8 de diciembre de 2019 8/12/19
Por Carmen Vila Embid
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Confesiones de una testigo imparcial

    La historia viene del dolor y la vergüenza, y ahí debe quedar, sin contaminarse de ese circuito mezquino de la búsqueda de la recompensa y el miedo al castigo que mueve las acciones de todos los que nunca leyeron la Ética de Spinoza; aquel hebreo que dejó escrito que toda la recompensa del bien obrar es obrar bien, y el principal castigo del mal, haberlo hecho

    En definitiva, lo más parecido a un testigo imparcial -eso que ya sabemos que no existe- que al menos este cronista ha encontrado respecto de los incidentes del 22-M. También el testigo tiene, cómo no, su opinión, y lo que vio que creo que vale la pena transcribirlo.

    «Uno de la UCE -antidisturbios de la Policía Municipal- con caras ensangrentadas, alguno con disminución del nivel de consciencia y cascos abollados, Hubo que estabilizarlos, valorar sus heridas y calmar su ansiedad, porque venían asustados. Vi caras desencajadas de esos hombres de casi dos metros, llamadas a sus mujeres y situaciones tensas cuando coincidieron en el PSA policías y manifestantes».

    En el exterior, sin embargo, acompañantes de los manifestantes heridos nos gritaban a los trabajadores del Samur que éramos cómplices y «En el exterior del PSA, unos manifestantes identificaron a un grupo de policías infiltrados vestidos de paisano. Los acorralaron profiriendo insultos y retándoles a pelear>>

    Una estampa que se le quedó grabada al testigo fue la del único antidisturbios municipal, que estuvo 40 minutos solo, sin que ninguno de sus jefes acudiera a interesarse por él, mientras que los policías nacionales recibían incluso la visita de su director general.

    «Lo que más me duele», dijo el policía, «no es la rodilla, sino que nadie haya llamado siquiera”. La soledad vino a resultar simbólica del desamparo de unos servidores públicos expuestos a las iras de la ciudadanía. , la opinión de quien recaba y recoge el testimonio. Alguien debería empezar a pensar, en el Gobierno, en el mal resultado que da tapar los problemas amontonando contra ellos policías. Fuerzas de Seguridad, que cualquier día acaban viéndose en el brete de usar las armas y provocar una desgracia, y los problemas siguen ahí.

    La derecha…El Gobierno, busca el miedo de la gente. Uno de esos miedos es el falso temor ante la inexistente voluntad de la izquierda por destruir la sociedad.

    Para ello bien le viene que un grupo de descerebrados irrumpa la paz. Para amplificarlo y extender la culpa a la mayoría inocente. Incluso se piensa por parte de la Delegación de Gobierno Madrileña, un expediente sancionador a los convocantes de la manifestación del 11M… No siendo culpables de esa incursión brutal de gentuza que no pensó en sus semejantes (habían niños y ancianos en la manifestación).
    Hacer pensar al votante que tiene que tener miedo. Para justificar un endurecimiento de las leyes que aporte mayor control sobre la sociedad.

    Alguien debería empezar a pensar, en el Gobierno que no es el mejor gobierno el uso de la represión. Porque la diferencia entre la derecha y la izquierda no es la gestión, ni es la rectitud o el rigor. La diferencia es la libertad. Y la derecha solo busca la libertad de quienes protege, los que están arriba.

    La libertad no es hacer lo que a uno le dé la gana, es hacer que no oprima la libertad de los demás.

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