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Por Aarón Cano

Reciclar la Diputación

07/06/2014
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Esta puñetera crisis nos ha enseñado varias cosas y una de ellas resulta ser que hay que mejorar el gobierno de las instituciones, subir el tono y el nivel. Más de dos décadas de sucesivos gobiernos del PP las han puesto en una situación de urgente reciclaje, es el caso, por ejemplo de la Diputación de Valencia presidida por Alfonso Rus. El Alcalde de Xàtiva ha convertido la Diputación en el palacio del Faraón, un palacio donde nada se hace ni se dice sin que él lo sepa o lo autorice, una persona que parece entender la democracia como las reglas obligadas de un juego, donde no interioriza que la democracia solo tiene una dirección, te la tienes que creer.

La Diputación, que pasa por ser la entidad menos democrática de todo el entramado institucional del estado español, hace que Rus se sienta a gusto en su gobierno, porque le basta con ser la mosca cojonera de Fabra y tener acceso directo a los presupuestos generales del Estado para tener influencia sobre los Alcaldes del PP de la Provincia de Valencia y desarrollar así su cartera clientelar. Si a esto le unimos el Molt Honorable President que tenemos, que es un merengue, y no lo digo solo porque sea del Madrid sino también por sus solidez, pues fácil lo tiene.

La última de Alfonso Rus, roza el esperpento o el humor de mal gusto, les contaré que esta semana se ha pronunciado sobre dos casos judiciales, uno juzgado, el otro con la instrucción finalizada. Comenzando por el segundo, el caso EMARSA, se le ocurre una frase que la firmaría el mismísimo Fraga, “si alguien mangaba en EMARSA que vaya a la cárcel”, todo esto muy correcto, especialmente en los tiempos que corren, él lo sabe bien, lo que no ya no dice es que los que mangaban estaban sentados a su lado en la Diputación. El otro de los dos casos de corrupción es el referido al llamado caso Blasco, el de verdad el por fin definitivo caso Blasco, y aquí refiriéndose a la condena la califica de “muy dura” y dice sentirse “muy triste”. No creo que sea necesario recordar de qué trata la primera pieza del macroproceso Blasco (y otros), pero que a una persona la condenen por desviar, malversar y falsear documentación pública de fondos de Cooperación Internacional, es para sentirse triste, pero triste porque haya personas que sean capaces de tan solo pensar que eso se puede hacer. Pero no es el caso de Alfonso Rus, él se siente triste porque han condenado a su amigo, sin parecer importarle lo que ha hecho su “amigo”.

Estas son cuatro pinceladas de una persona que nunca debería haber llegado a ocupar cargo institucional alguno, algo que debe cargarse, como otras tantas cosas, al debe del Partido Popular.

La ciudadanía parece haber tomado nota de ello ya y en el PP lo saben, llegan tarde.

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