23 de octubre de 2020 23/10/20
Por Ramón Jesús Pérez
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El Sacrificio da Frutos

    Todas las personas tenemos sueños en la vida, nos marcamos metas y luchamos para conseguir ese   sueño que desde niño,  o a otras edades nos nacen; el esfuerzo es el mismo para profesiones muy dispares.

    Un ejemplo de constancia, es una persona que quieres estudiar para juez, las oposiciones son durísimas; hay personas dedicadas a conseguir sus objetivos, no les importa estudiar en un día festivo o en plenas vacaciones; algunos estudiantes emplean el verano para preparar los exámenes de septiembre, y la recompensa es muy  buena.

    Otros jóvenes trabajan de camareros, o de cualquier otra cosa para pagarse la matrícula; hazañas admirables de las que nadie habla; vende más lo malo: la droga, el alcoholismo y otras actividades negativas.

    En el campo del deporte tenemos buena muestra de jóvenes que solo viven para entrenar, sin importarles para nada las horas que emplean, dejan sus mejores años para conseguir una medalla, o un pódium;  hablemos de esas niñas que practican gimnasia rítmica, de 13 o 14 años, que solo se  alimentan de yogures y poco más; que se pierden las cosas típicas de la adolescencia y la juventud;  eso merece un reconocimiento que no lo tiene.

    Los voluntarios, que de noche recorren las ciudades para asistir a los indigentes;           

    Su fruto es sentirse solidarios; constituye un mérito: ayudando a los demás; pero muchas veces estos esfuerzos nadie le da la importancia que merece.

    Es injusto que, este fenómeno, no sea  valorado por la sociedad que sean casos aislados los homenajes  al sacrificio de las personas, que lo dan todo  por un objetivo, y  que haga más difusión a estos actos heroicos.

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