahorro valenciano ha caído en 3.335 millones hasta fijarse justo en 100.584 millones (-3,2% respecto a 2007), lo que quiere decir que ya nos estamos comiendo nuestras propias reservas. Si esta la situación de nuestros ahorros, imaginen cuál será la de los ayuntamientos. La próxima legislatura se dedicará a administrar miseria. ¡Que duro!

    Por eso en mi pueblo y en otros miles de pueblos españoles ya no se pueden hacer pistas de padel o una autovía (ahora piden hasta un AVE a Teruel). La caja está vacía y lo poco disponible hay que dedicarlo a los servicios básicos y la atención social de quien lo necesita de verdad. Pero nos atamos el cinturón en la empresa y en la familia y sin embargo queremos que papa Estado (dígase ayuntamiento o Generalitat) nos paguen hasta la actuación de Serrat o la Pantoja en las fiestas fundacionales.

    Es obvio que como siempre estamos en campaña política las inversiones acaban siendo un permanente objeto de discordia y demagogia. Nadie se atreve a negarlas porque saben que el otro acabará denunciando la decisión de austeridad por sus efectos sobre el votante. Una situación perversa, porque Blanco ya sabe que nunca tendrá los 51.000 millones para hacer el Corredor Ferroviario Mediterráneo pero debe anunciar su compromiso o la Generalitat sabe que no podrá hacer el Palacio de Congresos de Calatrava en Castellón pero no puede decirlo. Pues pasado el 22 de mayo llegarán las rebajas.

    No hay administración española que pueda atender la cultura de gasto generada en los últimos años. Pero sin llegar a la herramienta estratégica del Boston Consulting Group, apuntan dos fórmulas que se las he escuchado en la misma semana a Alberto Fabra (Castellón/PP)), María José Catalá (Torrente/PP) o José María Angel (L´Eliana/PSOE): austeridad (adelgazar la administración pública) e incorporar la iniciativa privada a los servicios públicos, asegurando la atención gratuita a la ciudadanía. En Catalunya van a vender los hospitales y luego alquilarlos, Blanco busca dinero para financiar el Corredor Ferroviario Mediterráneo y los alcaldes citados escucharán propuestas para hacer colegios y residencias. ¿Por qué tengo que pagar yo la actuación de la Pantoja si me gusta El Cigala?

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