3 de junio de 2020 3/6/20

La ciudad se reencuentra con la huerta en Alboraia en un debate sobre consumo y agricultura sostenibles

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    El alcalde de Alboraia, Miguel Chavarría, acompañado de las concejalas de Agricultura, Raquel Casares y de Urbanismo, Ana Bru, asistió el sábado a las jornadas organizadas en la Alquería de Vicent Martí sobre consumo consciente, responsable y local, en las que se puso de manifiesto que la transición hacia la agroecología y los nuevos canales cortos de comercialización, es imprescindible si queremos salvar la huerta y comer sano, al tiempo que colaboramos en evitar el agotamiento de recursos, el calentamiento global del planeta y otras consecuencias en forma de crisis y desastres de todo tipo.

    Alrededor de 150 personas, asistieron al encuentro organizado por la CERAI, (Centro de estudios rurales) y Vicent Martí principalmente, en una jornada que intercaló charlas y debates con actuaciones musicales de Lucho, Armando y Pep Gimeno "el botifarra".

    La agricultura ecológica y los canales cortos de distribución se están mostrando como alternativas sostenibles a la agricultura industrial, que no es en realidad más productiva, frente a lo que se quiere hacer creer, ya que es excesivamente dependiente de las reservas de minerales, de fósforo por ejemplo y del petróleo, además de estar sometida a la especulación y las grandes empresas alimentarias.

    Como ejemplifica la crisis de "Pescanova", hoy en día estas grandes empresas se encuentran en general demasiado endeudadas por la fuerte apuesta que hicieron en su día por una engañosa globalización. Una globalización que en lo que concierne a los productos alimentarios, no es sostenible ni tampoco eficaz para alimentar a todos los habitantes de la tierra, como se ha demostrado ya.

    De estos temas, entre otros, hablaron los ponentes Gustavo Duch, Lola Raigón o Ruth González, en debate abierto con los numerosos asistentes.

    Durante la jornada se manejaron datos tan relevantes como que el 60 por ciento de los alimentos que ponemos en nuestra mesa son transportados desde muy lejos, cuando podríamos adquirirlos justo "al lado de casa" con el consiguiente ahorro en emisiones de co2, por ejemplo.

    Destacar también que por cada grado que aumenta la temperatura de la tierra, se calcula que desaparece un 20 por ciento del agua potable disponible para consumo humano, riego, etc.

    Estas razones, entre otras muchas, nos obligan a los consumidores a pensar en las implicaciones de nuestras decisiones diarias de consumo.

    Debemos repensar la huerta a partir de los nuevos canales cortos de comercialización de sus productos y dar una oportunidad a nuestros pueblos y ciudades para que la autosuficiencia alimentaria se convierta en un hecho sostenible y deje de especularse con nuestro sustento. Eso salvaría además nuestra agricultura y ganadería, evitaría un urbanismo depredador de las tierras productivas y favorecería la repoblación de los pueblos evitando las excesivas concentraciones de habitantes en las ciudades.

    En definitiva, los jóvenes agrónomos y pequeños productores, así como los estudiosos de los cambios necesarios para la sostenibilidad basados en la agroecología, nos inducen a la vuelta a un sistema más "celular" pero ahora perfectamente interconectado, más eficiente y más humano, que convertiría nuestra forma de alimentarnos y por tanto nuestra forma de vida, en una organización de características biológicas, en la que la salud y el bienestar de cada una de sus células revierte en beneficio de todo el ser, de todo el sistema.

    Por el contrario, el sistema actual que acumula tierra y recursos para ser explotados rápidamente y la especulación que conlleva, nos aboca al círculo vicioso del agotamiento de los recursos, al calentamiento global, al fracaso en la lucha contra el hambre...

    Y a nivel local, el sistema actual está provocando a la dependencia excesiva de las grandes empresas distribuidoras y la ruina de los pequeños productores cercanos, fomentando el abandono de los pueblos del interior y la concentración en las ciudades, además del abandono de las tierras de huerta periurbana por falta de relevo generacional, cosa que aprovecha el urbanismo depredador. Un círculo vicioso que tiene como consecuencia la desaparición irreversible de nuestra huerta.

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