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Chuzos de Punta
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Por Vicente García Nebot

Nuestras plantas no corren

15/01/2018
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Solo tiene que darse una vuelta uno (o una) por la autovía A-7 y la Autopista AP-7 por la noche para darse cuenta del brutal impacto que tiene el ser humano en la zona de las poblaciones de la costa. Eso es parte de lo que se llama “Huella Carbono”, es decir, la cantidad de emisiones de Gases de Efecto Invernadero emitidas de forma directa, o indirecta que generamos nosotros.

Y me pongo a pensar en términos de solidaridad intergeneracional y pienso en mis hijos, nietos y demás descendientes. Y si podrán vivir en este espacio que es la provincia de Castellón o deberán emigrar a otras partes del planeta donde todavía no nos hayamos cargado el hábitat humano. Podría pensar que “ya se apañarán” o que “ojos que ya no ven, corazón que no siente”, pero eso no deja de ser tremendamente egoísta.

La huella del CO2 puede compensarse en términos provinciales. Ya tenemos unas dimensiones por las que podemos influir en el clima (en nuestro clima).

Evidentemente, nuestros mejores aliados son las plantas y tenemos varios parques naturales que pueden ejercer de nuestro motor para “comerse” el CO2 y devolvernos oxígeno y agua dulce.

Pero a las plantas hay que cuidarlas. No pueden moverse como lo hacemos los animales. Tenemos que colaborar con ellas para que nos defiendan de los desastres de la desertización. Tenemos que defenderlas de los incendios y del abandono. Y en muchos casos ir sustituyendo las especies peligrosas como el pino por otras más resistentes al fuego. El fuego que va a ser la lacra de los próximos años si no llueve y el escarabajo “Tomicus” nos mata los pinos débiles.

Pero también, hay que defenderlas de otros ataques. Nuestros antepasados, para poder cultivar nuestras montañas procedieron a hacer una importantísima obra de ingeniería mediante el abancalamiento y construcción de ribazos. Estos han estado evitando la erosión y permitiendo que las plantas crezcan en los sitios más recónditos. Pero ahora, entre los jabalís y muchos “bicicleteros” se los están cargando. Y las plantas no pueden huir, como le tocará hacer a tus hijos o a tus nietos.

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