20 de agosto de 2019 20/8/19
Por Francisco Planelles
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El optimismo y sus consecuencias

Cuando me visite Átropos, le estaré esperando con una paella.

A los hombres no se les debe medir por lo que tienen, ni por lo que dicen. Sino, por lo que hacen con lo que tienen. Dicho esto, quisiera agradecer a la vida los muchos amigos con los me ha enriquecido, el afecto y consideración que me dispensan. Por ellos y para ellos después de cortarme la coleta, vuelvo al ruedo.

A “la Gramática” y a “la Ortografía” (Muy monas ellas) me las presentaron en la escuela, Pero, por no separarme de “la Ignorancia.” Sigo rebuznando.

Me costó mucho tiempo el descubrir que las flores que florecen en mi jardín, son ajenas. Cuando Gregorio Iturralde doctor en Filosofía y Letras, poeta y periodista. Me dijo que yo era un filósofo. Me causó gracia. Cuando me lo dijo Fernando Diaz-Plaja. Quedé, como pájaro sin cola. ¿Será por eso que voy a los saltitos?

Con el permiso de ustedes hoy vamos a reflexionar sobre el optimismo y sus consecuencias inmediatas. Hace algunos domingos, en esos paseos matinales sin rumbo prefijado tome un ómnibus. En determinado momento éste, se detuvo esperando el relevo del conductor. Una señora seguramente apurada por la demora protesto y el cobrador un caballero él, con la fuerza que da el poder de la corporación le soltó un rosario de groserías. Como curioso ¡que lo soy! Al descender me acerqué al mal aprendido y al oído lentamente le dije. –Discúlpeme señor usted no se imagina en determinados momentos el valor que tiene una sincera disculpa acompañada de una amable sonrisa. Bajé sin esperar respuesta y al volver la mirada en la que yo esperaba encontrar una encolerizada imagen, me sorprendió una sonrisa casi humana.

¡Vamos a ser optimistas! No cuesta tanto.

Y recuerde que son las piedras en el camino las que oxigenan el agua.

 11 comentarios
miguel bataller
miguel bataller
22/04/2013 10:04
A Paco Planelles

Por supuesto que iré a recogerte encantado y seguramente muy bien acompañado por nuestro común amigo como la última vez. Siempre será un placer disfrutar de tu compañía.

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