15 de octubre de 2019 15/10/19
Por Miguel Barrachina
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Deuda y Productividad

Entre los diversos problemas que tiene España, dos están en la base de nuestras dificultades presentes y futuras; el sobreendeudamiento y la baja productividad.

Respecto del primero, la deuda, que ha hecho que la nuestra sea una Nación intervenida y tutelada internacionalmente, hay motivos fundados para el optimismo, al menos dos recientes.

El jueves el gobierno de Rajoy logró vender el doble de la deuda prevista a un interés un 1.6% inferior, lo cual nos puede dejar indiferentes, pero si tenemos en cuenta que con ese ahorro se paga el AVE Valencia-Castellón completo, la cosa cambia.

Además el mismo ejecutivo nacional anunció que la creación de deuda neta en 2012 por parte del Estado se va a reducir en un 25%, si a ello añadimos las del resto de administraciones, que en el caso de la Diputación de Castellón va a suponer la disminución de deuda en más de 20 millones en 18 meses, la previsión es de solución en el medio plazo.

Más difícil arreglo tiene el segundo problema, el de la baja productividad, que nos hace escasamente competitivos, caros, y por tanto nos sitúa en la cola de Europa. Este no es un problema creado solo por las malas prácticas de administración socialista como sucede con la deuda, sino histórico.

Y dado que la productividad, tanto pública como privada, es la relación, el quebrado, entre lo que producimos y los recursos que utilizamos para ello, una de dos, o creamos más bienes y servicios con los mismos trabajadores, o si solo somos capaces de producir lo mismo hay que hacerlo con menos personal.

Esta explicación rudimentaria supone, por ejemplo para la administración que, o bien se utilizan los mismos empleados públicos para hacer más cosas, o bien se prescinde de funcionarios. Y lo óptimo es hacer como la Diputación que con 20 empleados menos presta este año más servicios, es decir se ha transformado, gracias a la dedicación y entrega de sus trabajadores, en una administración más productiva.

De la misma forma el sector privado está ajustado costes para ganar en productividad, para lo cual una nueva regulación laboral y financiera resulta indispensable y urgente.

Todo tiene arreglo, pero nada se hará sin el sacrificio, hoy bendición, que supone tener que trabajar más horas o hacerlo más eficazmente.

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