17 de agosto de 2019 17/8/19
Por Vicente Piqueres Monzonis
El Caballero del Komián - RSS

Columna de presentación

Rafael Arribas me habló de un evento que se celebró el 25 de Abril de 2010 en la Casa de la Cultura, en la Merced, de aquí en Burriana, para que hablara sobre El Campanar, y le contesté, con reticencia, que ya me lo pensaría.

Pero él, muy amablemente, insistió una y otra vez sobre lo mismo hasta que le di una respuesta afirmativa.

Entonces me dijo que me presentaría como “el invitado de honor” y esto ya no encajaba en mis cálculos, pues yo pretendo ser una persona sencilla, no ávida de honores y agasajos, y más bien quiero vivir en paz y sin complicaciones. Pero se ve que mi destino es así y, por suerte o por desgracia, no me las quito de encima.

No obstante lo dicho hoy me presento nuevamente para “elperiodic.com”, como colaborador, y con mucho gusto procuraré desarrollar mi trabajo complaciendo a mis seguidores.

Hecha esta breve presentación, sigamos:

Ya que la temática de hoy es hablar del Campanar, “del nostre Campanar, El Templat por más señas”, tema muy interesante por cierto, llevado a cabo por especialistas en estos asuntos y materias, yo quiero aportar, modestamente, mi granito de arena con algún que otro comentario que considero será interesante que lo conozcáis.

El Viernes Santo de dicho año, recién llegados de Valencia, para pasar unos días en Burriana, y una vez aposentados en nuestro piso de la calle San Pascual, quise salir a ver el ambiente que había en la Ciudad (seria sobre las 11 de la mañana), y cuando llegué a la Plaza Mayor me paré donde está el estanco comprobando que tanto la plaza como el jardín estaban prácticamente desiertos.

Por ser festivo pensé que la gente habría optado por marchar fuera o que era muy temprano.

Pero me llamó la atención un hombre que rondaba por la Plaza, con una máquina fotográfica entre las manos y no paraba de hacer fotos ya fuera al Campanaret, a las puertas y fachada de la Iglesia, y, cómo no, al Campanar, el cual fotografió desde bastantes ángulos.

Más cuando llegó a enfocar la puerta de entrada y después el ángulo existente entre la Torre y el pequeño patio que existe entre aquella y la pared trasera de la Caja Rural San José, me presenté para charlar con él y le dije:

¿Cómo se está divirtiendo haciéndole fotos al Campanar, eh? Y tras preguntarme si yo era de aquí y mi respuesta ser afirmativa, me contestó: Este Campanario es una maravilla y de las buenas. ¿Saben Uds. lo que tienen?

Yo, como es natural, le dije que SÍ, que sabíamos lo que teníamos y que lo apreciábamos de tal forma que hasta lo teníamos puesto en el pin o escudo de “Burriana, Paris y Londres”.

Como el hombre estaba interesado en ello y vio que podría ilustrarle algo sobre lo que él no sabía o ignoraba, me preguntó más.

¿Ud. me podría decir en que época fue construido? Porque, oiga, esta obra es de las que se hacían antes, como las antiguas Catedrales que aún hoy existen, y que las vemos por ahí para orgullo de las Ciudades que las tienen...

Yo le contesté que esta obra era joven todavía, que fue inaugurada el día 10 de Noviembre del año 1945, y quedó sorprendido por mi respuesta al decirme: ¿Cómo es posible eso?.

Entonces ya metido en materia le expliqué a “grosso modo” la barbaridad de la destrucción de la anterior, lo de la explosión de las 32 cajas de dinamita que la volaron, y la epopeya de la Reconstrucción desde 1942 hasta 1945 y le dije que, bien en el propio Ayuntamiento o en la Librería MartÍ de la Ciudad, encontraría un libro que trataba con amplitud este tema.

Al preguntarle ¿Ud. de donde es?, me dijo que era de Barcelona y que estaba pasando unos días en Burriana y que le gustaba mucho lo que estaba viendo de nuestra Ciudad.

Pero no satisfecho con lo que habíamos comentado me preguntó: ¿Y Ud. cómo sabe todo esto que me está contando? ¡Porque es muy interesante!

Por mi parte no pude aguantar más y le respondí:

¡Mire!, No sé por qué razón el destino ha hecho que yo me cruzara en su camino. Todo lo que le he contado se lo he relatado por dos razones:

Primera. Porque soy el autor del libro a que antes me he referido.

Y segunda. Porque está Ud. hablando con el único hijo vivo del que fue en aquella época el Maestro de Obras y Director Técnico, encomendado por el Párroco D. Elías Milián Albalat, impulsor y colaborador conjunto en las obras, para la realización de esta ardua tarea de Reconstrucción, primero de la Iglesia, después la Capilla de la Comunión y por ultimo El Campanar.

Me preguntó si mi padre había sido arquitecto y mi respuesta fue:

¡No! Mi padre era un simple carpintero, que contó con un buen equipo de albañiles, canteros, y colaboradores que él mismo formó.

No pretendo hacer propaganda de lo que he escrito, pero lea el libro que titulo El Campanar de Burriana y se enterará de muchos pasajes que no se conocen históricamente, aparte de que verá una profusión de fotos de toda la odisea.

Su asombro fue mayúsculo por todo lo tratado. Y nos despedimos dándonos las gracias mutuamente y sin que antes, una vez más, me recomendara: CUIDEN ESTA TORRE QUE TIENE MUCHÍSIMO VALOR. MÁS DE LO QUE UDS. PIENSAN.

La conversación no fue muy larga. Me hubiera gustado indagar más haciéndola más extensa pero yo soy así aunque luego me arrepienta de no haberlo hecho.

La conclusión que yo saqué de esta casual entrevista fue de que los foráneos saben valorar y mucho, por cierto, todo aquello que tenemos en Burriana. Quizás nosotros de verlo cada día y continuamente no sepamos apreciarlo en su verdadera dimensión, pero los hechos ahí están, sobre todo nuestro emblemático Campanar.

Y son bastantes las personas que han enaltecido nuestra Burriana desinteresadamente.

Pero al igual que un padre aprecia, valora y quiere a sus hijos, también de vez en cuando les llama la atención y los reprime para que no pierdan el camino recto por donde van.

Digo esto porque con motivo de la presentación del libro escrito por mí y publicado por la deferencia de nuestro Ayuntamiento, cuatro días después, me puse a indagar e investigar en Internet y esta labor policial, llamémosla así, me produjo, a mí personalmente, algún que otro disgusto, aparte de una satisfacción por lo que encontré.

Me explicaré:

-. En primer lugar me complació ver que “alguien” se había acordado de nuestro padre y que tanto él, como mi hermano Juan y un servidor aparecíamos en las páginas de Internet que está al alcance de todo el mundo.

-. Lo que ya no me gustó ni un pelo fue que se citara aquella copla que dice El Campanar de Burriana, s´ha obert com una mangrana; la culpa la té l´obrer, que l´ha fet de mala gana”.

Lo siento pero desde aquí he de decir, al señor que tuvo tal ocurrencia, que lea las paginas de mi libro y verá, verdaderamente, si fue hecho de buena o de mala gana, a conciencia y a costa de no pocos sacrificios económicos y personales por parte de quienes pusieron todo su empeño en levantarlo. La tal copla en mi mente y conocimiento no se acopla.

-. Y siguiendo con mi investigación de ínter-nauta me llevé la gran sorpresa cuando vi la foto, que se publicó allá por las Fiestas de Navidad del año 2007, en la que aparece la fachada del Campanar, y encima de la puerta de entrada, una enorme grieta producida, según dice el articulo, por el peso que existe encima de la base vieja.

Mi cabreo, al ver aquello, fue de apoteosis, y comentándolo con mi mujer, nervioso como estaba, me calmó diciéndome: “Pero tonto ¿no ves que se trata de una inocentada? Y es que ella se fijó primero que yo en el monigote de papel que había en una esquina de la foto.

Pero yo, que soy muy recto en mis convicciones y filosofía, he de decir que no apruebo en absoluto que tal inocentada figurara en Internet, primero porque no tiene ni pizca de gracia y en segundo lugar porque quien tuvo la ocurrencia no calibró que la misma podría herir los más nobles y profundos sentimientos de personas que, como yo, no las aceptamos.

Podría haber puesto que el Ayuntamiento había suprimido lo de la ORA en el aparcamiento, o cualquier otra cosa, falsa por supuesto, pero una broma como la citada ¡NO!

-. Pero aún quiero añadir más.

La Iglesia y la Capilla se restauraron perfectamente y como se pudo en aquella época difícil, hasta que apareció D. Cornelio Monfort, cuando murió el muy querido D. Elías, trastocando, no sé si por su cuenta o por orden de “alguien”, todo el ábside, eliminando los altares que existían, púlpito, órgano y cuanto les vino en gana, por creer que lo que se hacía tendría mejor aspecto que lo que había. Estaba obsoleto, claro, y había que modernizarse.

Lo que se hizo en la post-guerra con mucho esfuerzo y sacrificio, todo se fue al traste, como suele decirse. ¡Lástima que en aquellos tiempos no estuviera D. Cornelio para hacer la restauración a gusto suyo y a su manera! Con dificultades de todo tipo.

Para justificarse ante mi padre por todo lo que se había hecho con la reforma de la Iglesia le mostró, como ejemplo, una especie de sagrario moderno que consistía en una especie de cajón con doce cuadrados de madera, pintados cada uno de un color distinto del otro, y pegados en ambas puertas, y al preguntarle mi padre sobre el significado de tanto cuadradito le contestó que representaban a los doce apóstoles de Jesucristo.

Nuestro padre, tal como era él, callado y muy prudente atendió la respuesta sin hacer ningún comentario al respecto.

Visto lo que antecede y lo que sucedió, por la tal reforma, con todo aquello que mi padre trabajó con tanto esmero y cariño, el taller de carpintería de los Piqueres dejó de ser lo que había sido y se le apartó de la Iglesia, prescindiendo del mismo sin mas explicaciones.

Desde entonces Vicente Piqueres, desilusionado, muy disgustado y deprimido, ya no puso jamás los pies en el templo El Salvador, hasta el día que le llevamos fallecido para celebrar su funeral y con destino al cementerio.

Y yo me pregunto: ¿qué se ha hecho y donde han ido a parar aquel púlpito soberbio cuyos cuatro evangelistas labró mi padre en madera de caoba y a gubia, el órgano que estaba situado encima de la puerta de la sacristía, el retablo que presidía el centro del altar mayor, etc. etc.?.

Mi forma de pensar me dice que más vale ignorarlo, por el momento, para no coger ningún cabreo. Un patrimonio parroquial como el anterior no puede ni debe eliminarse porque si.

 

En la Arciprestal de Morella aun se conservan obras hechas por mi padre y nadie se ha rasgado las vestiduras por ello, implantando el modernismo de hoy.

-. Otro tema que me gustaría comentar, y con ello finalizo, es el que yo llamo “Las gárgolas de la polémica”. Me refiero a las dos que cuidan la puerta de entrada del Campanario.

En el núm. 318 del Boletín Municipal, de Febrero del 2006, y en su pagina 24, el señor Arqueólogo Municipal, cita, entre otras cosas, que se refieren al origen de dichas gárgolas, Esto da cabida a que pueden haber estado en cualquier sitio, desde el relleno del propio campanario (recordemos que era prácticamente macizo en su parte inferior), el de la vecina muralla, dentro de alguna casa, etc. etc. Y haber sido mezcladas entre los escombros con la voladura”.

 

Quise contestar a estas conjeturas o comentarios pero finalmente no lo hice por considerar que este tipo de polémicas y más con “eruditos”, como el señor arqueólogo municipal, no son propias de mí. Yo más bien me atengo a realidades y en este caso son estas:

Como es sabido por todos, mi padre fue designado como Director Técnico y Maestro en toda la Reconstrucción de la Iglesia, de la Capilla y por ultimo del Campanario, y es por ello que voy a dar testimonio de lo que sigue a continuación, para que estos asuntos no confundan la opinión de mis paisanos:

La procedencia de las gárgolas que presiden la puerta de entrada de nuestro “Campanar”, no es otra más que el propio campanario, bajo la terraza del cual recogían las aguas pluviales de ésta, y son compañeras de otras seis que con la demolición quedaron destruidas totalmente.

Por esta razón soy testigo fehaciente de que mi padre, con el consentimiento unánime de la Comisión Pro-Campanario y del propio don Elías Milián, fue quien ordenó a los albañiles que trabajaban en la obra, que las sanearan en su estructura y que las situaran en el lugar donde actualmente están ubicadas.

Ésta es la procedencia de dichas gárgolas y no otra como parece ser que pretendió decir el señor arqueólogo.

Quiero aclarar también que las mismas, dado su “buen estado de conservación”, sirvieron de modelo para que mi padre pudiera construir ocho “tochos” de madera, a modo de maqueta, labrados a gubia, y distintos uno de otro, que posteriormente entregaba al cantero para la ejecución en piedra de las gárgolas que actualmente están instaladas en la torre.

Y, queridos paisanos no quiero cansaros más con mis historias.

Lo que digo es totalmente verdadero, tal como lo he vivido y lo siento.

Que seáis buenos, quered, valorad y cuidad mucho a Burriana, Hasta pronto.

 

 9 comentarios
MJPIQUERES
MJPIQUERES
21/10/2013 10:10
Agradecimientos Sr.Planelles

Sr, Planelles, en nombre de mi padre agradecerle tan bellas palabras. Èl debido a su edad, 86 años, se le escapan comentarios, y es mas, las ultimas tecnologías, como responder comentarios etc. para una persona de su edad es complicado.Así que en su nombre reciba un muy fuerte abrazo y de nuevo gracias.

ocultar
Columna de presentación
Subir