7 de julio de 2020 7/7/20

"Mi obra toca los pies que yo he elegido"

Fotografía de Demian Ortiz (Vociferio 2016)
Fotografía de Demian Ortiz (Vociferio 2016)
  • Entrevista al poeta Enrique Falcón, sobre la salida de "Sílithus" en La Oveja Roja

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Enrique, en marzo de 2019 te entrevisté para otro medio. Me dijiste que llevabas cinco años enfrascado en la escritura de "un Apocalipsis". Me sobrecogió un escalofrío. ¿Estamos con Sílithus ante dicho Apocalipsis poético que me anunciaste?

Sí, es el libro-poema que te anuncié y, en efecto, no solamente por ser un apocalipsis fue escrito desde tradiciones que están alejadísimas de las corrientes de nuestra poesía reciente. Fruto de una respuesta social “de encargo”, tardé siete años en escribirlo y cerré todo su proceso de escritura el pasado otoño. En invierno pasó a revisión y a maquetación editorial (es un libro de compleja composición) con la intención de que saliera de imprenta el primer día de la primavera. Sin embargo, al coincidir con los decretos de estado de alarma, el libro se quedó ahí parado y, previa consulta con mi editor, decidí regalarlo a la gente en formato digital, gratuito y libre. Dos mil personas accedieron a él. Por fin ahora, a principios de mayo, y gracias a impresores y a conductores de camión, ya ha podido empezar a distribuirse como tal.

Quienes hemos podido leer tu Marcha de 150.000.000 sabemos de tu maestría poética, tu capacidad de visión no sólo humana, sino además sorprendentemente profética. Aquellos millones de despojados de todo en los países más devastados, que pronosticabas vendrían en flujos migratorios hacia los países ricos a reclamar el pan robado ya han venido por distintos medios, sobre todo por mar, ahogándose en él, a millares. Y ahora el Sílithus... se parece tanto a lo de este confinamiento del covid19, no sólo a esto sino a lo que parece iniciar en el mundo...

Aunque el libro es un poema único de casi 4.000 versos, está provisionalmente publicado en tres secciones. Y las primeras palabras del 'Libro de los Vigilantes' (que no son mías, sino de Campbell) confirman los fenómenos hacia los que apunta tu pregunta: que cualquier vida o civilización que se identifique con sus mitos presentará necesariamente las características de una pesadilla. Sílithus propone que es posible despertarse de ese sueño palindrómico, de ese fracaso de civilización que cada día constatamos en la migración de nuestros hermanos más pobres, en la desigualdad social también en nuestros propios países, en la suicida destrucción de nuestros entornos y nichos naturales, en lo que ahora nos muestra esta pandemia y (siento decir que en breve) en el mayor colapso energético y ecológico de nuestra reciente historia como especie.

¿Cómo explicarías a un niño de qué trata el Sílithus, y para qué le sirve?

Es una señal más de que ese niño tendrá que ponerse un brazalete de luto en algún momento de los próximos quince años. Y que en ese momento decisivo, ojalá que cargados con toda esperanza, él y su generación deberán decidir qué tipo de mundo traer. Por cierto, es curioso que me preguntes por los niños, porque precisamente a ellos (junto a las plantas, los insectos y los pájaros) les está dedicado Sílithus. De hecho, en la historia que el poema narra, son ellos, los niños, quienes hacen detonar el comienzo de la revolución.

Sé que no te gusta que te alaben, es muy sabida tu humildad. Pero me ha llenado de ternura que tu inmensidad poética se haya asomado a las redes para pedir que compren el libro, y cito textual tu post en facebook: "Amigos/as: sabéis que nunca he pedido un favor para mi poesía (... y así me va, jajaja). Ahora sí voy a hacerlo. Solicita ejemplares del libro (para ti o como regalo para tu gente) directamente a la editorial. Te lo harán llegar a tu domicilio en tres días, solicitándolo desde aquí. Por favor, que no se nos mueran nuestras editoriales aliadas. Como esta Ovejita Roja. [Si no tienes los 15 euros que vale cada ejemplar, al menos rebota ("compartir") este mensaje en tu muro; te lo agradeceré]. Va este abrazo enorme. Q." Por supuesto, por mi parte pediré el libro y lo voy a difundir por todos lados.

Te lo agradezco porque (seguramente más que antes) ahora toca que entre todos cuidemos y apoyemos a esa red aliada de editoriales mestizas, librerías, centros culturales y talleres colectivos de creación y reflexión, para que tengan una oportunidad de supervivencia en mitad de esta enésima crisis económica y en pleno desembarco de las grandes factorías culturales.

Efectivamente, el mercado editorial ha recibido un duro golpe, con la llegada del covid19 y el parón de todo, pero las que más padecen y padecerán son las editoriales que, para mí, son reales, las que de verdad editan a autores y autoras que escriben, y escriben libros relevantes, hablo de las editoriales independientes, sin tantas grandes posibilidades de recuperación que las editoriales grandes. Es tiempo de apoyar a dichas editoriales. ¿Podríamos saber de qué editoriales se trata, que sepas, las que más apoyan al autor de verdad, como ocurría antaño, y al libro como herramienta de cambio y nutrición, más que como objeto de entretenimiento?

Como suelen contarnos los compañeros que llevan esa editorial, la Oveja Roja es un proyecto insurgente nacido de azares, encuentros y desencuentros. Querían resistir y se pusieron a crear: su catálogo es hoy muy amplio y no solo se dedica a la poesía, ni mucho menos. Es preciso apoyarlo. Pero, por aquello de fijarnos en otros catálogos más centrados en poesía, este sería un eventual listado de lo que me pides (y seguro que ahora me dejo alguna editorial por los tinteros): Crecida, Liliputienses, Marisma, La Vorágine, Petit Editor, Delirio, Calambur, 4 de Agosto, Huerga, Casimiro Parker, Lupercalia, La Baragaña, L.U.P.I., Babilonia, las diversas Cartoneras... Y por el camino se nos fueron Eclipsados, Baile del Sol, Atlántica...

¿Cómo estás pasando el confinamiento? ¿Reflexionas? ¿Te llegan más ideas? ¿O sólo asistes a la consolidación de todas tus visiones?

No creo que este sea un tiempo especialmente adecuado para consolidar, sino una oportunidad para ver tambalear los orgullosos principios de nuestra civilización y de nuestros modos de vida aquí en Europa. El acoso de ideas y, sobre todo, una serena meditación contemplativa de lo que nos pueda estar ocurriendo, hace que al menos para mí estas sean horas de mucha reflexión. De hecho, y en la medida en que el acto creador solamente es fructífero tras un intenso ejercicio de escucha, creo que es un tiempo excelente para no escribir ni un solo verso.

¿Qué más le espera al mundo? Me refiero a cosas que con toda probabilidad ocurrirán...

Lo que precipita un cambio cultural sin precedentes (lo intuía Spengler y lo reafirma ahora Sílithus) es un nuevo temor a la muerte, un nuevo temor al mundo. Esta es la tercera infección humana por “coronavirus de aparición reciente”. No llevamos ni veinte años desde la primera. Habrá más. La Nueva Normalidad será la vieja con mascarillas. La Nueva Normalidad será la vieja normalidad, pero con nuevos dispositivos móviles de vigilancia. Creeremos que algo habrá cambiado pero el vertedero de Mbeubeuss, en Dakar, seguirá siendo la verdadera capital del mundo. El capitalismo mostrará de nuevo su brutal fortaleza adaptándose a unas nuevas circunstancias (las clases pobres ya saben lo que es una grave crisis económica), y las víctimas seguirán siendo las mismas. Pero esa fortaleza suya, la del sistema que hemos permitido erigir, todavía seguirá estando condenada a provocar el colapso energético y ecocida que algunos prevemos para dentro de quince o de treinta años. Ojalá que la población más joven (la que precisamente ahorita mismo está experimentando los mayores aprendizajes de su vida como generación) consiga, no tanto evitarlo, porque es imparable, como redirigirlo colectivamente hacia otros escenarios de vida más plena y más justa.

Háblanos del covid19, de la cuarentena, de la gente aplaudiendo. Seguro que tu visión, como siempre, nos arroja datos y reflexiones que se nos escapan.

No, no creo que haya nada original en lo que pienso sobre esto. Cada cual sabe lo que de verdad aplaude. Sí que me estoy mostrando cada vez más disconforme con el tópico (lo escucho mucho en estos días) de que esto se trata de un mensaje, de una especie de advertencia, que nos está haciendo la naturaleza. Deberíamos leer mejor a Whitman o la última estrofa de la “Plegaria universal” de Pope. Porque creo que esta pandemia revela, entre otras muchas cosas, por lo menos estas dos: que la naturaleza no está apartada de nosotros como para querer ir lanzándonos ahora supuestos mensajes “desde fuera” (como si de verdad hubiera un afuera, se quejaría Jorge Riechmann y con toda la razón); y que quizá la más brutal de las advertencias que pueda estar conllevando todo esto no es sino la de nuestro propio fracaso como civilización y la de nuestra propia vulnerabilidad como individuos y como especie.

Los niños, nos cuentas, detonarán la revolución. Entonces ¿Sílithus es la profecía de una caída imparable pero además contiene la fórmula de revertir dicha caída?

La caída no se puede evitar, porque la fortaleza del Poder es enorme, aunque lo hayamos erigido nosotros mismos. Eso mismo es lo que, en su primera mitad, afirmaron siempre los Apocalipsis. Por desgracia, esta primera mitad es la única que ha quedado apresada en la memoria colectiva de la gente. De hecho, muchas personas creen que los apocalipsis son relatos tremendistas sobre la Caída del Mundo, y no es cierto. En su segunda parte, los apocalipsis relatan algo mucho más importante (pienso en Enoc, pienso en Juan de Patmos, pienso en Gudea de Lagash, y Sílithus también lo hace): que lo que cae no es El mundo, sino el poder de Un mundo, el que rige este mundo. Y que lo que surgirá de ahí es, sin ese poder ya de por medio, una vida más plena y más digna para una tierra hermosa decididamente más justa. Creo firmemente (esperanzadamente, sobre-esperanzadamente) en la inevitabilidad de esas dos mitades. De las dos.

¿Estamos, ya, en los tiempos del Apocalipsis anunciados en los libros religiosos -en las constataciones científicas-, y somos tan torpes de no darnos cuenta?

Cada generación tiende a creer que eso es así. Nosotros no podemos ser la excepción. Tendemos a creer en los Últimos Hechos (postponiéndolos, postponemos también nuestras propias responsabilidades), cuando son en realidad Hechos Continuos, sucesos constantes y presentes. En los actuales campos de refugiados la gente (no nosotros: la gente) ya sabe que el Infierno es real. En medio del oleaje del Mediterráneo, quienes emigran en barcas saben bien lo que es un Éxodo. En esa guerra por hambre que llamamos Yemen los niños conocen, desde hace muy pocos años, los tres rostros de los Jinetes del Apocalipsis. Y, para muchas personas de nuestro planeta, el Diluvio nunca se calmó. Ojalá, como tú bien dices, podamos darnos cuenta de que lo anunciado es lo que en realidad se enuncia. En esto la práctica apocalíptica es sabia y es maestra, tal vez porque también nos ayuda a querer denunciarlo.

De Orihuela es la frase constante de "lo mejor humano" o "lo mejor de lo humano". Poeta grandemente humanista, focaliza aún la parte venerable en nosotros. ¿Esa parte no reacciona ya ante tanto crimen, dolor y asedio hasta en nuestros propios dormitorios, donde duerme escuchándonos respirar, el "Presidente"? ¿Podemos caer aún más bajo?

Creo que no, que siempre fue capaz de reaccionar y que aún puede hacerlo. El mismo Orihuela (¿sabías que nacimos en la misma fecha?) reconoce en uno de sus poemas que no deberíamos medir solamente nuestra impotencia, sino también nuestro valor y nuestra entereza. En el mundo que presenta Sílithus es lo que precisamente hacen las Hermanas Mayores (los lectores ya descubrirán quiénes son, cuando se asomen al libro).

¿Y es esta tierra el único lugar donde vivir, o hay otros "mundos"?

La pirotecnia de la publicidad dice que sí existen (y en ellos viven, evadidas, centenares de miles de personas, quizá millones). Afortunadamente, yo no creo que existan esos mundos. Y digo afortunadamente porque eso nos animará a hacernos cargo, por fin, de este.

Reitero tu petición de que se compre tu último libro publicado, Sílithus. Doy fe -y lo da buena parte de la crítica, de la buena, de la no vendida- de que tus obras son de las que quedarán y no sólo eso, de las que con el tiempo ganan. Ahora hago de manager ocasional tuyo: lector, compra el Sílithus; este ejemplar que tengas en casa, légalo a tus hijos. Con el tiempo se podrá "vender" como unas Hojas de hierba en su primera edición o unas Flores del mal en su primera edición. Me comprometo a pasarle esta entrevista a todos mis amigos y amigas y pedirles que compren el libro, por las editoriales heroicas que siguen apostando por la poesía de verdad, la poesía que nos nutre desde pequeños, que está en las canciones que cantamos, en los dichos, en los libros con que se nos educa. Poemas de La Marcha de 150.000.000 han sido interpretados musicalmente por Exquirla. Y más que serán cantados tuyos. ¿Hay novedades de músicos que deseen musicarte algo?

No, no hay novedades de eso: el poema acaba de salir a la calle. De todas formas, muy loco debería estar un músico para atreverse a musicalizarlo. Fuera de precisamente Exquirla o de la gente de Toundra, no me imagino ahora a ese loco imposible.

Eso sí, muchos autores no entran todavía, y aún quedará tiempo para que así sea, entre los estudiados en literatura contemporánea. En tu opinión ¿qué autores merecen ya espacio en los libros escolares y no son introducidos por ser autores de compromiso, por tanto "incómodos" para el Sistema y la cultura "normalizada", amansada...?

A todo eso le añado la calidad de sus propuestas y, si quieres, me centro en la actual poesía textual en castellano y, además, sin salirme de muchas fronteras ya que me figuro que la mayoría de quienes leen esta entrevista son de Valencia. Eso sí: fuera de aquí está la imprescindible poesía de Riechmann, Orihuela, Cañamares, Reyes, Maeso, Eloy-García, Orta y Mestre. Y ya en Valencia, tres proyectos enormes: los de Ángela Martínez, Anne Campaña y Pilar Montaner. Pero por aquí también pasaron y escribieron gran parte de su obra el senegalés Modou Kara Faye y el chileno Pedro Montealegre, aunque ya estén muertos. También es fundamental la poesía de Vítola, Pozo, Trashumante y Martín Vargas (aunque aún sigan vivos y en la ciudad de Valencia, cosa que ya tiene mérito). Y aquí también se van escribiendo los poemas de Martín Corrales, Javier Vayá, Benegas, Mª José Pastor, Collado, Olascoaga, Méndez Rubio, Javier Gm, Giordani o Luci Romero, entre otra mucha gente. Pero para acabar, si quieres, me salgo ya de todo tipo de fronteras locales y te doy un nombre tal vez absoluto (una vez muerto Cardenal): Raúl Zurita.

¿Cuánto tiempo le piensas "en la periferia" a tu Sílithus, por ser incómodo, como La Marcha...? ¿Cómo se puede vivir sabiendo que todo el esfuerzo visionario poético y real tuyo, que sirve para todos nosotros, es repudiado y catapultado de vuelta por las maquinarias del Poder, cuando debería llegar a todas las manos, como un trigo nuevo, aristado de luz filosa e hiriente (hacia los enemigos)?

Lo que tiene que ver con las lógicas de poder es algo que ni importa ni hiere, amigo. En cultura, en arte y en literatura las periferias en realidad no existen. Si alguien las aprecia es porque también le revelan el lugar (real, perdido o deseable) que ocupa en relación con el poder. Y mi obra toca los pies que yo he elegido.

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