21 de enero de 2021 21/1/21
REPORTAJE

Guillermo Piquer, relator de la historia de Burriana a través de una cámara

Guillermo Piquer, relator de la historia de Burriana a través de una cámara - (foto 1)
  • Él es un contador de historias sin necesidad de utilizar una sola palabra: las imágenes hablan por sí mismas

  • Guillermo Piquer, vecino de Burriana y apasionado de la fotografía desde hace más de 50 años, nos cuenta cómo ha recogido toda su vida a través de una cámara

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Hay muchas formas de contar un relato: con palabras, con textos o con poemas, con sonidos, música o canciones, también se cuentan buenas leyendas en papel y otras tantas se transmiten con la voz. Pero hay quien prefiere contar la historia con imágenes, detalles captados a través de una fotografía y expresiones que esconden una aventura personal detrás.

Hoy vamos a contar la historia de un contador de historias. Él es Guillermo Piquer, un vecino de Burriana que, maestro de profesión, ha pasado gran parte de su vida cámara en mano contando todo lo que veía, sentía y oía a través de imágenes. Los cinco sentidos recogidos en uno solo, el de la vista, pero suficiente para revivir toda una historia en imágenes.

Medio siglo dedicado a la fotografía se dice pronto. Ahora, con años de jubilado a sus espaldas, echa la vista atrás y recuerda cómo nació su gran pasión: "Mi padre tenía y me enseñaba una cámara de baquelita suya, de lo primero que se empezaba a hacer en este país en aquellos tiempos descuartizados, y que años después me regaló como recuerdo suyo y que conservo, naturalmente. Contando yo quizá con 14 o 15 años me encontré atrapado por ese mundo de magia en el que la luz y una emulsión química son capaces de reproducir la imagen de aquello que acabas de ver, dándome pie a interesarme por cómo actúan las leyes físicas y químicas que gobiernan desde la óptica hasta la transformación química".

Un mundo separa a la fotografía de ayer con la de hoy: "Aquello era otra cosa diferente a lo que hoy conoce el gran público como fotografía. La imagen positiva, la foto, se podía hacer por contacto porque los negativos tomados por las cámaras eran muy grandes, normalmente de 6x9 cm y, por supuesto, en blanco y negro solamente. A partir de ahí empecé a iniciarme, a utilizar un flexo de luz para impresionar el papel, platos como cubetas para los líquidos y poco a poco, y con ya un laboratorio auténtico y con la afición que empujaba con fuerza, empezaron a estar mis reportajes en la calle. Contaba en aquel entonces con 19 años".

También el trabajo antes, durante y después, era bien diferente. Hoy disparas la cámara y acto seguido miras en la pantalla cómo ha quedado, pero con la fotografía analógica uno podía pasarse toda la noche trabajando para ver los resultados y sacar un buen reportaje, nos cuenta: "Revelabas, lavabas, secabas... si por ejemplo fotografiaba un acto a las siete de la tarde, podía terminar el trabajo a las cinco de la mañana perfectamente. ¡Ah y por supuesto efectos de postproducción ni uno, no eran posibles!".

Tampoco la forma de fotografiar era igual hace cincuenta años. Por poner un ejemplo, con los actos falleros: "Nos dedicábamos a "ametrallar" fotográficamente a las falleras con mil planos con aquellas cámaras sin automatismo ninguno. Mi mujer se acercaba a las madres de las falleritas y les pedía la dirección de casa. A la mañana siguiente, ya con las fotos reveladas y puestas las de cada una en un sobre, iba ella, mi mujer, casa por casa a ofrecerles el reportaje", relata Guillermo.

Un trabajo paciente y del que tiene mucho que agradecer a su mujer, Mercedes, pues ella era quien se quedaba con los nombres y caras de todos: "Yo tengo muy mala memoria para las personas, a veces me da hasta apuro. Sin embargo, me quedo con las caras de todas las personas que he fotografiado y dónde lo hice", relata Guillermo.

Pero todo cambió cuando salió la fotografía en color: "Decidí dejarlo profesionalmente entonces porque el proceso a seguir, tanto de revelado como de dedicación, me complicaba de manera excesiva en mis dedicaciones diarias. Teníamos que llevar los rollos de películas a alguno de los laboratorios de color que en Valencia ya se habían instalado, y al final me resultaba inviable".

Pero como buen contador de historias en imágenes, para Guillermo la fotografía no ha sido la única forma de expresarse. Parte de su vida está vinculada al cine de aficionado, en aquel entonces el Super 8 mm, y muchos años después, con el nacimiento de la imagen digital, a la cámara de video. De hecho, uno de sus reportajes en cine, 'Foc de poble', fue presentado al IV Certamen Nacional de Cine y I Iberoamericano en 1983 quedando como primer premio en la categoría Fallas y segunda en la categoría general, y que las técnicas actuales le han permitido copiar en formato digital.

'Foc de poble' relata una de las marcas esenciales de Burriana, sus fallas: "Es uno de los dos trabajos en cine que más huella me han dejado, junto a una primera comunión que grabé para una familia de Vila-real". Pero Guillermo no estaba solo en esta empresa. Le acompañaban Pepe Esteve -quien fue alcalde de Burriana y maestro de la poesía- y Vicente Cardet –privilegiada voz, codiciado orador y voz en off de los reportajes-. "Formábamos realmente un equipo y trabajábamos con pasión, criticando imagen y texto, escena por escena, para mejorar y cuidando por aprender de cada trabajo".

Elogio a la mujer de Burriana y amor por su pueblo

Medio siglo contando la historia de Burriana, la de la provincia de Castellón y de cuantos lugares ha visitado, a través de imágenes. Pero si hay algo que caracteriza el trabajo de Guillermo es el elogio a la mujer de Burriana: "Pienso que la mujer valenciana, y la de Burriana en particular, es el resultado de la mezcla de tantas razas y culturas de los pueblos que nos visitaron y que nos colonizaron -púnicos, romanos, visigodos, bizantinos, árabes- que dieron origen a una mujer sin par en el mundo, a una mujer con unas características que la hacen bella como ninguna. Es una mediterránea única, con una mirada y una sonrisa especiales, que la distinguen de cualquier otra mujer mediterránea o de más allá. Y eso, eso es lo que, además de admirar, quisiera ser capaz de inmortalizar".

Por otro lado, Guillermo Piquer ha recorrido gran parte de España en su vida motera y todo ello ha quedado recogido en sus cámaras. Una visión panorámica de la historia pero con una conclusión que recoge al terminar esta entrevista: "Me encanta mi pueblo. Trato de ser crítico para ayudar a mejorarlo pero lo cierto es que estoy enamorado de Burriana y cada vez que paseo por sus sitios emblemáticos me enamoro más de ella".

Puedes seguirle en Facebook y en Youtube y revivir la historia que nos cuenta a través de sus imágenes y videos. Enamorado de Burriana y así lo podemos ver en sus imágenes: las de ayer y las de hoy. Porque Guillermo sigue saliendo a la calle para inmortalizar lo que ve y a contárnoslo a través de bellas fotografías.

Una vida dedicada a la fotografía o, mejor dicho, a inmortalizar escenas, transmitir sentimientos, enseñar culturas y, sobre todo, contar historias. Todo ello a través de imágenes que valen mucho, por lo que transmiten, y -servidora añade- se aprecian más, por el valor personal de quien las inmortaliza. Todas ellas hablan por si mismas.

 2 comentarios
Laura Herreras
Laura Herreras
18/02/2019 05:02
Guillermo Piquer

Laura, además de todas las virtudes que has exaltado de mi primo Guillermo, hay una que no nombras, que le define como un gran burrianero; qué es el cocinar la paella valenciana haciendo una obra de arte de cada una de sus actuaciones. Un abrazo, Pedro.

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