21 de julio de 2019 21/7/19
Por Víctor Soriano i Piqueras
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Suspiros de España

Hace unos días, la Canciller alemana, Ángela Merkel, nos hacía un favor 'envenenado': ofrecía empleo a jóvenes españoles cualificados, cubriendo así dos necesidades: la falta de profesionales cualificados en una Alemania que envejece a pasos agigantados, y el desmedido paro juvenil español. Las cifras de Bruselas son como mínimo alarmantes -"escandalosas" fue el calificativo utilizado por el presidente Durão Barroso; casi uno de cada dos jóvenes españoles está desempleado.

Jóvenes egresados en los últimos años de las universidades españolas, procedentes de un sistema educativo que pese a sus carencias es uno de los mejores del planeta; sanitarios, ingenieros, y un largo etcétera de profesionales, cuya formación ha supuesto un desembolso millonario para el erario público patrio, cuya única dedicación -además de másteres, doctorados, postgrados o estudios de idiomas-, es la del también patrio deporte de "hacer la cola del INEM", o del servicio autonómico que le sustituya.

Estos jóvenes que son (o somos) la esperanza de salvación del Estado del Bienestar y del sistema de pensiones para una sociedad que envejece y una población activa que disminuye, se ven en muchos casos, abocados a coger la maleta y -puede que recordando la emigración de sus abuelos a mediados del siglo pasado- poner rumbo a puestos de trabajo en otros estados europeos, bien remunerados y con un reconocimiento social propio de su formación. El resultado de la ecuación, negativo para España: gastamos en formar un capital humano, para exportarlo y que generen beneficios en otra parte. Una ecuación, que al contrario de lo que parece natural en un mundo global y una Europa unida no tiene inversa. Los jóvenes alemanes, franceses, británicos o italianos no elegirán España para sus experiencias internacionales; nuestro mercado laboral no es atractivo para ellos, ni la situación española permite acogerles.

Los españoles vivimos la peor crisis económica de nuestra historia reciente, y puede que el gobierno más ineficaz desde las revoluciones liberales de principios del XIX: la 'moderna' España de ZP que obnubilaba a la izquierda europea con medidas tremendamente polémicas, pero muy poco provechosas, confundiendo lo importante, lo urgente y lo caprichoso (desde el tabaco, los chiringuitos y la Educación para la Ciudadanía hasta el orden de los apellidos, pasando por 'los 400 euros' primero y los 2500 euros después), se ha convertido en un lastre para la economía comunitaria.

España necesita un cambio de rumbo que la sitúe en el camino de la coherencia, y de las medidas eficientes. Cuando fallan las pensiones, el Estado del Bienestar, el empleo, el mercado financiero o la economía no se puede permitir un gobierno que hable de descargas digitales o ministerios de igualdad. Hemos de cambiar para que no sean los jóvenes españoles de hoy los que, como decia el pasodoble, España nunca más hayan de ver.