7 de abril de 2020 7/4/20

Benetússer estrena “Delirium” la última creación de Teatro del Contrahecho

  • El montaje reflexiona sobre el alcoholismo y otro tipo de adicciones, como el consumo compulsivo, los videojuegos, consumo de porno online y el uso del móvil

El Centre Cultural El Molí de Benetússer estrena mañana viernes 25 de octubre a las 20.30h “Delirium” el último trabajo de la compañía valenciana Teatro del Contrahecho. La obra reflexiona sobre el alcoholismo y otro tipo de adicciones, como el consumo compulsivo, los videojuegos, consumo de porno online y el uso del móvil.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de tres millones de personas mueren anualmente a causa del alcoholismo. El inicio del consumo cada vez tiene lugar más pronto: un 81,2 por ciento de los jóvenes menores de edad declara haber ingerido bebidas altamente graduadas alguna vez en la vida. Esa realidad incómoda, que la sociedad prefiere ignorar, es la materia prima de la nueva obra de Teatro del Contrahecho, Delirium. La tragicomedia, escrita por Marcos Luis Hernando, y dirigida por Isabel Martí, se estrena mañana 25 de octubre en el Centre Cultural El Molí de Benetússer, el 26 se ha previsto una función de calle en Riola, del 31 de octubre al 10 de noviembre, estará programada en la Sala Ultramar, de València, y el 17 de noviembre hay una función en el Teatro-Cinema Ricardo Cebolla de Corbera.

Los responsables de la propuesta han realizado un gran trabajo de documentación. El punto de partida fue la literatura, con la lectura de obras de Lucia Berlin, Charles Bukowski, Baudelaire y Boris Vian, sin olvidar un libro biográfico sobre la droga más legal del mundo, Vino torcido, de Joaquín Santaella. Marcos Luis Hernando también recopiló datos que le hicieron llegar desde asociaciones de afectados y el Ministerio de Sanidad. Y a la escritura y la estadística, le sumó entrevistas personales a antiguos adictos, a una psicóloga especializada en adicciones y a una trabajadora social.

Los protagonistas de Delirium son tres mujeres (Rosanna Espinós, Pilu Fontán i María Poquet) y dos hombres (Alberto Baño y Ernesto Pastor), apostados en un bar como “pajaritos ensartados en un cable de alta tensión”, compara el autor del texto, que se ha inspirado en “esos habitantes de barras que ves sentados en su taburete con la mirada perdida y la copa enfrente”.

Hernando ha recurrido al lirismo para retratar una realidad sórdida en la que han vivido poetas como com Jack Kerouac, Dylan Thomas, Elizabeth Bishop y Marguerite Duras. En su conjunto, el montaje es “una canción de amor desolado, que busca la empatía con la decadencia que muchos reconocerán como propia, porque está en la idiosincrasia de nuestra sociedad”.

Peroratas de bar

Delirium reproduce fielmente las conversaciones de bar, con debates candentes como la pena de muerte, la legalización de las armas, la aporofobia, la corrupción, la eclosión de los runners y la masificación turística, pero en realidad, no se profundiza en ninguno. “La forma actual de consumir alcohol, como todas las adicciones, perturba nuestra capacidad de analizar la realidad que nos rodea, algo que por otro lado les interesa mucho a los poderes fácticos: nos quieren aturdidos e ignorantes, que seamos presa fácil de las opiniones de impacto, esas ideas que si se analizaran en profundidad caerían por su propio peso”, considera Isabel Martí.

Delirium presta atención, así mismo, a otras adicciones contemporáneas, como las compras, los videojuegos, el consumo de porno online y el uso compulsivo del móvil, “una cortina de humo en su conjunto que espesan día a día para que no veamos la soledad, la pobreza y la alienación social”.

Martí revela que el objetivo que se persigue con esa mirada transversal que acostumbra a arrojar la compañía es concernir al espectador: “No queremos su compasión, queremos su reacción. Si las personas que vienen a ver la obra empatizan con los personajes pero desde arriba, desde la postura de “pobres borrachos, menos mal que yo no soy así”, el efecto transformador del teatro no tiene lugar. Y no podemos permitirnos desperdiciar oportunidades de transformar al ser humano”.

Componente de género

Como en la anterior propuesta de la compañía, Segarem ortigues amb els tacons, el texto tiene un fuerte componente de género, con hincapié en los estándares de belleza, en los prejuicios hacia las mujeres que beben y en la ingesta de alcohol como atenuante en casos de violación. “El arte en general y el teatro en particular no pueden ser ajenos a lo que nos rodea. Y es evidente que hay un cambio de paradigma, aunque en ocasiones se enarbola la bandera de la libertad de la mujer para fines perversos. Particularmente, pienso que el feminismo no debería detenerse en dinamitar los roles de género, sino en luchar por destruir definitivamente el binarismo hombre/mujer”, expone la directora de ambas obras.

Para su puesta en escena, Isabel Martí se planteó no caer en el estereotipo del borracho en la dirección de actores. Para conseguir que el elenco no sobreactúe y resulte histriónico, se cambió la perspectiva, de modo que no trabajaran desde la mirada externa sino sobre la percepción interna, “porque la percepción que tienen las personas ebrias de sus propios movimientos no es la misma que la que se ve desde fuera”.

El espacio sonoro es el sexto intérprete de Delirium. En el teatro de texto es un aspecto que está poco explotado, más allá de alguna música que acompaña, pero Isabel Martí es una firme creyente en sus posibilidades: “El sonido completa la información que nos da la imagen y como nuestro público es principalmente visual, la información sonora se la colamos por la puerta de detrás, es decir, directa a lo emocional”.

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