14 de diciembre de 2019 14/12/19
Por José Manuel Puchol Ten
Crónica de l´Alcalatén - RSS

Ya suman 52 las asesinadas hasta noviembre

    Cifras que dan pánico, horrorizan. Desde que se tienen registros como tal violencia de género, llevamos 1.027 muertes violentas. Solo en 2019, el goteo es imparable y ya son 52 las asesinadas, con 43 huérfanos, y más de 80.000 denuncias interpuestas.

    Es lamentable y roza el límite del sano juicio, del sentido común, que a estas alturas aún haya personas en este país, dudosas de lo que supone esta lacra. Menosprecian y critican a las mujeres que alzan su voz y se movilizan. Abuelas, madres, hijas, sobrinas, que  al unísono son portadoras del ya popular lazo violeta.

    ¿Pero… qué estoy diciendo? ostras, no había caído en la cuenta de que aquí se politiza todo, incluso algo tan serio y de la envergadura del presente tema. Que dependiendo de quién pone el dedo en la llaga, si es afín o no, pues se apoya dándole máxima resonancia, o bien, se intenta diluirlo, desnaturalizarlo, menospreciando a los movimientos que levantan su voz contra este cáncer asesino llamado Violencia de Género, que no para en su afán de enterrar mujeres.

    Pues bien, sepan ustedes, a los que se hacen el ciego, a los que se hacen el sordo, a los que no saben hacer otra política más real y constructiva;  que esa lacra asesina es el origen de las protestas y movimientos de la mujer a nivel nacional. Que en lo que llevamos de año ya son 52 las asesinadas. Sí, he dicho 52 mujeres, en femenino, no 26 mujeres y 26 hombres. ¿Ya lo entienden? Es que la evidencia es monumental.

    Tengo pareja, hija, nuera, hermanas, nietas y sobrinas. Las amo. Las quiero. Forman parte de esos movimientos que se hacen oír, que salen a la calle. Me duele en el corazón que les toque encender la vela del responso demasiadas veces. Movimientos cargados de razón, porque están pagando muy caro el hecho de ser mujer.

    Quede claro amigos, que no están en contra de los hombres, os lo aseguro. Nos necesitan, nos aman, nos quieren. Pero henchidas de razón, luchan contra la escoria asesina, contra la falta de leyes que deriven en duras y ejemplares sentencias judiciales; contra la discordancia salarial, contra los “violadores del ascensor” o “chicles” que salen -in corregidos- de las cárceles y regresan nuevamente por el mismo delito. En general, contra una injusta y pertinaz desigualdad, que incomprensiblemente aún se mantiene en pleno s. XXI.  

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