19 de octubre de 2019 19/10/19
Por Cristina Querol
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    … como si fuéramos naranjitas. Eso es lo que nos hacen los socialistas. Y es que hoy nos hemos despertado con uno más de sus despropósitos, cuando el gobierno ha brillado una vez más por su ausencia en la defensa de los intereses españoles y, para ser más precisos, castellonenses.

    Los ministros de agricultura europeos, con el beneplácito de la representante española Rosa Aguilar, han dado luz verde a la renovación de un acuerdo con Marruecos que permitirá la entrada de naranjas del país vecino un 30% más baratas y aumentando las cantidades permitidas de importación en un 35%.

    A pesar de la ofensiva en el Sáhara, de poner en jaque la soberanía española con las reclamaciones de Ceuta y Melilla y de burlarse continuamente de los españoles ante la complacencia zapateril, Marruecos se ve beneficiado por un acuerdo que perjudica gravemente a la agricultura castellonense, que perderá, con este nuevo acuerdo, decenas de miles de puestos de trabajo.

    A simple vista podríamos ver la medida como una decisión coherente dentro del marco de la liberalización de mercados que propugnamos los europeos. Pero si vamos un poco más allá, vemos cómo el principio de libre competencia se pone en jaque por una razón muy clara: las naranjas marroquíes no requieren ni la mitad de controles que requieren las castellonenses, permitiendo además el uso de fitosanitarios que Europa prohíbe en sus campos y que hacen aumentar la productividad. Estas razones, unidas a la fortaleza del euro frente al dírham (lo que fortalece la capacidad exportadora del país vecino) y a sus menores costes en mano de obra, sitúan en una clara desventaja a nuestros agricultores frente al resto.

    Analizando la cuestión desde una óptica más amplia, nos encontramos ante una UE que tiende hacia una economía basada en el conocimiento, donde los sectores productivos “tradicionales” deben readaptarse para dar respuesta a nuevas necesidades. Sin embargo, se incurre a menudo en un grave desconocimiento de nuestra realidad cuando, en pro de una economía más sostenible y más basada en el conocimiento, se pone en peligro el modo de vida de ciudadanos que, generación tras generación, han vivido del campo o de otros sectores que hoy la nueva política industrial europea está poniendo en peligro.

    Y es que el impacto de la transformación económica que promueve la UE debe ser gradual: no vamos a convertir a todos los agricultores europeos en informáticos, ingenieros o expertos en telecomunicaciones de la noche a la mañana. Y desde luego, el impacto de esta transformación no puede pasar por alto la calidad o los beneficios nutricionales que tienen nuestros productos, máxime hoy que se ven sujetos a exhaustivos controles antes de su salida al mercado.

    Pero desde luego, cuando Bruselas patina como lo ha hecho esta vez en forma de convenio con Marruecos, deberíamos tener a un gobierno que defendiera nuestros intereses y que pusiera sobre la mesa estos y otros argumentos para defender nuestra naranja y nuestros puestos de trabajo.

    Lamentablemente, una vez más, no ha sido así.
     5 comentarios
    yo mismo 2
    yo mismo 2
    17/12/2010 02:12
    Doble moral

    Para no tener doble moral hay que tener sensatez y honradez, y no venderse a ningun partido politico. Hay que tener dignidad. Y hay personas que al igual que otras nacen sin un brazo o una pierna, éstas nacen sin dignidad.

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